domingo, 19 de julio de 2026

Una experta analiza la estrategia de EEUU hacia Venezuela tras la captura de Maduro

 

La internacionalista María Alejandra Aristeguieta considera que la crisis obliga a revisar fórmulas de cooperación más profundas con Washington, desde la inversión energética hasta esquemas de seguridad y asistencia internacional. 


Sebastiana Barráez/ domingo 19 de julio 2026
Tomado de Infobae

Delcy Rodríguez junto a Doug Burgum secretario del Departamento del Interior de EEUU, en la firma del Acuerdo y Alianza Técnico Financiera del Ministerio de Hidrocarburos y Petróleos de Venezuela con la petrolera Shell.

La internacionalista María Alejandra Aristeguieta advierte que el debate sobre Venezuela vuelve a ganar espacio en Washington, en medio de una política exterior estadounidense marcada por el pragmatismo y por la búsqueda de garantías estratégicas en un escenario internacional cada vez más complejo. “Aunque la política exterior de Estados Unidos ha respondido históricamente a tres pilares: seguridad nacional, comercio y prosperidad económica, y promoción de la democracia, esos principios no han tenido siempre el mismo peso”, dijo en conversación con Infobae.


María Alejandra Aristeguieta de Álvarez es experta en políticas internacionales, gobernanza global y derechos humanos, con 30 años de práctica diplomática en Ginebra. Preside Vision 360 y coordina la ONG Iniciativa Por Venezuela. Ha sido asesora de gobiernos, universidades, organismos internacionales y organizaciones no gubernamentales, es licenciada en Estudios Internacionales con posgrado en Derecho Económico, Integración, Negociaciones Internacionales y Formulación de Políticas.


La aplicación de la política exterior de EE.UU., explica, ha variado de acuerdo con las circunstancias geopolíticas y con las prioridades de cada administración. “En las décadas de 1980 y 1990, por ejemplo, Washington dio un impulso particular a la promoción de la democracia, los derechos humanos, el multilateralismo y el llamado orden basado en reglas”.

Aristeguieta junto al padre de Juan Pablo Pernalete el joven asesinado por funcionarios del régimen venezolano en las protestas del 2017 en Caracas.

Sostiene que en la actualidad la prioridad se concentra en los dos primeros pilares: seguridad nacional, comercio y prosperidad económica, porque Estados Unidos busca “preservar su supremacía” en un mundo transformado por el ascenso de “China y por las amenazas que representan Rusia, Irán y otros actores con peso en la escena internacional”.


En ese contexto, Aristeguieta ubica los acontecimientos recientes en Venezuela: primero, la extracción de Nicolás Maduro por considerarlo una “amenaza real para la seguridad estadounidense”; después, el proceso de estabilización impulsado por Washington junto con los “representantes de la dictadura que permanecieron en el poder”. 


El objetivo, afirma, en la conversación con Infobae, sería favorecer el crecimiento económico de Estados Unidos mediante inversiones petroleras que también reforzarían su seguridad nacional “en momentos de tanta inestabilidad mundial con los precios del petróleo”. 

El doble terremoto del pasado 24 de junio expuso la debilidad de la respuesta institucional.

Democracia para después

Sin embargo, los terremotos del 24 de junio expusieron, a su juicio, las debilidades de una estrategia centrada casi exclusivamente en la seguridad y la economía, y que deja en segundo plano la promoción democrática. La limitada inversión estadounidense en Venezuela responde precisamente a la ausencia de Estado de derecho y de un sistema democrático capaz de ofrecer garantías a inversiones de largo plazo.


Ese diagnóstico, señala Aristeguieta, ha reabierto en los pasillos de Washington la pregunta sobre qué hacer con Venezuela. Entre las ideas que se estarían evaluando figura la creación de un esquema similar al de los Estados Libremente Asociados del Pacífico, una figura utilizada por Estados Unidos que permitiría un “mayor control militar y un intercambio más favorable de recursos económicos”.


