A firmar contra Obama

FIRMAS. Son las que el presidente Nicolás Maduro prometió que los venezolanos harían contra el decreto de su homólogo norteamericano, Barack Obama. La polarización en el país determina que un importante número de venezolanos, no firmas obamafirme, porque considera que no hay una amenaza contra Venezuela y asumen que “esas son firmas de los chavistas”. Por eso contra Henry Falcón se desató, desde filas opositoras, una campaña feroz tildándolo de traidor, de salta talanquera, de vendido al gobierno, porque el gobernador de Lara entregó, como protesta acertada, una carta negándose a aceptar que nuestro país sea el blanco de los norteamericanos. Pero si algo terminó de convencer a muchos indecisos que esas firmas “son chavistas” es la orden, desde diversas instancias del Gobierno, de obligar a los empleados públicos a firmar. La coacción es evidente. A los ancianos los amenazaron con dejarlos sin pensión, a los que hacen cola en Mercal y Pdval les advirtieron que quien no firme no compra. El diputado Darío Vivas, por ejemplo, se presentó al Tribunal Supremo de Justicia para que firmaran; ni un solo juez de la República se atrevió a decir que eso va contra el libre derecho a elegir. La situación de escasez y la voraz inflación, aunada a la inseguridad, hacen mella en el ánimo del venezolano; una corrupción generalizada va carcomiendo hasta el tejido más profundo de la sociedad. En los supermercados o entre los buhoneros, en las clínicas o en los hospitales, el temor no es la amenaza norteamericana, es la sobrevivencia del día a día. Esas firmas podrán servir para que lleguen a la reunión de presidentes, pero no para convencer a los Estados Unidos que la mayoría del pueblo venezolano repudia su decreto. Quizás hubiese resultado más honesto que el presidente Maduro llevara sólo un millón de firmas o incluso 100 mil firmas, de gente que con el corazón está dispuesta a defender al país y al gobierno. La verdadera tarea hubiese sido que los funcionarios convencieran a sus subordinados, con argumentos y elementos, de la necesidad de firmar, no obligarlos como borregos y bajo amenaza de que perderán el empleo o el acceso a los servicios o a los bienes. En el documento anexo, el director de Transporte de Mérida, ingeniero Jesús Angarita dice que siguiendo instrucciones del ministro de Transporte Haiman El Troudi, el personal debe dirigirse a Recursos Humanos a firmar contra Obama. El procurador general de Mérida, Juan Luis Suárez, le envía comunicación “urgente” a la presidenta del Circuito Laboral, a nombre del gobernador Alexis Ramírez, mencionando la amenaza militar sobre Venezuela y de que, sin excepción, todo el personal firme el cuadernillo contra Obama.

MAESTROS. Es Gilberto Ramón Morles. Desde octubre 2002 no recibe el bono de estudios de posgrado. Desde octubre 2009 le disminuyeron el tiempo de servicio. Desde junio 2004 le suspendieron el bono nocturno. Dice Morles que en Venezuela hay 70 mil docentes nacionales jubilados y pensionados recibiendo un sueldo menor al salario mínimo, como sucede con las categorías I, II y III. Hay 270 mil docentes nacionales contratados. “El Min-Educación cancela prestaciones sociales incompletas. Y hay 500 mil docentes amparados sin HCM por morosidad del ministerio”. Morles ha acudido a varias instancias competentes, pero ni respuesta le han dado. El 5 de marzo 2014 le hizo llegar oficio al presidente Nicolás Maduro, de quien espera atención al problema planteado. El teléfono de Morles es 0414-6884769. Su email: gilbertomorles@gmail.com

DESAPARECIDO. Es el dirigente popular del PRV-Ruptura y Tercer Camino Alcedo Mora. Desapareció el 27 de febrero. Él era el secretario de la Secretaría General de Gobierno del estado Mérida. El hombre habría sustanciado unas denuncias sobre Pdvsa. Se las habría notificado a su jefe inmediato, el secretario de Gobierno Luis Martínez Rico; habrían discutido porque Martínez le pidió quedarse callado y le habría advertido que estaba bajo la mira del Sebin. Lo extraño no es sólo que Mora haya desaparecido sino que la secretaría de gobierno no se haya abocado de inmediato a dar con su paradero y a activar una investigación. Hay mucho ruido entre las organizaciones de la vieja izquierda en el país ante lo que podría ser la primera desaparición de un dirigente político, al estilo de la época Leoni.

