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domingo, 19 de julio de 2026

Una experta analiza la estrategia de EEUU hacia Venezuela tras la captura de Maduro

 

La internacionalista María Alejandra Aristeguieta considera que la crisis obliga a revisar fórmulas de cooperación más profundas con Washington, desde la inversión energética hasta esquemas de seguridad y asistencia internacional. 


Sebastiana Barráez/ domingo 19 de julio 2026
Tomado de Infobae

Delcy Rodríguez junto a Doug Burgum secretario del Departamento del Interior de EEUU, en la firma del Acuerdo y Alianza Técnico Financiera del Ministerio de Hidrocarburos y Petróleos de Venezuela con la petrolera Shell.

La internacionalista María Alejandra Aristeguieta advierte que el debate sobre Venezuela vuelve a ganar espacio en Washington, en medio de una política exterior estadounidense marcada por el pragmatismo y por la búsqueda de garantías estratégicas en un escenario internacional cada vez más complejo. “Aunque la política exterior de Estados Unidos ha respondido históricamente a tres pilares: seguridad nacional, comercio y prosperidad económica, y promoción de la democracia, esos principios no han tenido siempre el mismo peso”, dijo en conversación con Infobae.


María Alejandra Aristeguieta de Álvarez es experta en políticas internacionales, gobernanza global y derechos humanos, con 30 años de práctica diplomática en Ginebra. Preside Vision 360 y coordina la ONG Iniciativa Por Venezuela. Ha sido asesora de gobiernos, universidades, organismos internacionales y organizaciones no gubernamentales, es licenciada en Estudios Internacionales con posgrado en Derecho Económico, Integración, Negociaciones Internacionales y Formulación de Políticas.


La aplicación de la política exterior de EE.UU., explica, ha variado de acuerdo con las circunstancias geopolíticas y con las prioridades de cada administración. “En las décadas de 1980 y 1990, por ejemplo, Washington dio un impulso particular a la promoción de la democracia, los derechos humanos, el multilateralismo y el llamado orden basado en reglas”.

Aristeguieta junto al padre de Juan Pablo Pernalete el joven asesinado por funcionarios del régimen venezolano en las protestas del 2017 en Caracas.

Sostiene que en la actualidad la prioridad se concentra en los dos primeros pilares: seguridad nacional, comercio y prosperidad económica, porque Estados Unidos busca “preservar su supremacía” en un mundo transformado por el ascenso de “China y por las amenazas que representan Rusia, Irán y otros actores con peso en la escena internacional”.


En ese contexto, Aristeguieta ubica los acontecimientos recientes en Venezuela: primero, la extracción de Nicolás Maduro por considerarlo una “amenaza real para la seguridad estadounidense”; después, el proceso de estabilización impulsado por Washington junto con los “representantes de la dictadura que permanecieron en el poder”. 


El objetivo, afirma, en la conversación con Infobae, sería favorecer el crecimiento económico de Estados Unidos mediante inversiones petroleras que también reforzarían su seguridad nacional “en momentos de tanta inestabilidad mundial con los precios del petróleo”. 

El doble terremoto del pasado 24 de junio expuso la debilidad de la respuesta institucional.

Democracia para después

Sin embargo, los terremotos del 24 de junio expusieron, a su juicio, las debilidades de una estrategia centrada casi exclusivamente en la seguridad y la economía, y que deja en segundo plano la promoción democrática. La limitada inversión estadounidense en Venezuela responde precisamente a la ausencia de Estado de derecho y de un sistema democrático capaz de ofrecer garantías a inversiones de largo plazo.


Ese diagnóstico, señala Aristeguieta, ha reabierto en los pasillos de Washington la pregunta sobre qué hacer con Venezuela. Entre las ideas que se estarían evaluando figura la creación de un esquema similar al de los Estados Libremente Asociados del Pacífico, una figura utilizada por Estados Unidos que permitiría un “mayor control militar y un intercambio más favorable de recursos económicos”.


