¡Qué cinismo en la frontera!

FRONTERA. Luego de 15 años, el Gobierno ha descubierto que la frontera existe. Y para quienes aman la frontera y han padecido su dolor, resulta irritante que el alcalde del municipio Libertador, Jorge Rodríguez esté anunciando una marcha “en rechazo al paramilitarismo”, como si lo estuvieran descubriendo. Cuando Rodríguez fue Vicepresidente ordenó un diagnóstico del paramilitarismo en el Táchira. Jairo Roa, un joven rubiense, logró infiltrarse en un grupo de paracos para levantar ese informe; Jairo muere a causa de un explosivo el 5 de septiembre 2007. Ese informe señaló a numerosos efectivos de PoliTáchira relacionados con los paramilitares. Nada pasó. Hoy uno de los implicados es general y con alto cargo en Caracas. El llamado al Gobierno Nacional y a la Fuerza Armada no encontró respuesta por más de una década: Cedularon irregularmente miles de colombianos con antecedentes y miles que viven al otro lado del río cobran pensión por el IVSS y las misiones del gobierno venezolano. No sé si la respuesta ahora es por razones electoreras, pero ojalá ya no sea tarde. Nunca hubo tantos medios de comunicación internacionales en la frontera, ni cuando han habido asesinatos, sicariatos, explosivos. Están descubriendo que la frontera existe.

OPINIONES. Para la canciller colombiana, María Ángela Holguín los expulsados de Venezuela son “gente humilde que vive en la frontera”. El ex presidente César Gaviria dijo que “El cuento del paramilitarismo lo pongo en duda, lo que debe haber es mafias de contrabando”; es decir, ni sabe. El ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, dijo que los están deportando “ilegalmente, porque cuentan con sus papeles en regla”. Para el ex presidente de Fedecámaras Táchira, José Rozo, las pérdidas económicas del cierre de frontera y la paralización de las actividades productivas, en San Antonio y Ureña son 2 millones de dólares diarios. “Las medidas adoptadas encarecerán aún más los bienes y servicios que usan y consumen los venezolanos”. Rozo pretende desconocer el precio de los alimentos, materiales de construcción, medicamentos, etc. en territorio tachirense. No menos caradura resultó el diputado Ricardo Sanguino, pretendiendo responsabilizar a César Pérez Vivas de que en su gobierno se le dio mayor penetración a los paramilitares. Olvidó que el paramilitarismo nació y creció en Venezuela durante el gobierno de Ronald Blanco La Cruz, quien está lejos de tener simpatía por los paramilitares. El chavismo controlaba la gobernación y todo el poder central, pero no hizo nada. Con la llegada de Vielma Mora no solo se profundizó el paramilitarismo sino que se organizó para controlar el negocio del contrabando. La autoridad única de los seis municipios bajo el decreto de excepción, General Carlos Alberto Martínez Stapulionis, dijo que “Lo que venía al Táchira para proveer de comida al pueblo, terminaba en gran proporción en las calles de Cúcuta vendiéndose”; el oficial descubrió lo denunciado por años. Ya no sólo era el paso de la caravana de camiones con productos hacia Colombia con la excusa que “pertenece a tal o cual general”. Lo peor es que los contrabandistas iban escoltados por militares o por los policías del estado. En Caracas se sabía que a la frontera llegaba más medicina que habitantes, más combustibles que vehículos, más materiales que viviendas.

¿MALTRATOS? Desde Colombia y sectores de oposición en Venezuela se ha desatado una feroz campaña contra la intervención militar en la frontera venezolana. “Son amas de casa y niños”, es el argumento. “Fueron sacados violando sus derechos humanos”, se agrega. Pero esas voces jamás se pronunciaron cuando por más de diez años la frontera se sembró de terror y muerte con los colombianos, provenientes de organizaciones paramilitares como las Águilas Negras de ayer y Los Urabeños y Los Rastrojos de hoy. He visto, en mi patria chica, a niños venezolanos aterrados ante el asesinato de sus padres, a familias huyendo y dejándolo todo atrás, al miedo en el rostro de los amenazados, chantajeados y extorsionados por esos grupos paramilitares. “Es inaceptable allanar, marcar y demoler casas, sacar a la fuerza a familias y separarlas”, dice el presidente Juan Manuel Santos. Lo que no dice el cínico mandatario es que las primeras víctimas inocentes han sido los andinos, porque ante el avance de los grupos irregulares de la guerrilla y los paracos, Colombia se ha hecho la sorda, la muda y la loca. Santos recordó índices económicos de la prosperidad de Colombia ante la feroz inflación, desempleo, inseguridad de Venezuela. No se entiende entonces que “esa gente humilde” quiera vivir en Venezuela.

