Guardia Nacional Bolivariana reprime y se niega a reprimir

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25/04/2017

ElEstimulo.com

Ha sido una prueba de fuego para la Guardia Nacional Bolivariana enfrentar las manifestaciones que, desde hace semanas, ocurren simultáneamente en varias ciudades de Venezuela.

Han sido horas de agotadora faena, ante la tensión de las multitudinarias manifestaciones o ante los violentos focos en un escenario que a veces ha llegado al saqueo, muerte y destrucción. Los efectos se sienten en el componente. Hay quienes se niegan a salir a reprimir y eso ha causado que varios efectivios sargentos con antigüedad entre ellos, hayan sido sacados de las calles para ocupar cargos administrativos.

En una gráfica que circuló hace días, se ve a un militar en un gesto amable con una anciana, lo que trajo miles de comentarios. Afectos al gobierno la exhibieron como una demostración noble de ese componente. Pero desde sectores opositores se interpretó como un gesto hipócrita y se le comparó a otra vieja gráfica donde se ve a Hitler en un gesto de cariño con una niña. Así de polarizada está la opinión del país en relación con la Guardia Nacional.

Quienes habitan a todo lo largo de la frontera han tenido antecedentes en esa convivencia con estos militares. Es ahí donde se percibe claramente la progresiva corrupción del componente. Todo delincuente que pasa la frontera hacia Colombia, lo hace a sabiendas de que pagando un monto fijo y determinado al llamado “mosco” de la alcabala, ya está blindado para trasladar cualquier producto de contrabando, incluyendo alimentos, medicinas y combustible.

En los pasos ilegales la situación es distinta. Grupos paramilitares que controlan determinadas trochas, que se multiplicaron después de que Venezuela cerrara la frontera, no comparten las ganancias con los uniformados, pero sí controlan sus propias trochas y se turnan para su cobro y vigilancia.

El Comandante

 

Es el mayor general Antonio José Benavides Torres, el Comandante General de la Guardia Nacional Bolivariana. A él lo llaman El Potro. Pertenece a la promoción de Oficiales (Efofac) 1985 “Batalla de San Félix II”. Este oficial de 56 años es graduado como abogado en la Universidad “Santa María” de Caracas y licenciado en Artes Militares, mención Administración Pública especialidad Resguardo Nacional, oficial de comando y plana mayor. Tiene especialización en aduana y comercio exterior. Es reconocido por ser especialista en operaciones especiales y de comando del grupo de acciones de comando de la GNB.

Se le conoce en la Fuerza Armada como un hombre de fuerzas especiales, con récord sudamericano en pruebas de esfuerzo físico, por lo que no es casual que desde cadete haya obtenido récords militares en atletismo.

Algunos compañeros lo describen como temperamental, osado y con gran capacidad de adaptación. Destacan en él su atracción por los Estados Unidos, desde que estudió en la Escuela de Las Américas en Georgia. Participó en el Curso de Comando y Estado Mayor para Oficiales, que cursó desde el 24 de enero al 14 diciembre del año 2000. Anheló ser instructor en la Escuela de Las Américas, pero a pesar de los intentos, no lo logró.

Se visibilizó ante la opinión pública cuando en agosto 2009, siendo segundo comandante del Regional Nro. 5 y con el rango de coronel, comandó a los grupos de militares que lanzaron las bombas lacrimógenas para dispersar una marcha de sectores opositores; allí hubo varios heridos. A raíz de esa actuación el entonces presidente Hugo Chávez consideró impecable su actuación y le otorgó la Orden del Libertador en segunda clase. Es así como logra llegar a ser jefe del Comando Regional Nro 5 el 16 de agosto 2010.

El presidente Nicolás Maduro lo ascendió, el 5 de julio 2013, a general de División, a un año de la muerte de Chávez. Ocho meses después, los abogados Thelma Fernández y José Amalio Graterol denuncian ante el Tribunal Supremo de Justicia a Benavides Torres, al MG Justo Noguera Pietri y al general Manuel Quevedo, por violación de Derechos Humanos en contra de manifestantes.

Su carrera avanza meteóricamente. Es nombrado Jefe de la Región Estratégica para la Defensa Integral Central (Distrito Capital y los estados Aragua, Carabobo, Miranda y Vargas), el 7 de julio 2014. Tres meses después es ascendido a Mayor General.