Para comprender el alcance de esa posibilidad, dice que es conveniente precisar en qué consiste el llamado Compacto de Libre Asociación (COFA, por sus siglas en inglés); “es un acuerdo bilateral entre Estados Unidos y tres naciones soberanas del Pacífico: las Islas Marshall (RMI), los Estados Federados de Micronesia (FSM) y Palau”. Ese instrumento “surgió tras el fin del Fideicomiso Territorial de las Islas del Pacífico, administrado por Washington después de la Segunda Guerra Mundial”. 

Defensores de DD.HH. ante la sesión Human Rights in Venezuela Status and Opportunity exponen ante en la Comisión de Derechos Humanos Tom Lantos del Congreso de los EEUU el 15 de julio 2026.

Recuerda la internacionalista que con el COFA esos países conservan soberanía, membresía en la Organización de Naciones Unidas (ONU) y política exterior independiente, mientras Estados Unidos asume la responsabilidad de su defensa y se reserva el derecho de “denegación estratégica”, que le permite impedir el acceso militar de terceros, especialmente de China, además de mantener bases en sus territorios.


A cambio, Washington garantiza asistencia económica mediante fondos sustanciales, incluidos recientemente unos 7.000 millones de dólares por 20 años en la renovación de 2023-2024, así como acceso a programas federales, uso del dólar y derechos de residencia y trabajo en Estados Unidos para los ciudadanos de esos países.


Para alcanzar ese estatus, “las partes negociaron bilateralmente”, sometieron el acuerdo a plebiscito en el país asociado y luego lo llevaron al Congreso estadounidense para su aprobación. “Se trata de un esquema renovable y reversible por mutuo acuerdo”.


El compromiso de EEUU

En América no existen precedentes directos de este tipo de compactos, asevera María Alejandra Aristeguieta. “Puerto Rico, aunque se denomina Estado Libre Asociado bajo la ley federal estadounidense, es un territorio no incorporado, con ciudadanía estadounidense, pero sin plena soberanía ni voto en elecciones presidenciales”. Su estatus ha sido objeto de reiterados debates y consultas, incluidas opciones de independencia o libre asociación.

En la Unión Interpalamentaria Mundial se observa a María Alejandra Aristeguieta.

La diferencia es clave: mientras Puerto Rico mantiene una relación territorial con Estados Unidos, “el Compacto representa un estatus intermedio: soberanía limitada a cambio de protección y asistencia”.


En el caso venezolano, una ruta de ese tipo enfrentaría obstáculos legales de enorme magnitud. “Venezuela cuenta con una Constitución que prohíbe la cesión de territorio o soberanía, por lo que cualquier fórmula semejante requeriría una reforma constitucional profunda y aprobación popular”.


Además, advierte Aristeguieta, aun en un escenario hipotético, “cualquier arreglo tendría que diseñarse a la medida del tamaño, los recursos y la posición geopolítica de Venezuela”, lo que lo haría mucho más complejo y controvertido que los casos existentes en el Pacífico.


Dice que, por ahora, “la información parece reflejar más un debate sobre un mayor compromiso estadounidense que una propuesta concreta”. Venezuela, plantea la internacionalista, se encontraría ante una nueva encrucijada: optar por una dependencia pragmática que supere impedimentos legales para facilitar la recuperación, “o el aislamiento ideológico basado en una falsa soberanía con riesgo de perpetuar el fracaso”. Pero ese escenario aún no está definido. 


Los escenarios

Aristeguieta considera necesario analizar opciones y escenarios con el fin de incidir de manera adecuada en los debates que se desarrollan en Washington.

Los generales Francis Donovan y Kevin Jarrad en Venezuela el 6 de julio en la zona afectada por los terremotos del 24 de junio 2026.

La historia, afirma, “podría favorecer una relación más estrecha con Estados Unidos si se negocia con firmeza, visión de largo plazo y con el bienestar de la población venezolana por encima de los dogmas políticos”.


Tras 27 años de chavismo, marcados por hiperinflación, éxodo masivo de divisas y colapso institucional, y luego de los terremotos de junio de 2026, con magnitudes de 7,2 y 7,5, miles de muertos y daños severos en Yaracuy, Carabobo, Vargas y Caracas, “una asociación estratégica” podría ofrecer la seguridad jurídica necesaria para atraer inversiones estadounidenses y de otros países en petróleo, infraestructura y ayuda humanitaria.