Para comprender el alcance de esa posibilidad, dice que es conveniente precisar en qué consiste el llamado Compacto de Libre Asociación (COFA, por sus siglas en inglés); “es un acuerdo bilateral entre Estados Unidos y tres naciones soberanas del Pacífico: las Islas Marshall (RMI), los Estados Federados de Micronesia (FSM) y Palau”. Ese instrumento “surgió tras el fin del Fideicomiso Territorial de las Islas del Pacífico, administrado por Washington después de la Segunda Guerra Mundial”. 

Defensores de DD.HH. ante la sesión Human Rights in Venezuela Status and Opportunity exponen ante en la Comisión de Derechos Humanos Tom Lantos del Congreso de los EEUU el 15 de julio 2026.

Recuerda la internacionalista que con el COFA esos países conservan soberanía, membresía en la Organización de Naciones Unidas (ONU) y política exterior independiente, mientras Estados Unidos asume la responsabilidad de su defensa y se reserva el derecho de “denegación estratégica”, que le permite impedir el acceso militar de terceros, especialmente de China, además de mantener bases en sus territorios.


A cambio, Washington garantiza asistencia económica mediante fondos sustanciales, incluidos recientemente unos 7.000 millones de dólares por 20 años en la renovación de 2023-2024, así como acceso a programas federales, uso del dólar y derechos de residencia y trabajo en Estados Unidos para los ciudadanos de esos países.


Para alcanzar ese estatus, “las partes negociaron bilateralmente”, sometieron el acuerdo a plebiscito en el país asociado y luego lo llevaron al Congreso estadounidense para su aprobación. “Se trata de un esquema renovable y reversible por mutuo acuerdo”.


El compromiso de EEUU

En América no existen precedentes directos de este tipo de compactos, asevera María Alejandra Aristeguieta. “Puerto Rico, aunque se denomina Estado Libre Asociado bajo la ley federal estadounidense, es un territorio no incorporado, con ciudadanía estadounidense, pero sin plena soberanía ni voto en elecciones presidenciales”. Su estatus ha sido objeto de reiterados debates y consultas, incluidas opciones de independencia o libre asociación.

En la Unión Interpalamentaria Mundial se observa a María Alejandra Aristeguieta.

La diferencia es clave: mientras Puerto Rico mantiene una relación territorial con Estados Unidos, “el Compacto representa un estatus intermedio: soberanía limitada a cambio de protección y asistencia”.


En el caso venezolano, una ruta de ese tipo enfrentaría obstáculos legales de enorme magnitud. “Venezuela cuenta con una Constitución que prohíbe la cesión de territorio o soberanía, por lo que cualquier fórmula semejante requeriría una reforma constitucional profunda y aprobación popular”.


Además, advierte Aristeguieta, aun en un escenario hipotético, “cualquier arreglo tendría que diseñarse a la medida del tamaño, los recursos y la posición geopolítica de Venezuela”, lo que lo haría mucho más complejo y controvertido que los casos existentes en el Pacífico.


Dice que, por ahora, “la información parece reflejar más un debate sobre un mayor compromiso estadounidense que una propuesta concreta”. Venezuela, plantea la internacionalista, se encontraría ante una nueva encrucijada: optar por una dependencia pragmática que supere impedimentos legales para facilitar la recuperación, “o el aislamiento ideológico basado en una falsa soberanía con riesgo de perpetuar el fracaso”. Pero ese escenario aún no está definido. 


Los escenarios

Aristeguieta considera necesario analizar opciones y escenarios con el fin de incidir de manera adecuada en los debates que se desarrollan en Washington.

Los generales Francis Donovan y Kevin Jarrad en Venezuela el 6 de julio en la zona afectada por los terremotos del 24 de junio 2026.

La historia, afirma, “podría favorecer una relación más estrecha con Estados Unidos si se negocia con firmeza, visión de largo plazo y con el bienestar de la población venezolana por encima de los dogmas políticos”.


Tras 27 años de chavismo, marcados por hiperinflación, éxodo masivo de divisas y colapso institucional, y luego de los terremotos de junio de 2026, con magnitudes de 7,2 y 7,5, miles de muertos y daños severos en Yaracuy, Carabobo, Vargas y Caracas, “una asociación estratégica” podría ofrecer la seguridad jurídica necesaria para atraer inversiones estadounidenses y de otros países en petróleo, infraestructura y ayuda humanitaria.

