miércoles, 15 de abril de 2026

Citgo, atrapada entre una tregua judicial y un vacío político que amenaza el activo más importante de Venezuela en el exterior

La suspensión del caso Stansell en Nueva York evidencia una transición inconclusa que mantiene en el limbo la defensa de la estatal petrolera


Sebastiana Barráez/ miércoles 15 de abril 2026
@SebastianaB
Tomado de Infobae

Citgo fue recuperada en su totalidad por CAPA y la Junta ad hoc de Pdvsa

Una suspensión judicial aprobada en Nueva York reabre el debate sobre quién defiende hoy los activos de Venezuela en Estados Unidos, en medio de una inédita falta de coordinación institucional, causada por el reconocimiento de la administración Trump de Delcy Rodríguez como presidenta de Venezuela. Citgo, el activo más valioso de Venezuela en el exterior, queda atrapado en una indefinición política y legal de alto riesgo, mientras los órganos creados por la Asamblea Nacional de 2015 continúan solos y sin recursos suficientes en la defensa de litigios millonarios.


El 3 de abril de 2026, en el marco del caso Stansell ante el Tribunal de Distrito de Nueva York, la junta ad hoc de PDVSA propuso a la representación de Delcy Rodríguez una suspensión del proceso. Ambas partes acordaron entonces presentar una solicitud conjunta para pausar el litigio durante 45 días, petición que fue aprobada por la Corte, le dijeron a Infobae fuentes consultadas. 

Delcy Rodríguez en una visita en la Planta de José con inversores chinos, el entonces ministro de Petróleo Manuel Quevedo y el presidente de Citgo Asdrúbal Chávez

Tras conocerse esta decisión, algunos medios informaron que el gobierno venezolano y la oposición estarían en condiciones de cooperar para proteger los activos del país en Estados Unidos. Sin embargo, hasta el momento, el gobierno interino de Delcy Rodríguez no ha establecido contacto con la Asamblea Nacional de 2015 ni con la junta administradora ad hoc de PDVSA. Tampoco ha solicitado información sobre las estrategias legales en curso, la identidad de los abogados que llevan los casos ni los mecanismos de coordinación para la eventual transferencia de litigios valorados en miles de millones de dólares.


Mientras tanto, los órganos creados por la Asamblea Nacional de 2015, entre ellos el Consejo de Administración de Protección de Activos (CAPA) y la junta ad hoc de PDVSA, están legalmente obligados a continuar la defensa judicial de los procesos en marcha. La normativa les impide rescindir contratos con los equipos legales o abandonar los litigios, especialmente aquellos que tienen audiencias y actuaciones previstas en los próximos días, como el juicio relacionado con la nulidad de los Bonos PDVSA 2020.

En medio de una campaña el régimen venezolano pedía a gritos a devolución de Citgo. Maduro la empeñó en su totalidad

Cabe destacar que tanto el CAPA como la junta ad hoc de PDVSA designaron ante el Departamento de Estado de Estados Unidos a los funcionarios responsables de atender estos litigios. Ahora, dichos órganos deben coordinar una eventual entrega de responsabilidades a Rodríguez, quien, según fuentes vinculadas al proceso, no ha asumido ni la conducción de los casos, ni los elevados costes legales, ni el impacto político que supondría una eventual pérdida de las demandas.


En este contexto, Rodríguez Gómez tampoco ha reclamado formalmente la administración de Citgo, una decisión que podría estar vinculada a consultas con el Gobierno estadounidense sobre la aceptación de determinados directores y sobre la continuidad del régimen de supervisión de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC).

La administración Trump reconoce a Rodríguez como presidente y crea un impacto sobre los juicios contra bienes de Venezuela en el exterior

Citgo, considerada el principal activo externo de Venezuela, está valorada entre 14.000 y 18.000 millones de dólares. La empresa dispone de más de 2.500 millones de dólares en efectivo, no ha repartido dividendos en los últimos siete años, carece de deudas significativas y opera al 100 % de su capacidad, incluso en medio de la actual crisis energética derivada del conflicto en Irán.


En 2019, el Gobierno de Nicolás Maduro dejó a Citgo completamente comprometida como garantía. Hoy, la compañía se encuentra plenamente recuperada tanto en lo operativo como en lo financiero. No obstante, fuentes cercanas al caso advierten que el expresidente estadounidense Donald Trump podría no haber calibrado el impacto que tendría para el patrimonio venezolano devolver el control de Citgo a quienes fueron acusados de desfalcar los recursos de la empresa y encarcelaron a seis de sus directivos.


Actualmente, la Asamblea Nacional de 2015 ya no es reconocida por Estados Unidos como gobierno de Venezuela y carece de los fondos y licencias necesarios para sostener los litigios en curso. Ante este escenario, resulta imperativo alcanzar un entendimiento con Delcy Rodríguez y con los Departamentos de Estado y de Justicia de Estados Unidos, a fin de garantizar la continuidad de la defensa legal de Venezuela y de sus entidades. Todo ello cobra especial relevancia de cara a una eventual reestructuración de la deuda venezolana, un objetivo que, según analistas, solo sería viable en un contexto democrático.