María Alejandra Aristeguieta, Edmundo González Urrutia y Antonio Ledezma conversan al aire libre en Ginebra, durante febrero de 2025.

Sostiene que Centros como el Atlantic Council destacan oportunidades para una Venezuela “próspera y alineado con EEUU", que marque el fin de la influencia rusa, china e iraní, así como “fortalecer el combate contra el crimen transnacional y abrir acceso a mercados, tecnología y experiencia internacional para la reconstrucción”. 


Considera que, además, podría convertirse en un “incentivo para el retorno de jóvenes venezolanos”, como ocurrió en parte con las experiencias del Pacífico, donde la población joven encontró mejores perspectivas de futuro en sus propios países.


El desafío, subraya, es que cualquier eventual acuerdo entre ambos países cuente con plena legitimidad democrática, reglas de transparencia y mecanismos de rendición de cuentas. También debería evitar tutelajes indefinidos, preservar el control venezolano sobre sus recursos y garantizar beneficios concretos para ambas partes.


Para finalizar, Aristeguieta enfatiza que América Latina ya cuenta con numerosos ejemplos de acuerdos de libre comercio, presencia de bases militares para la lucha contra el narcotráfico e incluso fórmulas de administración territorial. Para avanzar hacia una relación más estrecha con Washington, concluye, no haría falta necesariamente un Tratado de Libre Asociación, sino una relación entre Estados orientada al beneficio mutuo, la estabilidad y la prosperidad.


https://www.infobae.com/venezuela/2026/07/19/una-experta-analiza-la-estrategia-de-eeuu-hacia-venezuela-tras-la-captura-de-maduro/


viernes, 17 de julio de 2026

Entre protestas e intimidación policial, organizaciones entregaron a la Asamblea un documento por elecciones libres y restitución del orden constitucional


Veinticinco organizaciones políticas, sociales, laborales y de derechos humanos, realizaron acciones publicas en Caracas, Monagas y Yaracuy, para exigir el reconocimiento de los resultados del 28 de julio de 2024, la designación de un nuevo Consejo Nacional Electoral y la convocatoria de comicios presidenciales y parlamentarios con garantías democráticas. 


Sebastiana Barráez/ viernes 17 de julio 2026
Tomado de Infobae

Carteles improvisados hicieron énfasis en el cumplimiento de la Constitución.

Veinticinco organizaciones políticas, sociales, sindicales, comunitarias, culturales y de derechos humanos entregaron un documento ante la Asamblea Nacional, denunciaron que Nicolás Maduro “usurpó el poder de manera descarada” y calificaron a Delcy Rodríguez como “fruto de la usurpación, el fraude y el golpe de Estado continuado”. La acción fue parte de protestas en tres regiones del país para exigir el reconocimiento de las elecciones del 28J cuando “el pueblo se pronunció de manera inequívoca”.


Bajo las consignas “el 28J ya decidimos por democracia y libertad” y “elecciones ya”, las manifestaciones se desarrollaron frente a la Asamblea Nacional, en Caracas; en Monagas, mediante una rueda de prensa con representantes de diversos sectores; y en Yaracuy, con la participación de familiares de personas detenidas en la comandancia de la Policía regional.


Las actividades fueron organizadas e impulsadas por las organizaciones Espacio Consenso por un Nuevo País, el Comité Nacional en Defensa de la Constitución (Cúmplela), con respaldo de la Alianza por la Soberanía y la Democracia (ASD) y 20 organizaciones de tipo político, social, de derechos humanos, laborales, comunitarias y culturales.


Entre las organizaciones figuran Movimiento Laborista, Conciencia Ciudadana, Foro Independencia, Rótulo Ediciones, Colectivo DDHH Toromayma, Frente Norte de Caracas, Hombres por la igualdad y la equidad, Sociedad Civil Yaracuy en Transición, Unete, Unión Nacional de Trabajadores de Venezuela, Red Verde, Red de Apoyo Social, Unassg del Zulia, Sindicato de trabajadores de la Industria Siderúrgica Nacional, Comité por la liberación de los luchadores sociales presos políticos, Casa del Trabajador, Mi Ciudad, Coalición Siderúrgica 40, Movimiento de Trabajadores Unidad en la Coincidencia, Asociación de Profesores de la Universidad Nacional Experimental de Guayana (Apuneg) y UTDZ.