María Alejandra Aristeguieta, Edmundo González Urrutia y Antonio Ledezma conversan al aire libre en Ginebra, durante febrero de 2025.

Sostiene que Centros como el Atlantic Council destacan oportunidades para una Venezuela “próspera y alineado con EEUU", que marque el fin de la influencia rusa, china e iraní, así como “fortalecer el combate contra el crimen transnacional y abrir acceso a mercados, tecnología y experiencia internacional para la reconstrucción”. 


Considera que, además, podría convertirse en un “incentivo para el retorno de jóvenes venezolanos”, como ocurrió en parte con las experiencias del Pacífico, donde la población joven encontró mejores perspectivas de futuro en sus propios países.


El desafío, subraya, es que cualquier eventual acuerdo entre ambos países cuente con plena legitimidad democrática, reglas de transparencia y mecanismos de rendición de cuentas. También debería evitar tutelajes indefinidos, preservar el control venezolano sobre sus recursos y garantizar beneficios concretos para ambas partes.


Para finalizar, Aristeguieta enfatiza que América Latina ya cuenta con numerosos ejemplos de acuerdos de libre comercio, presencia de bases militares para la lucha contra el narcotráfico e incluso fórmulas de administración territorial. Para avanzar hacia una relación más estrecha con Washington, concluye, no haría falta necesariamente un Tratado de Libre Asociación, sino una relación entre Estados orientada al beneficio mutuo, la estabilidad y la prosperidad.


https://www.infobae.com/venezuela/2026/07/19/una-experta-analiza-la-estrategia-de-eeuu-hacia-venezuela-tras-la-captura-de-maduro/


jueves, 9 de julio de 2026

El análisis de un abogado sobre Venezuela: emergencia nacional, restitución constitucional y gobierno de amplitud nacional


El abogado constitucionalista y exdiputado Edwin Roberto Sambrano Vidal sostiene que la legitimidad política, el respeto a la soberanía popular y el cumplimiento de la Constitución son condiciones indispensables para abrir una transición democrática.


Sebastiana Barráez/ jueves 9 de julio 2026
Tomado de Infobae

Muchas personas buscan los cuerpos de sus seres queridos entre los escombros luego de los terremotos del 24 de junio.

El respeto a la soberanía popular y a la democracia es el punto de partida de cualquier gobierno legítimo capaz de unir al país frente a los desafíos de seguridad, prosperidad, bienestar, libertad y justicia, considera Edwin Roberto Sambrano Vidal a propósito del interinato del Delcy Rodríguez y vencimiento de los periodos de ausencia temporal contenidos en el artículo 234 de la Constitución de la República.


El abogado especialista en derecho constitucional y laboral, con una trayectoria de varias décadas en la protección de los derechos de los trabajadores, dirige la organización Alianza por la Soberanía y la Democracia (ASD), exdiputado del Congreso de Venezuela y defensor de derechos humanos, plantea que la restitución del orden constitucional pasa por “depurar los vicios cometidos” y reconocer el resultado de la elección presidencial del 28 de julio 2024.


Sambrano Vidal afirma que Edmundo González Urrutia debe ser investido como presidente de la República, al considerar que fue electo por una mayoría “irrefutable” del 67% de votos válidos. También sostiene que María Corina Machado, a quien define como líder nacional legítima de los factores democráticos, debe formar parte de la conducción política de ese proceso.

Edwin Roberto Sambrano Vidal, especialista en derecho constitucional y laboral, dirige la organización Alianza por la Soberanía y la Democracia (ASD).

“Ellos deben conformar un gobierno de amplitud nacional que asuma la responsabilidad de conducir a la nación en esta hora de gran peligro para la paz, la convivencia y la vida”, señala el dirigente, integrante de organizaciones como Espacio Consenso para un Nuevo País, la Alianza por la Soberanía y la Democracia (ASD), el Comité Nacional en Defensa de la Constitución “Cúmplela” y Lazos Guayana.


Sostiene que los que impidieron que Edmundo González asumiera el poder lo hicieron “por ejercicio de la fuerza y del fraude constitucional” quienes detentaban el Poder Ejecutivo y el comando de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), “en complicidad con la mayoría del CNE y otros Poderes Públicos”.


