Por qué Maduro comparte el poder con los militares

Sebastiana Barráez

ElEstimulo

28/11/2017

El nombramiento más ruidoso de un militar en la administración pública, desde hace años, es sin duda alguna la del MG (GNB) Manuel Quevedo al frente de la empresa más importante para el país, Petróleos de Venezuela (Pdvsa), luego de ocupar la Misión Barrio Nuevo Barrio Tricolor y la Gran Misión Vivienda.

No es solo que se movió el sector económico, señalando que dicho general desconoce totalmente el mundo petrolero, sino también lo hizo el militar, porque él pertenece a un componente que rivaliza con el Ejército, el más importante de los que integran la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

La estatal petrolera es una especie de joya de la corona en la administración pública, por lo que nos es casual el poder que llegó a asumir Rafael Ramírez por más de una década, haciéndolo un funcionario casi intocable. No fue cualquier cosa cuando Nicolás Maduro lo remueve del cargo. Hubo presiones desde muchos frentes, incluso en las filas del periodismo, y pasó más de un mes para que Ramírez por fin aceptara dejar la presidencia de Pdvsa. Y como en ese mundo, quien pierde el poder, más aún si es económico, pierde el encanto, pues Ramírez Carreño hoy está amenazado por el poder que un día ocupó, en una historia donde la revolución parece tragarse a sus hombres, una vez que los desecha.

Cuando Ramírez sale de Pdvsa, Nelson Martínez ocupaba la presidencia de CITGO, tiempo después Maduro lo designa como presidente de la empresa petrolera y apenas unos meses después lo destituye.

En el ajedrez político, el presidente de la República ha demostrado tener más habilidad que los otros caciques que se consideran herederos del chavismo. Y derriba a Ramírez, teniendo como aliado a Diosdado Cabello.

Nombrar al general Quevedo en PDVSA y en el Ministerio le da mayor cuota de poder a los militares, pero además le envía un mensaje a la Guardia Nacional, el componente militar menos privilegiado en la administración pública, pero el más necesario a la hora de mantener el orden público y el control de las manifestaciones y protestas en el país. No es cualquier cosa, en momentos en que, aunque la Oposición esté fraccionada y atolondrada, la realidad económica y social del país amenaza con un clima de desestabilización.

También le aporta una cuota de poder a uno de los bloques que integran a los llamados febreristas, es decir a los participantes en la intentona golpista del 4 de Febrero de 1992 y que falló en su intención de derrocar al entonces primer mandatario nacional Carlos Andrés Pérez.

El presidente Maduro quiere asegurar la lealtad de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, da pasos cortos pero seguros, tratando de evitar que entre los militares logre cuajar un movimiento que lo desplace del poder.

He ahí un escenario complejo. No se puede hablar de cuota de poder para los militares como si ellos fueran un todo, un ente monolítico o que respondieran a un solo criterio.

La FANB es hoy más difícil de controlar, hay desatados demonios con caciques propios, hay una procesión difícil de detener. Mientras el Ministro de la Defensa, general en jefe Vladimir Padrino López, tiene tareas simultáneas, algunas riesgosas o comprometedoras, desde la Gran Misión Abastecimiento Seguro y Soberano hasta viajar a Rusia en tareas de gobierno, en la FANB hay un hervidero por el descontento generalizado en los cuarteles, por el quiebre de las bases que sustentan a la institución armada, por la profunda insatisfacción que generan los escándalos de corrupción, por la incidencia cada vez mayor de militares, de diferentes rangos, involucrados en hechos delictivos, incluyendo narcotráfico, contrabando de alimentos, robo de armas, etc.

 

De Vielma a Osorio

Desde que perdió, de manera aparatosa, y ante una mujer joven, la Gobernación del Táchira, el febrerista José Gregorio Vielma Mora, se propuso no regresar al estado de su derrota, donde además dejó una estela de decepción y rechazo. Por eso, funcionarios que lo acompañaron en el gobierno regional no les importó arrasar con todo de las oficinas y las dependencias oficiales; cauchos, baterías y repuestos de vehículos, hasta equipos, maquinarias, etc.

Guardó silencio Vielma cuando Maduro lo asomó como ministro de frontera y luego como protector del Táchira. Él no cedió. Ya había decidido no regresar al Táchira con un cargo desinflado. El presidente de la República que tiene sumo cuidado de no dejar a funcionarios por allí libres y sin tutela, nombra a Vielma Mora Ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera. Es mejor mantenerlo cerca, más aún cuando es una pieza del ajedrez de poder de Diosdado Cabello.

Algo similar hizo en junio con el MG (Ej) García Toussaint, una vez que lo desplaza como comandante general del Ejército y de hecho del Alto Mando Militar, luego que el alto oficial manifestara al interior de la FANB que no estaba de acuerdo con la Asamblea Nacional Constituyente. Cinco meses lo dejó como ministro de Transporte y lo acaba de sustituir por el MG (Ej) Carlos Osorio, a quien trató de convertir en su hombre de referencia dentro de la FANB, pero apenas logró posicionarlo como Inspector General de la Fuerza Armada, cargo del cual lo desplaza hacia el Ministerio de la Secretaria y ahora lo ubica como titular de Transporte.

Maduro hace enroques, mueve piezas, en un ajedrez que parece tener las jugadas determinadas. Ha postergado algunas decisiones, hace alianzas, logró acuerdos, pero la Fuerza Armada parece, cada vez más, menos controlable.

Hay quienes aseguran que Maduro da más cargos a los militares porque ellos no quieren regresar a los cuarteles, porque pretenden conservar el poder. Y eso es cierto en apenas una parte muy pequeña, porque al final es el Presidente quien mueve las piezas a su capricho, porque ha aprendido a jugar con una institución que se ha ido desdibujando en su función esencial, en la constitucional, en la que debe cumplir como ente que tiene el monopolio de las armas.

El único poder que tiene la Fuerza Armada sobre Nicolás Maduro es que lo sostiene, en el marco de la crisis más feroz que ha atravesado el país en los últimos años, pero esa FANB no tiene ya la fuerza para rebelarse, por una parte porque presenta profundas divisiones y diferencias entre sí y con el Gobierno, y por otra parte porque es el Gobierno quien le sostiene los privilegios y los recursos económicos que alimenta a ese feroz pulpo cada vez más sediento y hambriento con mil brazos tratando de mantenerse en las altas esferas del poder.