Dip. Carlos Julio Rodríguez Rabán PSUV recibe el escrito de Samuel Bravo e Irene Castillo de Espacio Consenso.jpeg.

En Yaracuy, la abogada Marbella Gutiérrez, megáfono en mano, acusó al régimen venezolano de actuar de forma inhumana e inoperante “frente a los daños causados por el doble terremoto del 24 de junio. “Ante tanta inoperancia tenemos que exigir la inmediata salida del régimen y el inicio de una transición con un Gobierno de transición encabezado por el presidente que elegimos el 28 de julio”, afirmó en alusión a Edmundo González.


Gutiérrez sostuvo que el eje de la movilización es “defender los resultados del 28 de julio 2024 día en que los venezolanos acudieron a votar “con todo el riesgo que implicaba”. Recordó que esa jornada dejó heridos, fallecidos, exiliados y personas en la clandestinidad. 


La abogada pidió no restar valor histórico a esa fecha y afirmó que aunque otros países no la reconozcan del mismo modo, para los venezolanos representa una marca de valor “histórico, moral y ético” vinculada al ejercicio de la soberanía popular. 


Gutiérrez insistió en que un eventual Gobierno de transición debería iniciar la reconstrucción institucional del país, incluida la reforma del Consejo Nacional Electoral, del poder Legislativo y, especialmente, del poder judicial.


Documento a la Asamblea

Funcionarios de la PNB y el Sebin grabaron y fotografiaron a los presentes en la protesta.

En Caracas, funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) y del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin) grabaron y fotografiaron a los asistentes a la protesta frente a la Asamblea Nacional, una acción que los manifestantes interpretaron como un acto de intimidación. Pese a ello, mantuvieron sus discursos y acusaron a altos funcionarios de usurpar el poder. 


Tras dos horas de concentración frente a la sede administrativa del parlamento, fueron atendidos por el diputado Carlos Julio Rodríguez Rabán (PSUV) quién recibió el documento, de manos de Samuel Bravo e Irene Castillo de Espacio Consenso.


La misiva, dirigida a Jorge de Jesús Rodríguez Gómez, presidente de la Asamblea Nacional, exige al Poder Legislativo “el estricto cumplimiento del orden constitucional, la restitución de la legalidad institucional y el respeto absoluto a la soberanía popular”. Según los firmantes esos derechos no pueden quedar suspendidos por la emergencia derivada de los terremotos del 24 de junio.


El texto cita los artículos 5, 62, 70, 293, 333 y 350 de la Constitución venezolana que obliga a los poderes públicos y a la ciudadanía a defender el orden constitucional y reconocen el sufragio como expresión máxima de la soberanía popular. 


Los firmantes pidieron la designación inmediata de nuevos rectores del Consejo Nacional Electoral (CNE) con criterios de capacidad técnica, probidad e independencia, para recuperar la credibilidad del órgano electoral y garantizar que se respete la voluntad expresada mediante el voto. 


También solicitaron la convocatoria del Comité de Postulaciones Electorales, dirigido por once diputados y diez representantes de distintos sectores de la sociedad, conforme al artículo 295 de la Constitución y el artículo 19 de la Ley Orgánica del Poder Electoral. 

Elinor Morales, diputada de la AN2015 María Gabriela Hernández, Marlene Rodríguez, Laura El Halabi y Carlos Núñez.

A juicio de las organizaciones, un nuevo directorio electoral debería crear condiciones para celebrar “a la brevedad posible” elecciones presidenciales y parlamentarias “realmente democráticas”, Entre esas condiciones mencionaron el levantamiento de inhabilitaciones, legalización de todos los partidos políticos, actualización del Registro Electoral y un cronograma electoral ajustado a la Constitución.


El documento sostiene que “Venezuela exige con urgencia “un nuevo gobierno” capaz de responder a la emergencia nacional provocada por la catástrofe natural que dejó miles de víctimas y pérdidas materiales incalculables. Atribuyeron a falta de respuesta el “desmantelamiento institucional” y a la “inoperancia” del Ejecutivo.