Sambrano fue detenido el 12 de abril de 2026 en el aeropuerto de Santo Domingo, en el estado Táchira, acusado de instigación y promoción al odio. Tras la presión de sectores políticos y sociales, fue liberado bajo medidas cautelares sustitutivas, con prohibición de salida del país y obligación de presentarse ante los tribunales cuando sea requerido.

Edmundo González y María Corina Machado durante una de las giras en la campaña del 2024.

La Constitución como ruta

El exparlamentario basa su planteamiento en varios artículos de la Constitución venezolana. Cita el artículo 5, que establece que la soberanía reside en el pueblo; el artículo 7, que define la Constitución como norma suprema; y el artículo 228, según el cual debe proclamarse electo al candidato que obtenga la mayoría de los votos válidos.


También recuerda el artículo 138, referido a la nulidad de toda autoridad usurpada, y el artículo 333, que impone a los ciudadanos el deber de colaborar en el restablecimiento de la vigencia efectiva de la Constitución cuando ella deje de observarse por actos de fuerza. A ello suma el artículo 350, que faculta al pueblo a desconocer regímenes o autoridades contrarios a los principios democráticos y a los derechos humanos.


En su propuesta, el dirigente identifica como primera tarea de un eventual gobierno de amplitud nacional la puesta en marcha de un amplio plan de emergencia para atender la crisis humanitaria compleja que afecta al país en los ámbitos político, social, económico, cultural y moral. Según advierte, esa crisis se habría profundizado tras los terremotos del 24 de junio de 2026 “por lo que exige con prioridad absoluta, la legitimidad incuestionable de la conducción de la República”.

Magistrados del TSJ de pie ante Nicolás Maduro el 31 de julio de 2024.

Entre las medidas urgentes menciona la “respuesta inmediata y eficaz a la libertad de los presos políticos”, de los cuales hay 551 según el reporte que el 6 de julio 2026 dio a conocer la organización Justicia, Encuentro y Perdón (JEP).


Así mismo la restitución de libertades públicas, el desmantelamiento de estructuras represivas, la revisión de leyes utilizadas para perseguir la disidencia, un aumento general y escalonado de salarios y pensiones, así como el cumplimiento progresivo de los principales derechos laborales y sociales.


El abogado alude además a la necesidad de atender a personas damnificadas y sectores vulnerables, como niños, huérfanos, mujeres embarazadas y lactantes, adultos mayores, enfermos y desempleados. También propone un programa nacional de producción y distribución de alimentos, con comedores escolares en todos los niveles de la educación pública, junto con la reactivación del aparato económico.


En el terreno económico, plantea revisar las relaciones internacionales para promover inversión, cooperación e intercambio, así como levantar un balance financiero y comercial del sector externo. También propone estudiar la deuda externa, los activos y acreencias del país, y adecuar la política tributaria a las necesidades de la emergencia.

Delcy Rodríguez asumió el interinato el 3 de enero de 2026.

Transición democrática 

La segunda gran tarea, según Sambrano, es impulsar una transición democrática que conduzca a elecciones presidenciales y legislativas bajo condiciones de libertad, universalidad, voto directo y secreto.


Para que el resultado sea confiable y verificable, sostiene que el proceso debe ser organizado por un poder electoral independiente, competente e imparcial, que garantice libertad de postulación “tanto para las organizaciones políticas como para los candidatos”, inclusión de electores dentro y fuera del país y ausencia de ventajismo o violaciones a las reglas electorales.


Sambrano Vidal asegura que ambas tareas planteadas “en esta peligrosa coyuntura histórica” requieren un Poder Ejecutivo con legitimidad firme y respaldo popular. A su juicio, esa es la condición indispensable para restituir la vigencia efectiva de la Constitución, garantizar los derechos ciudadanos y poner la institucionalidad al servicio de los venezolanos.


https://www.infobae.com/venezuela/2026/07/09/el-analisis-de-un-abogado-sobre-venezuela-emergencia-nacional-restitucion-constitucional-y-gobierno-de-amplitud-nacional/


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