La firma de acuerdos con EEUU no ha resultado en interés sobre la empresa Citgo y los juicios que enfrenta en Nueva York

Bienes en riesgo

La mayoría de los argumentos legales empleados en los tribunales estadounidenses para proteger los activos de Venezuela en ese país se han sustentado en la premisa de que Nicolás Maduro ejerce el poder de forma ilegal e ilegítima. 


Ese planteamiento, sin embargo, se ve comprometido a raíz del reconocimiento por parte de Estados Unidos de Delcy Eloína Rodríguez Gómez, una figura central del régimen de Maduro y producto directo de un entramado de ilegalidad institucional.


La contradicción adquiere especial relevancia en los litigios iniciados por víctimas de las guerrillas colombianas de las FARC y el ELN contra el Estado venezolano. En esos casos, los demandantes han logrado embargos sobre activos de Petróleos de Venezuela (PDVSA), el Banco Central de Venezuela, el Banco de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Banfanb) y el Banco de Desarrollo Económico y Social de Venezuela (Bandes). 


La principal línea de defensa ha sido que estas instituciones no actúan como instrumentos de los grupos guerrilleros, ni del propio Maduro, ni del denominado Cartel de los Soles.


No obstante, el eventual reconocimiento de Maduro como presidente y el Delcy Rodríguez como su vicepresidenta, debilitaría de forma sustancial la estrategia jurídica. De producirse ese escenario, dicha defensa perdería fundamento, lo que abriría la puerta no solo a la consolidación de los embargos, sino también a miles de reclamaciones indemnizatorias por parte de víctimas del régimen de Maduro y del círculo de poder encabezado por los Rodríguez, dirigidas contra el Estado venezolano y sus empresas públicas.


Una situación similar se presenta en el litigio vinculado a los bonos PDVSA 2020, cuya garantía recae sobre el 50,1 % de las acciones de Citgo Holding. En ese caso, PDVSA ha sostenido que los contratos fueron suscritos por Maduro sin la autorización previa de la Asamblea Nacional elegida en 2015, considerada la única instancia legislativa legal y legítima. El reconocimiento de Maduro invalidaría este argumento y dejaría a la petrolera estatal sin su principal defensa.


Otro frente judicial es el caso de la minera canadiense Crystallex, en el que se discuten actuaciones tanto del gobierno de Maduro como de PDVSA. En ese contexto, la paradoja jurídica se acentúa: la única alternativa para sostener determinadas defensas sería que Rodríguez Gómez admitiera que el propio gobierno del que es vicepresidenta es inconstitucional, una hipótesis que resulta poco probable.

La politización de la empresa PDVSA en Venezuela la llevó a una grave crisis

Dónde se inicia

El 12 de enero de 2026, la jueza Sarah Netburn, a cargo de demandas y solicitudes de embargo interpuestas por víctimas de actos terroristas contra PDVSA, la República Bolivariana de Venezuela y otras entidades estatales, emitió una orden en la que solicitó al Gobierno de Estados Unidos una declaración de interés. El objetivo era determinar a qué autoridad considerar como Gobierno reconocido de Venezuela tras la denominada Operación Resolución Absoluta, ejecutada el 3 de enero de ese mismo año.  


La magistrada buscaba así aclarar qué equipo legal está facultado para representar a determinadas entidades estatales venezolanas, en medio de disputas sobre la representación legítima surgidas en el marco del caso presentado por la viuda del exconcejal Fernando Albán, “Alban Osio contra Maduro Moros”, entre la firma White & Case LLP, representante de la Asamblea Nacional y de PDVSA ad hoc, así como de dos despachos: Kellner Herlihy Getty & Friedman LLP y Leon Cosgrove Jiménez LLP, que dicen representar a las mismas entidades venezolanas.


Pero también alcanzó los casos Stansell vs FARC, Pescatore vs Ovidio Ricardo Palmera Pineda, Caballero vs FARC, referente a las reclamaciones contra Valero-Petrocedeño- y Alban Osio, vs Maduro.


La Corte requirió en dos ocasiones la respuesta oficial. El Departamento de Justicia de Estados Unidos solicitó una prórroga para presentar la declaración de interés, alegando la necesidad de realizar consultas con los departamentos de Estado y del Tesoro. La solicitud fue aceptada y el plazo definitivo vencía el 11 de marzo de 2026.  


En un escrito del 10 de marzo el Departamento de Justicia remitió una breve declaración de interés acompañada de una carta firmada por Michael Kozak, jefe de la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado, en la que se reconoce a Delcy Eloína Rodríguez Gómez como jefa de Estado de Venezuela.  


En la comunicación, dirigida al fiscal Jay Clayton, Kozak reiteró que Estados Unidos desconoce a Nicolás Maduro como presidente de Venezuela y ratificó el reconocimiento de Juan Gerardo Guaidó Márquez como presidente interino durante el periodo 2019-2022, así como a la Asamblea Nacional electa en 2015, a la que calificó como “la última institución democrática que quedaba en Venezuela” a partir de 2023.  


No obstante, el funcionario añadió que, tras la captura de Nicolás Maduro Moros, el Gobierno estadounidense ha centrado sus esfuerzos en promover la estabilidad del país, apoyar su recuperación económica y avanzar en un proceso de reconciliación política. En ese contexto, el 5 de marzo de 2026, Estados Unidos anunció la normalización de las relaciones con Venezuela, reconociendo a Delcy Rodríguez como presidenta interina.