La misiva también alude a la reunión entre Jorge Rodríguez y Dinorah Figuera para instalar una “mesa técnica y política paritaria”, presentada oficialmente como un espacio para el “fortalecimiento de la democracia, la consolidación de la paz y la búsqueda de un futuro de bienestar y prosperidad”. 


Para las organizaciones, el tema electoral está en el centro de la agenda. Por ello, pidieron a Rodríguez impulsar medidas que permitan reconstruir la confianza ciudadana en un Poder Electoral independiente, confiable y ajustado a los procedimientos constitucionales.


“La vigencia de la Constitución no se negocia” advirtieron los firmantes, al reiterar que la ciudadanía venezolana se mantiene “firme en la defensa” de los derechos constitucionales y en la exigencia de que el CNE cumpla el mandato legal y popular. 


El documento cierra con una solicitud de “respuesta cónsona” con los deberes constitucionales de la Asamblea Nacional y con la situación que atraviesa el país. 


Requerimos solidaridad

Nicolás Maduro durante su presencia ante el TSJ después de las elecciones del 28J, acompañado de los hermanos Jorge y Delcy Rodríguez Gómez así como el Alto Mando Militar.

En Maturín, estado Monagas, representantes de distintas organizaciones ofrecieron una rueda de prensa. Entre ellos estuvieron Elinor Morales, secretaria del Colegio Sociólogos y Antropólogos y de la ONGs Frente Amplio Venezuela Libre; Marlene Rodríguez, presidenta del Colegio de Sociólogos y Antropólogos de Monagas; Laura El Halabi de Jóvenes Profesionales Sociedad Civil; Carlos Núñez, presidenta Asociación Jubilados y Pensionados Monagas. 


La vocería estuvo a cargo de María Gabriela Hernández del Castillo, diputada de la Asamblea Nacional 2015, quien llamó a la ciudadanía a involucrarse activamente en la defensa de una “sociedad justa” y respetuosa de la libertad.


Desde Caracas, el exdiputado Edwin Sambrano afirmó que los venezolanos tienen la capacidad de restablecer el “Estado democrático y social, de Derecho y de Justicia”, con instituciones acorde a sus necesidades, intereses y cultura.


Recordó que una mayoría del 67.5% de los votos válidos se pronunció, el 28J, por el cambio de gobierno y el restablecimiento del orden constitucional. En contraste calificó como fraudulentas las elecciones de mayo y julio 2025 para elegir diputados asegurando que la abstención superó el 90%. 


“No necesitamos que otro estado administre nuestra República y nuestro país. Lo que requerimos es solidaridad en nuestra gran tarea por salir del control del régimen de facto que utiliza la fuerza para impedir el ejercicio y la realización de nuestra autodeterminación y de nuestras funciones soberanas”, señaló Sambrano Vidal


En Yaracuy

La abogada Marbella Gutiérrez, insistió en un Gobierno de transición.

En san Felipe, estado Yaracuy, la concentración denominada “acción pública” se realizó en la Plaza Junín. La jornada estuvo marcada por lo que sus organizadores describieron como un clima de “profunda tensión social y exigencia ciudadana”, con protagonismo de familiares de personas detenidas en la Comandancia General de la Policía regional.


Buscaron visibilizar la precariedad de la situación jurídica de los detenidos y las condiciones en las que permanecen. “No fue una movilización aislada, sino una respuesta directa a lo que los familiares denominan un retardo procesal sistemático”, dijo a Infobae uno de los asistentes. 


El grupo reunido expresó un mensaje común: la necesidad de respuestas institucionales prontas y transparentes ante el deterioro de las condiciones de vida dentro del recinto policial yaracuyano.


Durante la manifestación, varios participantes, invocaron el artículo 68 de la Constitución venezolana y reafirmaron el derecho a la “protesta pacífica y sin armas”, con el propósito de blindar su actuación frente a posibles medidas represivas y sentar un precedente de ejercicio democrático en el espacio público.


