domingo, 5 de julio de 2026

¿Proteger vidas o blindar el poder? El debate sobre la actuación militar ante contextos de desastre en Venezuela


El doble terremoto del 24 de junio no solo dejó una emergencia humanitaria de gran escala en el país. Para el investigador Rodrigo Mijares también abrió una discusión política sobre la visibilidad, las prioridades y los límites de la participación militar en contextos de desastre, especialmente cuando las fuerzas armadas funcionan como sostén de un régimen altamente centralizado. 


Sebastiana Barráez/ domingo 5 de julio 2026
Tomado de Infobae

El debate sobre la actuación militar ante el desastre. (REUTERS/Maxwell Briceño).

El terremoto suele medir la resistencia de los edificios. Pero, en países políticamente tensos, también mide la resistencia de las instituciones. Venezuela lo comprobó tras los dos sismos de magnitud 7,2 y 7,5 registrados el 24 de junio de 2026, una emergencia que obligó a declarar el estado de emergencia nacional y que dejó al descubierto una pregunta central: ¿la respuesta del Estado estuvo orientada, ante todo, a salvar vidas o a preservar el control político?


El profesor e investigador Rodrigo Mijares, articulista de los Papeles del Crem, magíster en Gestión de Logística del Instituto Politécnico de las Fuerzas Armadas de Venezuela, profesor titular de la Universidad Simón Bolívar e investigador invitado del Centro de Investigación y Educación en Derechos Humanos de la Universidad de Ottawa, plantea que la discusión central no se limita al número de efectivos desplegados, sino al tipo de Estado que se hizo visible cuando la ciudadanía necesitaba protección, coordinación y presencia inmediata.

El profesor e investigador Rodrigo Mijares interviene en una presentación académica, con auriculares y vestimenta formal.

La tragedia venezolana, sostiene el investigador, permite formular una hipótesis incómoda: en sistemas donde las fuerzas armadas son pilar central del poder político, la gestión de desastres puede quedar condicionada por la preservación del régimen. Y cuando esa sospecha aparece en medio del dolor, también se convierte en parte de la catástrofe.


Por ello, el investigador ubica el debate en una dimensión institucional: en sistemas políticos altamente centralizados, la respuesta ante una catástrofe puede quedar condicionada por la preservación del régimen antes que por la protección directa del ciudadano.


Los reportes humanitarios difundidos en los días posteriores describieron una crisis humanitaria de gran magnitud: miles de personas afectadas, evacuaciones masivas, hospitales dañados, escuelas comprometidas, viviendas destruidas y equipos nacionales e internacionales desplegados en labores de rescate, atención sanitaria, distribución de agua y alojamiento temporal. En ese escenario, el papel de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana quedó sometido a una lectura que trasciende la logística y entra de lleno en el terreno político.

Las primeras acciones de apoyo y rescate fueron de civiles que se movilizaron desde otras partes del país.

En una catástrofe, la primera respuesta del Estado no solo salva vidas: también revela prioridades. Esa es la lectura que propone el profesor e investigador Rodrigo Mijares al analizar la actuación institucional posterior a los  terremotos que sacudieron Venezuela el 24 de junio de 2026, una emergencia que obligó a decretar el estado de emergencia nacional y expuso, una vez más, la fragilidad de los sistemas de respuesta ante desastres.


Para Mijares, la pregunta de fondo no es únicamente cuántos militares fueron movilizados, sino “qué tipo de Estado se proyectó cuando la sociedad más necesitaba percibirlo como protector”. 


En su criterio, el juicio histórico de una tragedia no queda determinado solo por la magnitud del desastre, sino por la forma en que el poder responde cuando la vida humana está en juego.


Esa respuesta, advierte, incide inevitablemente en la percepción pública sobre quién pudo ser salvado y no recibió apoyo inmediato. “Eso, sencillamente, duele y mucho”, dice Mijares.