Los seis gerentes de Citgo que fueron detenidos por el régimen de Maduro y posteriormente canjeados con EEUU

Impacto sobre los juicios

Es entonces cuando, el 7 de marzo 2026, en la Cumbre Escudo de las Américas, el presidente Donald Trump anuncia que EEUU reconoció a “Delcy Rodríguez como único Jefe de Estado, capaz de actuar en nombre de Venezuela”.


Esa decisión trae consigo consecuencias legales porque los litigios contra la República y/o PDVSA ante las Cortes de los EEUU ha sido reconociendo al gobierno interino y de la AN de 2015, basado en que quien ejerce el cargo de presidente reconocido por EEUU tiene la autoridad para designar abogados en representación de la República. 


En 2025, el caso de los Bonos 2020 marcó un precedente al reconocer de manera explícita a la Asamblea Nacional elegida en 2015 como la autoridad legítima de Venezuela, otorgándole la capacidad de designar a los abogados que representarían al país ante los tribunales de Estados Unidos. 


Según una fuente consultada por Infobae, esta postura de la administración estadounidense implica que la facultad de representar a la República en los procesos judiciales en EEUU y de nombrar a los representantes legales recaería en Delcy Rodríguez, así como en el Procurador General designado por su gobierno.


Asimismo, se destaca que la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA), con sede en Caracas y bajo la dirección de los hermanos Rodríguez Gómez, está habilitada para gestionar licencias ante la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), designar juntas directivas, incluida la de CITGO, y nombrar a los abogados encargados de los litigios que enfrenta actualmente la PDVSA ad hoc, es decir, la entidad designada por la Asamblea Nacional de 2015.


https://www.infobae.com/venezuela/2026/04/15/citgo-atrapada-entre-una-tregua-judicial-y-un-vacio-politico-que-amenaza-el-activo-mas-importante-de-venezuela-en-el-exterior/


domingo, 12 de abril de 2026

Denuncian que un comandante venezolano detenido hace 17 meses es sometido a tratos “inhumanos” en prisión


 La familia de Darwin Rigoberto Sanabria León afirma que las autoridades no han informado sobre su paradero ni resuelto peticiones legales presentadas desde hace más de un año


Sebastiana Barráez/ domingo 12 de abril 2026
@SebastianaB
Tomado de Infobae

El teniente coronel (GNB) Darwin Rigoberto Sanabria León, era el Comandante de Apoyo Aéreo en Amazonas cuando fue detenido en noviembre de 2024

El 24 de noviembre de 2024, el teniente coronel (GNB) Darwin Rigoberto Sanabria León y diez oficiales más, fueron detenidos en Amazonas, por orden de un Tribunal Militar, acusados de presuntamente permitir el ingreso de aeronaves procedentes de Brasil a la Base de Protección Fronteriza Cerro Carlos Delgado Chalbaud. Familiares de Sanabria le dijeron a Infobae que el oficial ha sido trasladado de los centros de reclusión, sin que se conozca su paradero exacto. “Darwin ha recibido maltrato físico y psicológico, al punto de atentar contra su propia vida”.


La familia también denunció que el oficial fue recluido en la cárcel militar de Ramo Verde en febrero de 2025 y posteriormente trasladado al centro penitenciario de El Rodeo, sin que se les haya informado oficialmente si continúa allí o si fue nuevamente movido. Afirman que, en reiteradas ocasiones, no dispone de alimentos, cama ni agua para su aseo personal. “Se trata de un proceso inhumano al que ha sido sometido”, señalaron. 


Adicionalmente, los allegados indicaron haber recibido información según la cual Darwin Sanabria habría permanecido varios días en una celda de castigo. Denuncian la paralización del proceso judicial, al afirmar que los militares no han sido juzgados ni sentenciados y que el caso permanece estancado. 

La Base de Protección Fronteriza Cerro Carlos Delgado Chalbaud

La familia ha reiterado la solicitud de avocamiento para que se revise el expediente y se individualicen las responsabilidades, pero dicha petición permanece engavetada desde hace más de un año, sin respuesta alguna por parte de las autoridades competentes.


Fueron en total once militares los arrestados en noviembre 2024 en Amazonas en el marco de este caso. Entre los detenidos figuran el general de brigada Rafael Simón García Fernández, comandante de la Zona Nº 63; el coronel Euclides Rafael Gómez Salazar, segundo comandante y jefe del Estado Mayor; el teniente coronel Darwin Rigoberto Sanabria León, comandante de Apoyo Aéreo; y el mayor José Gregorio Santana Olivo, jefe de la División de Mantenimiento y Orden Interno.  


Asimismo, fueron privados de libertad los primeros tenientes Luis Gerardo Pérez Mendoza, jefe de Comandos Rurales; Jhon Kenner Buitrago Jaimes, jefe del Destacamento de Comandos Rurales 63-2 y comandante del Destacamento de Seguridad Urbana; así como los sargentos Ángel Alexis Barreto Pérez, Keibi Adrián Verenzuela Sandoval, Elvis Josué Pérez Salas y Antonio José Gutiérrez. 