También citaron el artículo 5 de la Constitución, que establece que “la soberanía reside intransferiblemente en el pueblo” y recordaron que los órganos del Estado deben estar subordinados a la voluntad popular, la justicia y la dignidad humana.


Los manifestantes exigieron una revisión exhaustiva de los expedientes de todos los detenidos en Yaracuy, rechazaron la gestión del régimen actual y denunciaron una crisis institucional marcada, según dijeron, por la vulneración de los derechos civiles básicos.


miércoles, 15 de julio de 2026

Tardía, opaca e insuficiente: un informe reflejó la respuesta del gobierno interno ante el doble terremoto en Venezuela

 

Transparencia Venezuela en el Exilio sostiene que el Estado estuvo limitado por fallas previas de gobernanza, opacidad y capacidad operativa. Advierte que la mayor brecha estuvo en las primeras 72 horas, cuando se define la posibilidad de rescatar personas con vida.


Sebastiana Barráez/ miércoles 15 de julio 2026
Tomado de Infobae

Los primeros equipos internacionales fueron de El Salvador, México y República Dominicana.

Transparencia Venezuela en el Exilio presentó el informe “La insuficiente respuesta estatal: el desastre ocurrió antes del terremoto”, una evaluación técnica sobre la actuación del Estado venezolano tras el doble sismo de magnitudes 7,2 y 7,5 que golpeó el centro-norte del país el 24 de junio de 2026, con daños concentrados en Caracas y La Guaira.


El documento compara la respuesta venezolana con estándares internacionales como Insarag y Sphere, y con desastres recientes en Turquía-Siria, Japón, Haití, Chile y China. Su conclusión central es que la falla no estuvo solo en la cantidad de efectivos movilizados, sino en la velocidad del despliegue, la ausencia de rescate especializado nacional y la debilidad institucional previa.


Según el informe, Venezuela alcanzó apenas 12,6% de su pico de despliegue en las primeras 24 horas y 34,5% a las 48 horas. El máximo oficial, 31.837 efectivos, llegó solo el día 18, cuando ya había pasado la ventana crítica de 72 horas para rescatar sobrevivientes bajo los escombros.


En La Guaira, de las 19.861 personas que sobrevivieron, la mayoría lo hizo por autoevacuación o por rescates locales en las primeras 48 horas. Los equipos USAR internacionales de El Salvador, México y República Dominicana llegaron al cierre del segundo día, y el grueso del contingente extranjero se consolidó después. Para entonces, advierte la organización, la mayor parte de los rescates con vida ya había ocurrido.


La brecha también aparece en las cifras. El registro oficial reportó 856 edificaciones afectadas, mientras fuentes independientes estimaron daños mucho mayores, desde 1.054 hasta 58.870 estructuras. Las cifras de damnificados variaron de forma inestable y los reportes ciudadanos de desaparecidos oscilaron entre 46.000 y 54.000 personas, en medio de un vacío de información estatal.


El informe vincula esa insuficiencia con un deterioro institucional anterior al sismo: altos niveles de corrupción, un sistema hospitalario que operaba al 40% de su capacidad quirúrgica, una red sísmica reducida de unas 300 estaciones a solo cuatro operativas y una flota aérea pesada cuya disponibilidad efectiva no quedó demostrada.

El informe de Transparencia Internacional en el Exilio analiza lo ocurrido en las horas posteriores a los terremotos y la respuesta del Estado.

Llegó del exterior

La ayuda internacional terminó cubriendo áreas decisivas. Además de los rescatistas especializados, India desplegó un hospital de campaña con quirófanos, cuidados intensivos y oxígeno; Naciones Unidas instaló tres hospitales en La Guaira; y organizaciones extranjeras aportaron infraestructura médica de emergencia. La sociedad civil y el sector privado también asumieron tareas de remoción de escombros, acopio, asistencia y verificación de información.


Transparencia Venezuela en el Exilio advierte que el riesgo de corrupción no termina con la emergencia. La reconstrucción, aún sin costo definitivo, pero con daños estimados en más de 37.000 millones de dólares, podría concentrar mayores riesgos cuando disminuyan la atención pública y la presión internacional.