Observable o no demostrado

El terremoto doble del 24 de junio, reportado por medios internacionales como dos sismos de gran magnitud ocurridos con segundos de diferencia, provocó daños severos, colapsos estructurales, suspensión de servicios y cierre de infraestructuras clave, entre ellas el aeropuerto de Maiquetía. En los primeros días, distintos reportes señalaron labores de rescate encabezadas por bomberos, Protección Civil, voluntarios, comunidades organizadas y equipos internacionales.

Civiles ante militares en los sitios de rescate.

Mijares subraya una distinción clave para evitar conclusiones apresuradas: hay hechos observables y hay hipótesis políticas. Entre los primeros figuran la declaración de emergencia, la presencia de organismos civiles, bomberos, Protección Civil, voluntarios, comunidades organizadas y delegaciones extranjeras en tareas de rescate y asistencia.


Lo que no está demostrado, advierte, es una decisión deliberada de restringir la participación militar en las labores de rescate. Pero la ausencia de una prueba concluyente no cancela el análisis político. En una emergencia, la ciudadanía no solo evalúa qué hizo el Estado, sino cómo lo hizo, qué mostró, qué ocultó y qué imagen proyectó cuando la vida humana dependía de una respuesta inmediata.


La teoría detrás de la crisis

Desde la teoría de las relaciones cívico-militares, Mijares vincula el caso venezolano con autores como Samuel Huntington, Morris Janowitz, Samuel Edward Finer, Alfred Stepan, Peter Feaver y Rebecca Schiff, quienes han estudiado la relación entre fuerzas armadas, poder político, control civil y legitimidad. En conjunto, explica, esas aproximaciones coinciden en que los militares no son simples operadores técnicos: son instituciones profundamente insertas en la estructura política del Estado.

El general Kevin J. Jarrard de Estados Unidos coordina operaciones de búsqueda y rescate en Venezuela tras los terremotos.

Samuel Huntington puso el acento en el control civil y el profesionalismo militar; Morris Janowitz destacó la adaptación del ejército a funciones sociales; Samuel Finer y Alfred Stepan analizaron el papel de los militares como actores políticos; Peter Feaver propuso el modelo principal-agente para estudiar la supervisión civil; Rebecca Schiff habló de la concordancia entre sociedad, fuerzas armadas y gobierno; y Steven Levitsky y Lucan Way explicaron cómo los regímenes autoritarios competitivos pueden convertir a los militares en soporte estructural del poder.


La comparación histórica, añade el profesor Mijares, permite observar un patrón. En crisis extremas, desde la Rusia de 1917 hasta experiencias latinoamericanas estudiadas por Stepan, la preservación del poder puede incidir en la forma en que se movilizan los recursos coercitivos del Estado. El punto no es trasladar mecánicamente esos casos a Venezuela, sino advertir que, bajo presión, los regímenes revelan qué consideran prioritario proteger.


El Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030, adoptado en el ámbito de Naciones Unidas, establece que los Estados tienen la responsabilidad principal de reducir el riesgo, fortalecer la preparación y responder de manera coordinada para proteger vidas, medios de subsistencia e infraestructura crítica. Bajo ese estándar, la emergencia venezolana abre una discusión inevitable sobre coordinación, transparencia, rendición de cuentas y presencia institucional en el terreno.

Mujeres militares conversan cerca de un edificio derrumbado por los terremotos en La Guaira.

Para el articulista de Los Papeles del Crem, la pregunta decisiva no es solo cuántos militares fueron movilizados, sino qué tipo de Estado apareció ante la sociedad cuando la sociedad más necesitaba verlo como protector. En el juicio histórico de una catástrofe, lo que perdura no es únicamente la magnitud del desastre, sino la forma en que el poder respondió cuando la vida humana estaba en juego.