De acuerdo con los familiares de Sanabria León, la mayoría de los detenidos “permanece en la cárcel y en el olvido”. Sostienen que la Fiscalía Militar instruye un único expediente para todos los implicados, imputándoles los mismos cargos, independientemente de su grado de responsabilidad o inocencia.


La detención

El 24 de noviembre de 2024, el teniente coronel Darwin Rigoberto Sanabria León, entonces comandante del Destacamento de Apoyo Aéreo N.º 63 de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), acudió a una reunión convocada por el general de brigada José Ruiz Muñoz, comandante de la Zona GNB N.º 63. Durante el encuentro, Sanabria León fue informado de una orden de aprehensión en su contra, emitida por el capitán Jorge Daniel Cedeño, juez militar octavo de control.

De esta instalación militar, Comando de Zona de la GNB en Amazonas, se llevaron detenidos a los oficiales imputados por supuestamente permitir que una aeronave br

La investigación que derivó en su detención se originó a partir de la nota informativa N.º 0285-24, emitida el 20 de noviembre de 2024, por el Grupo Antiextorsión y Secuestro (GAES) N.º 63 Amazonas, y suscrita por el teniente coronel José Ángel Romero Cuamo. El documento indica que, el 15 de noviembre, mediante entrevistas y análisis de registros telefónicos, se habría detectado que personal militar destacado en la Base de Protección Fronteriza Cerro Delgado Chalbaud presuntamente brindó seguridad a mineros ilegales a cambio de material aurífero.

El puesto fronterizo Delgado Chalboud

De acuerdo con la investigación, a uno de los efectivos que participó en un relevo fronterizo se le habría hallado un video en el que se observa una aeronave negra de ala rotatoria, sin matrícula visible y presuntamente procedente de Brasil, aterrizando y despegando de dicha base. En las imágenes también se aprecia la presencia de dos hombres armados con indumentaria alusiva a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.


El Tcnel. Darwin Rigoberto Sanabria León fue trasladado, el 26 de noviembre 2024, al Tribunal de Primera Instancia Militar Octavo de Control del Circuito Judicial Penal Militar de Puerto Ayacucho; el fiscal militar, Cap. Martín Grimón Guipe, lo imputó por presunta Traición a la Patria, Ultraje a la FANB, Contra la Seguridad de la Fuerza Armada, Desobediencia Agravada y Abuso de Autoridad

En este lugar está la instalación militar en la que habría aterrizado y despegado la aeronave

El 11 de enero de 2025, la Fiscalía presentó formalmente el escrito acusatorio. Posteriormente, en la audiencia preliminar celebrada el 5 de febrero 2025, el juez Jorge Daniel Cedeño admitió la acusación y ordenó el inicio del juicio.


La carrera

El teniente coronel Darwin Rigoberto Sanabria León egreso de la EFOFAC en el 2005 de la II Promoción Toma de Puerto Cabello, y un par de años después del XXV Curso de Piloto Aviador. Su carrera la ha desarrollado en los estados fronterizos.


Desde el 2007 estuvo en zona fronteriza en los estados Bolívar y Amazonas, como tripulante en las misiones de Vuelo para relevos de las Bases de Protección Fronteriza y Bases de Seguridad Territorial: San Juan de Manapiare, San Fernando de Atabapo, La Esmeralda, Santa Bárbara del Amazonas, Parima B, San Carlos de Río Negro, Buena Vista del Meta, San Carlos del Meta, Cararabo del Meta. 


Fue piloto al mando de las misiones de Vuelo como Aeroambulancia en los fronterizos estados Apure y Zulia. Entre el 2010 al 2018 tripulante de las Misiones de Vuelo a órdenes de los comandantes Generales Freddy Alonzo Carrión, Luis Alfredo Motta Domínguez, Richard Jesús López Vargas y Néstor Luis Reverol Torres. También de los ministros de Defensa Carlos Mata Figueroa, Carmen Teresa Meléndez Rivas y Vladimir Padrino López. Y del entonces Comandante Estratégico Operacional, Almirante Remigio Ceballos Ichazo.


Desde el 2020 al 2023 fue comandante de Apoyo Aéreo Paramillo en San Cristóbal, en el fronterizo estado Táchira. De ahí pasa a ser, hasta su detención, comandante del Destacamento de Apoyo Aéreo Nro. 63, Puerto Ayacucho, del fronterizo estado Amazonas.


Autorizan desde Caracas

El Tcnel. Darwin Rigoberto Sanabria León fue designado, desde el 9 de septiembre 2023, según Resolución Nro 052532 del Ministerio de la Defensa, comandante del Destacamento de Apoyo Aéreo Nro. 63 de la Guardia Nacional Bolivariana, ubicado en la Base Aérea “GJ. José Antonio Páez”, municipio Atures, estado Amazonas.

La GNB fue puesta bajo escrutinio en el fronterizo estado Amazonas, uno de los estados de explotación del oro

Jenny Franchesca Ruiz de Sanabria, esposa del oficial dice, en un documento enviado a la Guardia Nacional, que el Tcnel. Darwin Sanabria León no tenía autonomía para planificar ni ejecutar vuelos militares por iniciativa propia. Explicó que cualquier traslado debía ser notificado a los superiores en Caracas y que solo tras la debida autorización se procedía a la asignación de la aeronave y la tripulación correspondientes.