Por ello, la organización exige aplicar la Prioridad 2 del Marco de Sendai, fortalecer la gobernanza del riesgo de desastres, publicar un registro auditable de fondos y ayudas recibidas, incorporar veeduría de sociedad civil y organismos multilaterales, y establecer cláusulas de transparencia en cualquier convenio de reconstrucción.

Venezuela logró desplegar efectivos civiles y militares pero no fueron significativo los rescatistas.

Datos que no cuadran 

El informe de Transparencia Internacional ubica el problema antes del desastre: en la debilidad institucional. Según el documento, la falta de transparencia y la corrupción no responden a una escasez de recursos, sino a un deterioro previo. Venezuela, pese a tener las mayores reservas petroleras del mundo, aparece peor evaluada en corrupción que Haití.


Ese deterioro se reflejó en áreas críticas: el sistema hospitalario operaba apenas al 40% de su capacidad quirúrgica; la red sísmica de Funvisis, que llegó a tener unas 300 estaciones, quedó reducida a cuatro operativas; y la flota aérea de transporte pesado, adquirida por miles de millones de dólares, no mostró evidencia clara de disponibilidad real.


La respuesta inicial del Estado fue lenta, limitada y marcada por cifras inconsistentes. En las primeras 24 horas se movilizaron 4.000 funcionarios, el 12,6% del total declarado. El máximo despliegue oficial, 31.837 efectivos, llegó el día 18, cuando ya había pasado la ventana crítica de rescate de 72 horas.


Las contradicciones aparecieron desde el inicio. El 2 de julio, Delcy Rodríguez habló ante la prensa internacional de 14.000 personas desplegadas, pero también mencionó 11.000 funcionarios, una diferencia que expuso la fragilidad del registro oficial.

Un rescatista en pleno desempeño de salvar vidas.

Con sus manos

Agrega el informe que en el terreno, vecinos y voluntarios removieron escombros con sus propias manos durante las primeras 24 a 48 horas, sin maquinaria pesada y con una presencia estatal apenas visible en el periodo decisivo para salvar vidas.


El rescate urbano especializado, conocido como USAR, dependió principalmente de la asistencia internacional. La mayoría de los sobrevivientes salió por autoevacuación o rescates locales en las primeras 48 horas; después, la búsqueda quedó en manos de un contingente extranjero que alcanzó 3.600 rescatistas especializados.


No consta una capacidad USAR nacional equivalente. La propia Presidencia encargada reconoció que la ayuda provino de la comunidad internacional, mientras denuncias ciudadanas describieron edificios sin atención y vecinos extrayendo víctimas por sus medios.


La magnitud de los daños también quedó en disputa. El balance oficial de 856 edificaciones afectadas quedó por debajo de las estimaciones independientes: 1.054 edificios según Copernicus, 10.510 según modelos de Microsoft y 58.870 mediante radar de la NASA. Las cifras de damnificados, 15.866 primero y 12.841 después, contrastaron con registros ciudadanos de entre 46.000 y 54.000, sin que el Estado ofreciera datos de desaparecidos.

La distribución temporal de la ONG ilustra la ventana dorada del rescate.

Los rescates

En “La ventana dorada del rescate”, Transparencia Internacional usa el caso de La Guaira para medir la brecha del rescate especializado. De 19.861 sobrevivientes, entre 13.400 y 13.500 se autoevacuaron; otros 6.462 fueron rescatados por equipos.


El dato central es que cerca del 83% de los rescates con vida realizados por equipos ocurrió en los dos primeros días, cuando el componente internacional aún no estaba plenamente operativo y la capacidad nacional especializada era mínima.


Los primeros equipos internacionales, que fueron de El Salvador, México y República Dominicana, llegaron el 26 de junio, al cierre del segundo día. Para el 27, OCHA reportaba unos 27 equipos y más de 2.200 efectivos USAR, además de 140 perros de búsqueda.


Para entonces, la mayoría de los rescates con vida en La Guaira ya se había producido: quedaban unos 350 casos adicionales frente a 5.380 registrados en los dos días iniciales, según reconoció el gobernador José Alejandro Terán.