La catástrofe, entonces, no solo dejó daños materiales y humanos. También abrió una pregunta política de largo alcance: en el momento más crítico, ¿el ciudadano vio a un Estado protector o a un poder preocupado por sostenerse? Para Mijares, esa respuesta marcará la memoria pública de la tragedia tanto como el propio terremoto.


https://www.infobae.com/venezuela/2026/07/05/proteger-vidas-o-blindar-el-poder-el-debate-sobre-la-actuacion-militar-ante-contextos-de-desastre-en-venezuela/


viernes, 3 de julio de 2026

“Ninguna fórmula política puede estar por encima de la Constitución”: el llamado del Laboratorio de Paz a seis meses de la Presidencia interina en Venezuela

 

La organizacion exigió restituir de inmediato el hilo constitucional, declarar la falta absoluta de la Presidencia y convocar elecciones libres, transparentes y verificables antes de que la crisis institucional y humanitaria se profundice aún más.


Sebastiana Barráez/ viernes 3 de julio 2026
Tomado de Infobae

La Asamblea Nacional que preside el hermano de Delcy Eloína Rodríguez es quien debe declarar la vacante absoluta de la Presidencia.

Laboratorio de Paz lanzó un llamado urgente a restituir el orden constitucional en Venezuela y advirtió que la reconstrucción nacional no puede postergarse ni sostenerse sobre fórmulas políticas ajenas a la Constitución. Cuando se cumplen seis meses de la extracción de Nicolás Maduro del territorio venezolano y del inicio de la presidencia interina de Delcy Rodríguez, la organización afirmó que el país enfrenta una hora crítica en la que la recuperación institucional es indispensable para atender la emergencia humanitaria y abrir paso a una transición legítima.


A través de un comunicado la organización alertó que la crisis reciente ha dejado pérdidas humanas, comunidades golpeadas y una demanda inmediata de protección, respuesta y dignidad. Frente a ese escenario, destacó la reacción solidaria de la ciudadanía venezolana, que ha auxiliado, acompañado, rescatado y sostenido la vida en medio de la adversidad, incluso cuando las instituciones no han ofrecido respuestas suficientes.


Laboratorio de Paz (LabPaz), que cuenta en su equipo con los defensores de derechos humanos Lexys Rendón y Rafael Uzcátegui, considera que la nueva emergencia humanitaria exige acciones inmediatas: asistencia sin demora, atención médica adecuada, protección efectiva para las personas damnificadas, transparencia en la gestión de la ayuda, garantías de no discriminación y rendición de cuentas. 

Nicolás Maduro no cumplió ni la mitad del mandato por lo que, según la Constitución, debe llamarse a elecciones máximo a seis meses de la vacante.

Sin embargo, advirtió que esas medidas solo serán creíbles y posibles si están respaldadas por instituciones legítimas, autoridades sometidas al control ciudadano y un proceso de transición centrado en los derechos humanos y “la dignidad en el centro de toda decisión pública”.


El artículo 233 de la Carta Magna sostiene: “… Si la falta absoluta del presidente o presidenta de la República se produce durante los primeros cuatro años del período constitucional, se procederá a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes. Mientras se elige y toma posesión el nuevo presidente o la nueva presidenta, se encargará de la Presidencia de la República el Vicepresidente Ejecutivo o la Vicepresidenta Ejecutiva…”.


Hoy 3 de julio se está cumpliendo lo estipulado en el Artículo 234 de la Constitución: “Las faltas temporales del presidente o presidenta de la República serán suplidas por el Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva hasta por noventa días, prorrogables por decisión de la Asamblea Nacional por noventa días más. Si una falta temporal se prolonga por más de noventa días consecutivos, la Asamblea Nacional decidirá por mayoría de sus integrantes si debe considerarse que hay falta absoluta”.

Lexys Rendón, codirectora de LabPaz.

La Constitución

Con sede en Caracas Laboratorio de Paz (LabPaz) es un centro de investigación y pensamiento estratégico venezolano, que desde el 2012 ejecuta, analiza, divulga y genera recomendaciones para la resolución de conflictos a través del abordaje interdisciplinario democracia, no violencia y derechos humanos. 