Destacó además que, dentro de la estructura organizativa de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), Sanabria León, en su condición de jefe del Destacamento de Apoyo Aéreo N.º 63, no dependía del Comando de Zona para impartir órdenes al personal. En ese sentido, sostuvo que no tenía facultades para designar efectivos en los relevos fronterizos, ni estaba autorizado a abordar las aeronaves durante esas operaciones o a trasladarse a las bases, mucho menos a ausentarse de su comando dejando de supervisar las operaciones aéreas.


Ruiz de Sanabria también subrayó que la Base de Protección Fronteriza Cerro Delgado Chalbaud carece de control radar por parte del Estado venezolano y no dispone de señal telefónica, contando únicamente con conexión mediante wifi portátil.


Aseguró que el Tcnel. Sanabria León no participó en actividades de minería ilegal y que no existe ningún elemento que permita presumir su vinculación con los hechos.


Los delitos imputados

En el caso que involucra al teniente coronel Darwin Sanabria, el proceso judicial alcanza a un total de diez imputados, a quienes la Fiscalía atribuye los mismos cinco delitos. Sin embargo, estas acusaciones son rechazadas por su esposa, Jenny de Sanabria, quien cuestiona la solidez de los señalamientos.

El General de Brigada Rafael Simón García Fernández fue el oficial de más alto rango detenido en el grupo de los once militares

Respecto al presunto delito de traición a la patria, Ruiz de Sanabria sostiene que la acusación no especifica cuál habría sido la conducta concreta atribuida a su esposo. Según explica, el Ministerio Público se limita a señalar que el oficial supuestamente participaba en actividades de minería ilegal en el cerro Delgado Chalbaud, lugar donde presuntamente ocurrieron los hechos, sin aportar testigos ni pruebas que demuestren su traslado al sitio o su vinculación directa con dichas actividades. Además, afirma que el expediente fiscal tampoco detalla cuál habría sido el supuesto beneficio obtenido.


Sobre el delito de ultraje a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), la Fiscalía asegura que Sanabria recibía presuntamente, durante cinco días de cada mes, un 20 %, sin precisar de qué concepto, en un sector adyacente a la Base de Protección Fronteriza del cerro Delgado Chalbaud. No obstante, según su esposa, durante las actuaciones no se le encontró grama alguno, dinero ni otros elementos que respalden esa versión.


En cuanto al delito contra la seguridad de la Fuerza Armada, afirma que no existe constancia de que el oficial haya revelado órdenes, consignas, documentos o información clasificada o reservada de la institución militar.


El Ministerio Público argumenta que Sanabria conocía los riesgos a los que se expone el personal militar desplegado en el relevo fronterizo y que habría permitido el ingreso de aeronaves ajenas a la Fuerza Armada. Frente a ello, su esposa aclara que el teniente coronel no desempeñaba funciones en esa zona de seguridad ni ordenó el traslado de funcionarios al lugar.


Finalmente, no comprende cómo su esposo es imputado por desobediencia agravada y abuso de autoridad, sin prueba alguna de que haya ordenado a personal militar trasladarse a la Base de Protección Fronteriza. Añade que en el material audiovisual al que se refiere la Fiscalía no van a encontrar participación alguna del oficial, ya que “nunca estuvo en dicha zona”.


https://www.infobae.com/venezuela/2026/04/12/denuncian-que-un-comandante-venezolano-detenido-hace-17-meses-es-sometido-a-tratos-inhumanos-en-prision/


viernes, 10 de abril de 2026

Detención y torturas: el perturbador relato de un padre sobre su hijo detenido por el “Caso Cadetes”


Diego José Mejías González fue excarcelado bajo amenazas y obligado a guardar silencio. Su hijo, Diego Mejías Sierra, permanece recluido en la cárcel Rodeo I


Sebastiana Barráez/ viernes 10 de abril 2026
@SebastianaB
Tomado de Infobae

Los Mejías Sierra fueron secuestrados y torturados por funcionarios del DGCIM fuertemente armados

Tras casi un año de encierro, torturas y tratos degradantes en manos de la DGCIM, en el denominado “Caso Cadetes”, Diego José Mejías González fue excarcelado bajo amenazas y obligado a guardar silencio. Su hijo, Diego Mejías Sierra, permanece recluido en la cárcel Rodeo I, tras ser excluido del proceso de amnistía otorgado al resto de los implicados en la causa. Relata a Infobae la aterradora experiencia que vivió tras los muros del penal y la lucha por la libertad de su hijo. El Rodeo I está desde anoche en una situación de alta tensión, por la protesta de reclusos extranjeros.


La madrugada del 3 de enero 2026, los reclusos del Rodeo I escucharon, durante dos horas, explosiones a lo lejos. Después llegó un silencio tenso, interrumpido por conversaciones nerviosas entre los custodios. El penal entró en alerta máxima; se reforzó la seguridad con tropas adicionales, se instalaron armas calibre .50 en los techos y la bandera fue izada a media asta. 


Las visitas y el servicio médico fueron suspendidos; se restringió la comida, se silenciaron los altavoces y comenzaron amenazas directas contra los internos. Funcionarios advertían que los usarían como rehenes políticos y ejecutados si “los gringos” intervenían.