En marzo 2015 y extendiéndola hasta el 2019, Estados Unidos lo sanciona por violación de derechos humanos, congelándole los bienes y prohibiéndole entrar a ese país. En el 2016, el presidente Nicolás Maduro lo nombra Comandante de la Región Estratégica de Desarrollo Integral hasta que en julio de ese mismo año lo nombra en el más alto cargo del componente, Comandante de la Guardia Nacional Bolivariana.

Noche de terror

 

La otra cara de la GNB, la de la represión, pudiésemos decir que es de más reciente data y ha mostrado su rostro más feroz, en los últimos días. El nivel de violencia de las protestas ha subido y la Guardia Nacional de los estados del interior del país, que han sido trasladados hasta Caracas, en varias oportunidades, para mantener a raya las manifestaciones de la oposición, como las del 19 de abril, los ha llevado a tomar medidas de contingencia.

Se pudiera presumir que la Fuerza Armada Nacional debe estar preparada para cualquier escenario de guerra o de batalla, pero lo que está demostrando, como ocurrió en un pueblo del Táchira, Rubio, la capital del municipio Junín, es que está recurriendo a aplicar estrategias de guerra ante la población civil. Es un pueblo pequeño, de calles anchas y unos poquísimos edificios de no más de cuatro pisos.

La noche del lunes 24 de abril, una hora después de haber disuelto a quienes se habían concentrado en el llamado Plantón, la Guardia Nacional sacó las tanquetas por las calles de unas seis comunidades, lanzó por horas bombas lacrimógenas aunque ya no había ningún manifestante visible. Los habitantes de la zona vivieron horas de terror; ni siquiera los paracos o la guerrilla, que hacen vida en ese municipio, habían generado un escenario de guerra como el concebido por la Guardia Nacional en esa noche sombría.

La gente del pueblo se encerró, algunos manifestantes permanecían ocultos en las casas de amigos o familiares a donde lograron llegar. Los videos y fotografías corrían entre las redes sociales, no cesaban las llamadas y mensajes de texto.

Durante la protesta del 19 de abril, los manifestantes de Rubio se aglomeraron en el sector de la Gran Vía, que está a la entrada del pueblo. Movilizaron un enorme silo que cubría todo lo ancho de la vía y llegaba casi hasta el borde superior del puente que da acceso al pueblo. Antes de ese puente hay un puesto de la Guardia Nacional, que ese día amaneció vacío y se convirtió en foco de ataque por parte de los manifestantes, que le causaron varios destrozos, le colocaron una X con pintura negra a la fotografía del presidente Hugo Chávez, manteniendo intactas la de Simón Bolívar y la del general Eleazar López Contreras. Rompieron parte de las paredes y dejaron grafitis en donde se lee “traidores”.

Para el Plantón, la GNB se había preparado, no sólo con refuerzos, sino con tanquetas y un buen arsenal de bombas lacrimógenas. Cuando ya las sombras cubrían la noche, y las tanquetas recorrían la ciudad, a la par de que detenían a toda persona que encontraban en la calle, como si hubiesen activado un toque de queda, hicieron presencia gran cantidad de motorizados, armados y quienes se dedicaron a recorrer la ciudad y a atacar a las comunidades.

No es casual que Táchira sea el estado donde más guardias nacionales hayan sido sacados de las calles, por negarse a participar en el control de las manifestaciones opositoras. Están siendo sustituidos por jóvenes militares, con poca preparación en el control del orden público.

Hace rato que los guardias nacionales están siendo impactados, más allá de los funcionarios corruptos, por los problemas que afectan al resto de la sociedad. La falta de medicamentos para ellos y sus familias, la escasez de alimentos que ha golpeado brutalmente a los cuarteles, la inseguridad que ha dejado a muchos de sus compañeros muertos y sueldos que se come la inflación a pasos agigantados, ya es una realidad.

Quedaron atrás aquellos años en que la Guardia Nacional era vista, por gran parte de la población, con respeto y no sin cierta admiración, aun cuando igual controlaban las manifestaciones para mantener el orden público. Ya nadie recuerda los días en que esa Guardia Nacional era la principal defensora de nuestro territorio, la que se enfrentaba con dureza a los narcos, a las bandas de delincuentes, la que ponía orden ante el delito y su actores. Hoy son otros los tiempos que la acompañan.

Por una parte los guardias que se niegan a reprimir o a enfrentar las manifestaciones que cada vez suben su tono en agresividad, pero por otra parte la GNB se va radicalizando ante la imposibilidad de poder controlar las manifestaciones de quienes parece que no se cansan de protestar contra el gobierno. He ahí las dos caras de la Guardia Nacional Bolivariana.