Maduro trata de imponer cambios radicales en el Gobierno

01/01/2017
ElEstimulo.com

Vendrán cambios radicales en el Gobierno, si Nicolás Maduro logra vencer la resistencia interna de algunos sectores de poder en el oficialismo, o si se atreve a jugársela para enfrentar a quienes tienen no sólo poder político, sino económico en la revolución bolivariana.

No basta ser Presidente, ni cuando se trata del de la República, para hacer maniobras que le permitan gobernar a su antojo. Cuando Hugo Chávez, en su última aparición física, que muchos catalogan como la víspera de su muerte, designa a Nicolás Maduro como el heredero del poder, desató los demonios al interior del chavismo, mientras la oposición festejaba, anticipadamente, el derrumbe de la revolución.

Nadie, ni siquiera el más osado del oficialismo, se atrevió a oponerse entonces al último designio de Chávez Frías, quien se aseguró de dejar una sombra en la decisión. A su izquierda Nicolás Maduro, quien por gozar de la simpatía de Fidel Castro, era sin duda el heredero del poder. A su derecha Diosdado Cabello, el que esperaba el turno de alguna vez tener acceso al poder, por lo que estaba trabajando como la hormiguita en primavera.

Mucho antes de que supiera de la enfermedad de Chávez, que ni él mismo sospechaba, Lina Ron, quizás la luchadora popular más importante que ha tenido el chavismo, me dijo, sin el menor atisbo de duda: “Mira Sebastiana estoy clara en que ya está bueno, mi comandante Chávez tiene que abrir paso a otros liderazgos, el más preparado es Diosdado (Cabello) y mi comandante debe impulsarlo para la continuidad de mi revolución”. Ante mi rostro de asombro, enfatizó: “Y no soy la única que lo piensa así. Tú sabes que amo a mi comandante y daría la vida por él, pero la sobrevivencia de la revolución depende de que se le abra paso a otros compas”.

Ha sido duro para Maduro lidiar con los diversos grupos al interior del chavismo. Ahí el que “respira, aspira”. Tareck El Aissami que ha conquistado su propio espacio de poder, aunque limitado. Diosdado se ha erigido como el más influyente y se rebeló a quedarse como solo un diputado más de la fracción minoritaria del chavismo en la Asamblea Nacional; ejerce como segundo vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) y ha recorrido el país con esa figura y con el programa Con el Mazo Dando, que le permite dos maniobras, una en el ámbito político y otra en el militar. Elías Jaua, que no se ha limitado a ser el “defensor de Miranda”, extiende su influencia hasta sectores de la frontera, grupos relacionados a las comunas y productores de Guárico, Apure, Barinas, etc. Hay otros con menos poder.

Una de las primeras decisiones claves que tomó Maduro cuando llegó a la presidencia fue destituir a Barroso, el presidente de Cadivi, luego de meses de escándalo por la cantidad de empresas fantasmas y funcionarios involucrados en corrupción, a través de los dólares que le robaron por esa vía a los venezolanos. Sólo pudo sacar a Barroso, pero lo debió enviar a una embajada y a los meses ascenderlo a general.
En esa época intentó sacar del Seniat a José David Cabello, pero la presión de su hermano pudo más y el Presidente desistió de aquel intento. El Seniat es un eslabón muy importante de poder.

Los golpistas
Maduro ha tenido que recurrir a denunciar intentos de golpe de Estado, en los que ya ni siquiera sus seguidores creen, para justificar algunas acciones de su gobierno que han llevado a una crisis atroz. La gente buscando comida en los basureros, pasando hambre en lo que llaman jocosamente “la dieta de Maduro”, ha tenido como justificación del gobierno, un “ataque del imperialismo norteamericano”, una “guerra económica” desde sectores de la oposición o la derecha, y otras excusas, que ya suenan tan gastadas que muchos de los dirigentes del chavismo no quieren repetir.