Las visitas se reactivaron el sábado 9 de enero. Los familiares, sin miedo, les informaron lo ocurrido en la Operación Resolución Absoluta y la extracción de Nicolás Maduro y Cilia Flores de territorio venezolano. 


“Exigimos la libertad inmediata y protestamos. El 15 de enero nos amenazaron por lo que las protestas cesaron, pero siguió un periodo de profunda ansiedad y desesperación”, narra Diego González Mejías.

Padre e hijo Diego José González, estuvieron juntos durante un año hasta que Diego Mejías González salió luego de la Operación Resolución Absoluta

El 27 de enero, un custodio irrumpió con premura en la celda para colocarle las esposas y le cubrió el rostro con una capucha. Un jefe de régimen pronunció su nombre en voz alta y anunció su libertad. “Abracé a mi hijo como nunca. Lloramos inconsolablemente. Nos despedimos. Fue desgarrador dejarlo allí”, recuerda.


Los excarcelados de ese día fueron conducidos a un área donde les ordenaron desnudarse y elegir, entre montones de ropa acumulada, algunas prendas para vestirse. Les raparon el cabello y los trasladaron a un estacionamiento para fotografiarlos. Antes de la salida, el director del penal, conocido como Paterel, se despidió y los entregó a funcionarios de la DGCIM, quienes los trasladaron a la sede de Boleíta, en Caracas.


El grupo estaba integrado por 22 personas: 17 venezolanos, dos peruanos y tres hondureños. En la DGCIM, fueron sometidos a nuevos procedimientos de identificación. “Nos entrevistaron, nos volvieron a desnudar y nos tomaron fotos”, explica. Les entregaron la boleta de excarcelación y el documento del régimen de presentación cada 15 días ante tribunales de terrorismo en Caracas.


Fueron obligados a firmar un documento que debían leer en voz alta mientras eran grabados en video, declarando que no habían sido maltratados ni actuarían contra el Gobierno ni contra los funcionarios de seguridad, que no ofrecerían entrevistas ni declaraciones públicas y que no podían salir del país.


A las seis de la tarde fueron liberados, sin documentos personales, dinero ni teléfonos móviles. “Salimos con miedo, caminando rápido. Cuando logramos salir del perímetro, unas personas que la divinidad puso en nuestro camino nos prestaron sus teléfonos. Lloraron con nosotros”, recuerda.


El 23 de febrero, mientras los cadetes detenidos recuperaban su libertad, el joven Diego José quedó recluido en el Rodeo I. Fue entonces cuando su padre inició una campaña pública para exigir su liberación. Su madre, Mireya Sierra, al igual que otros familiares de presos políticos, se apostó frente a la cárcel en señal de protesta. “A mi hijo y a mí nos negaron la Amnistía”, denuncia Mejías González.

La madre, madre de Diego, se aposto desde hace meses al frente al Rodeo pidiendo libertad para su hijo

El inicio de la pesadilla

Hace una década, el deterioro político y social del país, marcado por la ideologización, el control estatal, la represión y la destrucción de sectores clave como el educativo, impacta de forma directa en la vida de Diego Mejías Sierra (23 años). 


Así lo relata, en la conversación con Infobae, su padre, Diego José Mejías González (54), aseverando que su hijo fue testigo de la emigración de primos y amigos, el colapso del sistema educativo, persecución de compañeros cercanos, encarcelamientos e incluso muertes.


Esos sentimientos de frustración y descontento llevaron al joven a expresarse en redes sociales, donde entró en contacto con Jesús Pulgar, un cadete de 20 años. A partir de ese intercambio, junto a otros jóvenes, comenzaron a crear escenarios imaginarios en los que fantaseaban con un eventual derrocamiento del gobierno.


Según Mejías González, Pulgar logró sumar a varios cadetes más a ese grupo. Entre 2023 y 2024, mantenían conversaciones a través de Telegram y videojuegos en línea. Sin embargo, el hijo de Mejías se distanció del grupo al iniciar una relación sentimental. “Dejó atrás todo lo que estaba haciendo con los cadetes. Jesús Pulgar sí continuó”, afirma.


El caso dio un giro decisivo el 4 de febrero de 2025, cuando uno de los estudiantes de la Academia Militar denunció al grupo después de que la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) hallara información comprometedora en su teléfono móvil. A partir de ese hallazgo, las autoridades lograron identificar y detener a dos cadetes.


Los jóvenes fueron trasladados inicialmente a una casa de seguridad, que son centro de torturas, adscrita a la Dirección de Asuntos Especiales (DAE) de la DGCIM, bajo la responsabilidad del coronel (GNB) Alexander Enrique Granko Arteaga. La vivienda, ubicada en Chuao, había sido incautada previamente a José Ignacio Moreno Suárez, abogado de la empresa Gold Reserve, detenido el 4 de junio de 2023 y recluido en la cárcel Rodeo I, acusado de “conspiración con gobierno extranjero”.

El coronel (GNB) Alexander Enrique Granko Arteaga, jefe de la DAE, DGCIM

De acuerdo con el testimonio del padre, los primeros detenidos fueron diez cadetes y un menor de edad. “Al adolescente se lo llevan solo por mirar, por pura maldad”, sostiene. Asegura que todos fueron sometidos a torturas hasta que el 7 de febrero de 2025 fueron trasladados a la sede central de la DGCIM en Boleíta, Caracas.