HISTORIA. Entre junio del 2007 y junio del 2009 hice referencia a los grupos irregulares en 40 columnas Sebastiana sin Secretos. Quizás uno de los escritos más determinantes fue el que titulé “Poder Paramilitar” (edición 561 de agosto 2007) en el cual hablé de la aterradora historia de una familia atacada por los paramilitares en Táchira y el juego macabro que hay de taxistas, cicps y policías alrededor de esos grupos. En septiembre 2007, edición 563 le pedí a Chávez “Señor Presidente, por favor voltee los ojos hacia la frontera”. En septiembre 2008 expliqué la llegada del Frente Urbano 40 de las Águilas Negras a nuestro país. En abril 2009 advertí de cómo cedulan a paramilitares, guerrilleros y narcotraficantes. Y el 19 de junio 2009 el título de mi columna fue “Sí Presidente, hay paramilitares”. Y desde el 2009 hasta ahora perdí la cuenta de cuántas veces insistí en el tema.

LA INVASIÓN. Así se le conoce al sector que abarca Mi Pequeña Barinas, La Guadalupe, El Che Guevara y Ezequiel Zamora, nació al amparo de la demagogia del entonces alcalde (Psuv) Vicente Cañas. Había allí unos mil 200 viviendas, entre ranchos y casas, a las cuales Corpoelec le estaba colocando el servicio eléctrico. En la frontera se sabía que La Invasión era uno de los centros de refugio de paracos, trata de blancas, secuestros, sicariatos, prostitución, venta de droga. Mucha gente buena y humilde se convirtió en el escudo de los paracos en ese lugar. Desde hace años quienes cobraban la vacuna en casas de la frontera eran niños. Los sicarios son adolescentes y jóvenes. Y muchísimas mujeres paramilitares son las que llegan a los negocios a presionar porque las líneas de taxis, colegios, empresas, perros calienteros, etc. paguen las tarifas de la extorsión. Es un gran acto de hipocresía y cinismo pretender que los gobiernos de Bogotá y Caracas desconocían lo que sucede en la frontera. Y le queda muy mal al gobierno venezolano centrar el discurso en el paramilitarismo olvidando que la guerrilla también hace de las suyas en la frontera nuestra.

BUESA. Es José Ángel, el poeta que nació en Cienfuegos en 1910. Quizás el más romántico de su país, el que un día escribió: “Queriendo amar a tantas, quizás no amé a ninguna,/ o amaba solamente mi propia juventud;/ pues eran, al reclamo de una buena fortuna,/ propicio todo instante; toda cita, oportuna;/ toda puerta, accesible; frágil toda virtud…/…/ Ellas, las que me amaron, supieron de mi olvido;/ y ellas, las olvidadas, me olvidaron también./ Y hoy, a veces, me miran como a un desconocido,/ como si me miraran buscando un parecido/ que les recuerda a alguien, sin recordar a quién”.

ÚLTIMA HORA

  • A los integrantes de la reserva activa, a quienes les pagan por el Banco de Venezuela, lo hacen hasta con una semana de retardo.
  • CNE como instrumento del Psuv le quita la posibilidad de participar no sólo a Marea Socialista sino al VBR de Yoel Acosta Chirinos.
  • LA PATILLA. …Tal Cual y El Nacional. Enfrentan el poder de Diosdado Cabello, ningún hijo de vecino. El segundo hombre más poderoso del país. ¿Será que supone que en este país hay confianza en la administración de justicia? Nadie duda que ganará la demanda que interpuso contra los tres medios, más allá de que tenga o no la razón. Un deseo suyo es una orden para los tribunales. Esos tres medios son, sin duda alguna, uno de los frentes más críticos del Gobierno, del chavismo y de la revolución. Quizás el presidente de la Asamblea debería apelar a Voltaire, el filósofo francés: “Yo no estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero me pelearía para que usted pudiera decirlo”. Todos en algún momento nos hemos podido quejar por algún exceso de Alberto Federico Ravell, Teodoro Petkoff o Miguel Henrique Otero, pero a ningún periodista en este país le cabe duda que en sus medios siempre hay una historia más cercana a la verdad que la de los medios del Estado o debería decir del Gobierno