Si las acciones de la oposición han sido tan exitosas contra el gobierno, la conclusión sería que entonces deje gobernar a la oposición. Hasta el discurso resulta contradictorio. Diosdado Cabello señala todas las semanas que la oposición está dividida, lo cual es cierto. Ha dicho que la guerra entre los diversos dirigentes de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) los ha llevado a no tener coherencia en las decisiones que adoptan; y también es cierto. Demuestra, con sonidos y videos, cómo se acusan de deslealtades, traiciones y negocios con el gobierno. En eso también tiene razón.

El más ingenuo podría preguntarse cómo es que esa oposición ambiciosa, fragmentada y desideologizada, es capaz de destrozar a un gobierno tan poderoso como el que el chavismo pregona, dejó el comandante supremo Hugo Chávez.

Baila el Presidente
Maduro Moros se resiste a pasar a la historia como el hombre que acabó con la revolución. Su nivel de rechazo en la opinión pública es quizás la más alta que ha tenido presidente alguno en el país, incluyendo al peor momento que tuvo Carlos Andrés Pérez en su segundo gobierno.

Mientras el país se cala enormes horas de cola por el desabastecimiento y la escasez, el Presidente sale en cadena nacional bailando salsa con su mujer. Cuando las fiestas decembrinas se acercan y los venezolanos se preparan para sobrellevar con cierta alegría la Navidad, al Presidente se le ocurre sacar de circulación los billetes de 100 y someter al país a horas y días de cola para depositar el dinero que habían logrado ahorrar en efectivo para pasar fin de año.

Hubo saqueos en varias partes del país, muerte de venezolanos en ese escenario y cantidad de heridos y negocios destrozados; pero el chavismo tenía que celebrar el 17 de diciembre y aún, a horas de violentos saqueos, que ningún medio televisivo ni radial informó, fueron trasladados cientos de autobuses hacia la capital del país. No lograron llenar ni la mitad de la avenida Bolívar de Caracas. Maduro dio un discurso irrelevante, sin ningún anuncio y dejó en el país la impresión del sin sentido que tuvo aquel evento.

Por si eso no fuera suficiente, un par de horas después, el país recibe asombrado a través de una transmisión desde el Palacio de Miraflores, que el Presidente de la República anuncia que se extiende el plazo de vigencia del billete marrón, hasta el 2 de enero. Esa decisión levantó murmullos de asombro en la opinión pública, quien se pregunta si realmente el presidente tiene conciencia de lo que hace. Algunas voces débiles de la oposición gritaron, palabras más, palabras menos: está demente, perdió la razón, no sabe lo que dice, se debate en un mar de contradicción.

Un par de días después el Presidente anunció la llegada de los billetes de 500, por vía marítima y la televisión estatal mostró las naves en los que habían llegado. El gobernador del Táchira, el militar retirado José Gregorio Vielma Mora, hizo gran algarabía para anunciar que ya un lote de esos billetes llegó al Táchira por vía aérea. Nadie ha visto uno de esos billetes. Ninguna entidad bancaria ha recibido el primero. La ola que corre por el país es que una vez más el gobierno mintió.

Los cambios
Maduro planea hacer cambios urgentes en enero, en un intento desesperado por mantenerse en el poder. Esta vez intentará con mayor ahínco la salida del hermano de Diosdado del Seniat, quizás lo envíe a un ministerio para que el ruido no sea tan fuerte.

También planifica imponer, por fin, el ministerio de Inteligencia o algo así, donde piensa concentrar todo lo relacionado a la parte policial, por lo que quizás el Sebin, las policías y todo lo relacionado, esté al mando de un general de su confianza.

Otra de las maniobras audaces es sacar al GF Padrino López del Ministerio de la Defensa e ingresarlo al Gobierno en un cargo de poder. Esa decisión depende de si logra designar al general Carlos Osorio, actual Inspector General de la Fuerza Armada, como titular castrense contra la resistencia de los diosdadistas e incluso de los otros sectores del chavismo militares y civiles.

Rostros como los de Marco Torres, cambiarán de puesto. Los otros cambios en el Gobierno tienen que ver con figuras que refresquen el gabinete.