Hasta ese momento, ni Diego Mejías González ni su hijo sabían que la operación estaba en marcha. El 9 de febrero, un domingo, la familia realizaba su rutina habitual cuando se dirigieron a visitar a una tía en Maracay, estado Aragua, sin saber que desde hacía dos días eran seguidos por una camioneta con cinco funcionarios del DAE, quienes los interceptaron.


“Había una confusión porque mi hijo y yo nos llamamos igual y la línea telefónica está a mi nombre, igual que la de otros familiares”, explica. Cuatro agentes descendieron del vehículo portando armas largas. El jefe de la comisión informó que debían llevarse al joven Diego, alegando que su teléfono estaba vinculado a un caso de extorsión contra un alto funcionario del gobierno. A petición del padre, permitieron que los acompañara.


Tras dirigirse al apartamento familiar, un funcionario indicó a la esposa de Mejías González que preparara un bolso. “Dijeron que al día siguiente iríamos a la fiscalía y que el martes seguro nos soltaban”, recuerda.


No fue así. Al abordar la camioneta de la DGCIM, Mejías González asegura que los agentes golpeaban a su hijo. “Ahí empezó el infierno”, dice, porque ambos fueron esposados con amarres de plástico, encapuchados y trasladados desde el estado Carabobo hasta la casa de seguridad en Chuao, Caracas.


Durante casi cuatro días, permanecieron recluidos en un sótano frío e iluminado, con las manos atadas y la cabeza cubierta. “A veces me dejaban sentarme en una silla; a mi hijo no”, denuncia. Solo les permitieron un día quitarse las capuchas y los amarres durante diez minutos para bañarse. Recibían restos de comida y poca agua, y no les permitían dormir.

Diego José Mejías Sierra

Según el testimonio, el joven era sacado cada hora para ser interrogado bajo tortura. “Era espantoso lo que yo sentía cada vez que se lo llevaban”, relata el padre, quien asegura que obligaron a su hijo a firmar documentos bajo amenaza de mutilar a Mejías González; el joven fue obligado a grabar un video afirmando que planeaba un atentado contra Jorge Rodríguez.


El Rodeo I

La tarde del 12 de febrero, padre e hijo fueron trasladados a la sede principal de la DGCIM, para reunirlos con los cadetes detenidos; una hora después lo enviaron a orden del Servicio Especial de Máxima Seguridad (SESMAS) y trasladados a la cárcel Rodeo I, un penal que Diego Mejías González describe como un “campo de concentración”.


El Rodeo forma parte de un complejo penitenciario integrado por tres edificios, marcado por un historial de violencia. En 2006, una masacre dejó 86 presos fallecidos y cerca de 200 heridos. Un año después se registraron otros 51 muertos y 101 heridos. En 2011, nuevos motines provocaron la muerte de al menos 30 reclusos.


Bajo el Gobierno de Nicolás Maduro, Rodeo I fue remodelado y reconvertido en una prisión de máxima seguridad, inaugurada el 18 de febrero de 2024 y adscrita al Ministerio del Servicio Penitenciario, entonces encabezado por la vicealmirante Celsa Sirley Bautista Ontiveros. El centro ha albergado desde entonces a presos militares y civiles, venezolanos y extranjeros.


Mejías González relata que, a su llegada, fueron recibidos por el director del penal, conocido como “Tiburón”, en referencia al teniente coronel (GNB) Carlos Enrique Rincones Serven. “Todos los funcionarios vestidos de negro y con pasamontañas. Nos desnudaron y nos obligaron a ponernos un uniforme azul claro, sucio”, recuerda. Durante la revisión médica, asegura que por primera vez en su vida presentó niveles elevados de tensión arterial.

La remodelación de la cárcel del Rodeo I implicó ser convertida en una prisión de máxima seguridad

Tras el registro digital, fueron conducidos esposados, encapuchados y sentados en el suelo, rodeados de custodios armados con bastones, para una reunión con el director y el subdirector del penal. Allí les advirtieron que, al tratarse de una cárcel de máxima seguridad, las normas y los castigos eran “estrictos”. También les informaron que las celdas eran para dos personas y que serían identificados como PDL (personas privadas de libertad).


Insólitas condiciones

Padre e hijo fueron autorizados a compartir una celda de 3,80 metros por 1,80 metros, de color gris, con piso, paredes y techo rústicos. El espacio contaba con una pequeña ventana enrejada al frente y una puerta metálica blindada. En el centro de la puerta había una abertura de unos 25 por 15 centímetros, por donde les entregaban la comida en recipientes plásticos.

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El interior lo describe como un cajón con estructura de litera. Entre la cama y la pared, había un espacio de aproximadamente un metro cuadrado donde se encontraba la letrina. Sobre ella, un tubo con una llave de cierre rápido servía como único punto de agua: allí debían asearse, bañarse, orinar, lavar los utensilios y la ropa. “Los malos olores eran permanentes, las 24 horas del día”, asegura.