HOSPITAL. Es el general de Táriba, Táchira. La Directora desde el 2006 es Amelia Becerra, lo dirige desde el año 2006 y con tinte político partidista. Hace dos años la entonces Ministra Isabel Iturria prometió cambiar el viejo sistema de aire acondicionado de pabellón. Tiempo después una comisión de la Lotería del Táchira lo reparó, se dañó, lo volvió a reparar hasta que dejó de funcionar. Hace unas semanas los médicos hicieron un cierre técnico por la proliferación de bacterias. El sistema de motobomba no funciona, lo cual impide que el agua de los tanques subterráneos suministre agua a todo el hospital. Se ha convertido en un hospital netamente administrativo, ya que no hay insumos ni hay pabellón. Y allí están ocupados en la fiesta aniversario que será a mediados de junio.

BLANCO. Es Andrés Eloy, el gran poeta venezolano, el que un día escribió: “Gracias, mujer; tú me quisiste un poco. / Siguiendo otra visión, estaba loco; / nunca soñé tener cuanto me diste; / buscado otro placer, estaba triste…/ En mi espejismo nunca llegué a verte, / ni te sentí, ni te soñé siquiera;/ pero así es el amor, como la muerte / que cuando va a llegar nadie la espera”.

Última hora:

  • Hace años se prometió arreglar lo del puente Yama, Falcón. En el 2013 la viceministra de infraestructura dijo que el dinero estaba aprobado.
  • Son días santos, no abuse del alcohol, de la velocidad en carretera ni de las promesas que no va a cumplir.
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ALÍ. Es Primera, el mejor de los cantores populares de la América Latina y más allá. Alí le cantó al pueblo honesto e ingenuo, al dolor del campesino por su tierra, a la parturienta que siembra vida, al poeta que enriquece el alma, pero también fue crítico acérrimo de la hipocresía, del patrón explotador, del corrupto que se disfraza de oveja, del manipulador que usa al pueblo, del general que usa al soldado como jardinero, en fin, cantó con el alma llena de poesía y amor. Alí mantuvo estrecha relación con mis hermanos Justo y Víctor, quienes una vez fueron a buscarlo al aeropuerto de San Antonio, con dos dirigentes juveniles del MEP. Iba a constatar la organización del Encuentro Nacional de la Canción Bolivariana en San Cristóbal. Se percató que los organizadores del evento no lo estaban promocionando, ni se molestaron en recibirlo. Al pasar por la alcabala de Peracal un guardia le revisa minuciosamente el cuatro, como si en las cuerdas ocultara algo. La maleta tenía calcomanías pegadas entre esas la de un gallo rojo alusivo al Partido Comunista, por lo que el militar se afanó a revisarla sacudiéndola. “¿Me vas a dañar la maletica?”, le dice Alí. Y el guardia con altanería: “ni que estuviera nueva. Siga”. Siguen el viaje y Alí murmura molesto en alusión al guardia: “si estos carajos tomaran en poder, ya sabemos qué harían con el país”. Cerca del mediodía llegan al Salón de Lectura de San Cristóbal y nada que aparecen los organizadores. Alí propone que almuercen por allí cerca. Le pide Alí a un señor que tenía muchos años allí como vigilante que si puede dejar la maleta mientras tanto. “No, aquí no, porque cualquier malandro quiere dejar sus cosas aquí”. Alí furioso recoge su maleta y se marcha con los jóvenes dirigentes mepistas. Llegan a un restaurante chino y Alí va a lavarse las manos; de regreso se asoma curioso por una rejilla y regresa a la mesa diciendo: “vámonos de aquí, vi a un hombrecito pisar el arroz con los pies”. Cuando por fin se reúnen con los organizadores se da cuenta que la boletería no está vendida, ni siquiera distribuida. Era demasiado para Alí en un solo día. Se levantó de la mesa y decidió: “Me llevo la canción bolivariana para Mérida”. Y así fue. Ahora Alí es usado como bandera de muchos, algunos corruptos y tipo de gente a la que siempre adversó.