Los datos apuntan a una conclusión: el salvamento dependió sobre todo de la autoevacuación y del rescate local temprano, no de una capacidad USAR nacional desplegada a tiempo.


La evidencia revela dos brechas: una movilización general lenta y una capacidad de rescate especializado casi ausente durante las primeras 72 horas, suplida tarde por el esfuerzo internacional.


Venezuela logró desplegar efectivos civiles y militares, pero no aparece una cifra nacional identificable de rescatistas USAR especializados. Ese componente fue aportado casi en su totalidad desde el exterior.

La mayor organización para salvar vidas y apoyo a las víctimas en las primeras horas fue de la ciudadanía.

Asistencia médica

La sustitución internacional también alcanzó la fase médica, dice el informe de Transparencia Venezuela en el Exilio. La Operación Amistad de la India trasladó en dos aviones C-17 un hospital de campaña con quirófanos, cuidados intensivos, generación de oxígeno y capacidad para atender hasta 200 pacientes, junto con 41 efectivos y más de 35 toneladas de suministros.


“Que esa capacidad quirúrgica y crítica llegara desde un país situado a 14.000 kilómetros ilustra, también en salud, la dependencia externa observada en el rescate”.


En La Guaira, Naciones Unidas instaló tres hospitales de campaña. Estados Unidos montó otro centro de emergencias, operado por Samaritan’s Purse, con dos quirófanos, 56 camas, cuidados intensivos, farmacia y laboratorio.


La diferencia es clave: movilizar tropas y civiles para seguridad, logística o remoción de escombros no equivale a disponer de equipos USAR clasificados, con formación, perros y tecnología para localizar sobrevivientes bajo estructuras colapsadas.


Venezuela mostró lo primero y careció de lo segundo. “El rescate especializado internacional empezó a llegar después de las 48 horas y se consolidó entre los días 4 y 6, cuando la mayoría de los rescates con vida ya había ocurrido”.


La dependencia fue admitida por el propio Estado: al noveno día, la presidenta interina reconoció que la ayuda había llegado de la comunidad internacional y de El Salvador.


El mayor aporte de un solo país provino de Estados Unidos, que comprometió más de 300 millones de dólares e incluyó cuatro equipos USAR Tipo I, más de 300 rescatistas y 23 perros.


El sector privado y la sociedad civil también cubrieron carencias estatales. Ante la falta de maquinaria pesada, las cámaras Venezolana de la Construcción y Petrolera, con apoyo de CAF, enviaron excavadoras, retroexcavadoras, topadoras, palas y grúas hacia La Guaira desde más de 460 kilómetros. “El sector privado de Venezuela reemplaza la carencia del Estado”, dijo la prensa.

El mayor aporte de un solo país provino de Estados Unidos.

La ciudadanía respondió

Ante el desabastecimiento de insumos medicinales de 37%, la respuesta del Estado fue insuficiente, dice el informe. Plataformas independientes para organizar la ayuda partieron de la ciudadanía, como terremoto.hazlohoy.org que coordinó cientos de voluntarios y más de un centenar de solicitudes de asistencia activas. “Directorios como centrosdeacopiove.com mapearon los centros de acopio, para canalizar donaciones de medicinas, agua y alimentos”. 


Destaca Transparencia que la densidad de esa autoorganización quedó registrada en directorios ciudadanos: “la plataforma TerremotoVE llegó a contabilizar 127 iniciativas ciudadanas de información, que incluye localización y reporte de desaparecidos, reporte de daños estructurales de edificaciones, verificación de datos, entre otras”.


También el directorio de emergencia de la app Yummy listó 153 puntos de acopio, atención médica y ayuda comunitaria en Caracas, Aragua y La Guaira, lo cual contrasta con los 3 centros de acopio oficiales informados por la presidenta interina en rueda de prensa del 2 de julio.


“La ayuda se pedía y se conseguía por redes sociales y mensajería, no a través de un canal estatal: el Estado no la garantizó”, afirma Transparencia en el Exilio.


Una experta analiza la estrategia de EEUU hacia Venezuela tras la captura de Maduro

  La internacionalista María Alejandra Aristeguieta considera que la crisis obliga a revisar fórmulas de cooperación más profundas con Washi...