Las celdas no tenían luz eléctrica. La única iluminación provenía del pasillo, que permanecía encendida de día y de noche. Relata la presencia constante de mosquitos, temperaturas extremas, humo procedente de la quema de desechos cercanos y colchonetas usadas, rotas, sucias y malolientes, sin sábanas, cobijas ni almohadas.

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El régimen de dotación era mínimo: un uniforme durante seis meses, dos bóxers, un par de chanclas, un cepillo de dientes y un vaso plástico que se renovaba cada cuatro meses para beber agua, jugo o café. “La cucharilla plástica para comer nunca la cambiaron”, afirma. Cada uno disponía de un botellón de agua de cinco litros, recargado a diario y reemplazado tras ocho meses.


Recibieron además una toalla, un jabón y pequeños sobres de crema dental y desodorante. El afeitado solo fue permitido después de tres meses. “Me tomó nueve meses aprender a afeitarme sin espejo y sin cortarme”, cuenta. El corte de cabello, al ras, se realizaba cada quince días.


El suministro de agua se limitaba a 15 minutos por celda. Cada piso albergaba 24 celdas, todas vigiladas por cámaras con micrófonos. De lunes a jueves, durante hora y media, se transmitía música cristiana evangélica, y el culto religioso era obligatorio todos los días. Además, a alto volumen, se difundían las cadenas presidenciales de Nicolás Maduro, el programa Con el Mazo Dando de Diosdado Cabello y música alusiva al socialismo y al comunismo.


Una inyección para todo

La primera comida que recibieron en la cárcel de El Rodeo I les provocó un cuadro severo de diarrea y vómitos que se prolongó durante tres días. Ante la emergencia, fueron trasladados al área denominada “servicio médico”, cuya atención estuvo a cargo de custodios encapuchados y sin identificación visible. “No llevan registros ni historias médicas. Los medicamentos son traídos de la India y aplican siempre la misma inyección para cualquier dolor, sin explicar qué es”.

Teniente Coronel Carlos Enrique Rincones Serven, alias Tiburón, quien era el Director del Rodeo I

Durante la detención, padre e hijo fueron despojados de todas sus pertenencias personales, entre ellas los lentes bifocales de Diego Mejías González. “Mi hijo me leía y me cortaba las uñas, igual que yo hice cuando él era niño”, cuenta. Ese tiempo forzado de convivencia, asegura, también abrió un espacio de diálogo inédito entre ambos. “Hablé mucho con él. Al final me escuchó de verdad. Es muy inteligente y valioso”, afirma.


Tras 80 días de encierro, el entonces director del penal le entregó unos lentes cosméticos para lectura. Diez días después, comenzaron a permitirles salir dos veces por semana a un patio reducido, de apenas 18 por 12 metros. Allí pudieron interactuar brevemente con otros reclusos, venezolanos y extranjeros, que compartían relatos sobre cómo habían llegado a esa prisión de máxima seguridad.

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A mediados de marzo de 2025 se realizó la presentación judicial de todos los implicados en el denominado “caso de los cadetes”: once estudiantes de la Academia Militar y los civiles Diego Mejías González y su hijo. El expediente quedó en manos de Carlos Enrique Liendo Acosta, juez segundo de Control contra la Corrupción y el Terrorismo. El fiscal Farik Karin Mora Salcedo “montó un caso de película”, elaborado por un capitán de la DGCIM, en el que se afirmó que todos los acusados tenían orden de detención desde el 4 de febrero. Les imputaron seis delitos.

El juez Carlos Enrique Liendo Acosta y el fiscal Farik Karin Mora Salcedo

En mayo y junio, la situación sanitaria dentro del penal se deterioró gravemente. Se registraron brotes masivos de gripe, casos de dengue hemorrágico y diagnósticos de tuberculosis. “Todas las semanas había intentos de suicidio”, relata Mejías González, quien también denuncia castigos especialmente severos en el piso 4 del bloque B: 22 celdas casi completamente selladas, con una única rendija por donde entraba la luz solar.


En ese nivel, asegura, los internos permanecían sin colchonetas, casi desnudos, solo con un bóxer, esposados y sin utensilios para comer. El acceso al agua, tanto para el aseo personal como para beber, estaba restringido. “Si protestaban, los castigaban con golpes de bastón, descargas eléctricas y gas lacrimógeno directamente en el rostro”.


La crisis sanitaria derivó en la destitución del director del penal, el teniente coronel (GNB) Carlos Enrique Rincones Serven “Tiburón”. Antes de abandonar el cargo, relata, ordenó sacar a todos los presos encapuchados y rodeados por custodios armados. “Nos amenazó. A los del piso 2 los golpearon y a los del piso 4 los castigaron porque, a través de grabaciones de las visitas, descubrieron que habían filtrado información sobre los enfermos”.


Tras su salida, Rincones Serven fue sustituido por un funcionario conocido como “Paterel”, quien autorizó las visitas por orden de la DGCIM. El 30 de julio la familia González recibió por primera vez la notificación oficial de visita para el 2 de agosto, confirmando que padre e hijo seguían con vida.


Las visitas se realizan los sábados, durante un máximo de 20 minutos, a través de un acrílico, una malla de acero y un teléfono, bajo la vigilancia permanente de cámaras y custodios posicionados a ambos lados. El cumplimiento de normas estrictas es obligatorio. Cualquier falta implica la suspensión inmediata del contacto.


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