En su pronunciamiento, la organización LabPaz recordó que la Constitución nacional es la norma suprema del ordenamiento jurídico venezolano y que todas las personas y órganos del poder público están sujetos a ella. “Ninguna fórmula política puede estar por encima de la Constitución”, enfatizó, al advertir que cualquier salida que ignore ese marco agravaría la fragilidad institucional.


El comunicado subraya que el vencimiento del plazo constitucional previsto en el artículo 234 para el ejercicio de un gobierno interino o provisional obliga a las instituciones competentes a actuar sin más dilaciones. 


En ese sentido, LabPaz pidió declarar la falta absoluta de la Presidencia de la República y adoptar de inmediato las medidas necesarias para restituir el hilo constitucional mediante la convocatoria a elecciones libres, auténticas, competitivas, transparentes y verificables.

En medio de una zona destruida se observa una valla de las muchas colocadas durante el régimen de Nicolás Maduro.

La organización cuestionó la omisión de la Asamblea Nacional, que preside Jorge de Jesús Rodríguez Gómez, hermano de la presidenta interina, en garantizar el cumplimiento estricto de la Constitución dentro de sus competencias.


Para LabPaz, esa inacción incrementa la incertidumbre y confirma la urgencia de reconstruir la institucionalidad como condición básica para una recuperación material eficiente del país.


LabPaz insistió en que cualquier transición democrática pactada debe estar fundada en el respeto a la norma constitucional, la separación de poderes, la garantía de los derechos civiles y políticos, y la participación plena, libre e informada de la ciudadanía. 


También alertó que la prolongación indefinida de situaciones excepcionales, sin base constitucional suficiente, debilita la institucionalidad, profundiza la incertidumbre y priva a la sociedad venezolana de su derecho a decidir democráticamente su futuro.


"No son legítimos los acuerdos que sustituyan la voluntad popular y la Constitución venezolana”, advirtió la organización, a l señalar que la reconstrucción material del país requiere la reconstrucción institucional. “Las viviendas, las escuelas, los hospitales, los servicios públicos y la ayuda humanitaria requerirán decisiones que inspiren confianza, seguridad jurídica y legitimidad”.

El sociólogo Rafael Uzcátegui es defensor de DDHH y parte de LabPaz.

No son espectadores

Resalta que Venezuela ha demostrado, en el marco de la más terrible tragedia causada por los terremotos, que hay una “sociedad viva, solidaria y capaz de protagonizar su propia reconstrucción”


Agrega que se ha mostrado que los venezolanos “no son espectadores de su destino, sino protagonistas de la solidaridad, de la organización comunitaria y de la reconstrucción posible”


A juicio de LabPaz la reconstrucción del país debe comenzar por la vigencia de la Constitución “como marco común de convivencia, justicia, legalidad y esperanza democrática”.


Por ello sostienen la necesidad de “volver a la norma, recuperar la soberanía, abrir el camino a un calendario electoral y celebrar elecciones que permitan una transición sin más postergaciones”, que incluyan la legitimidad, la paz y los derechos humanos.


En el cierre del comunicado, Laboratorio de Paz hizo un llamado a las autoridades nacionales, actores políticos, sociedad civil, comunidad internacional y organismos de protección de derechos humanos a acompañar y exigir la restitución del hilo constitucional, la declaración formal de la falta absoluta de la Presidencia y la convocatoria urgente a elecciones conforme a estándares democráticos internacionales.


https://www.infobae.com/venezuela/2026/07/03/ninguna-formula-politica-puede-estar-por-encima-de-la-constitucion-el-llamado-del-laboratorio-de-paz-a-seis-meses-de-la-presidencia-interina-en-venezuela/


miércoles, 1 de julio de 2026

En medio del luto nacional en Venezuela, denunciaron el saqueo de propiedades de un ex alcalde opositor en el exilio


Francisco Javier Oropeza Álvarez denuncia que, tras el "aseguramiento" de Agropecuaria Bariquigua y de los diarios El Carabobeño y El Diario de Lara, por parte de cuerpos militares, fueron sustraídos semovientes, maquinaria agrícola, equipos de impresión, mobiliario y otros bienes, sin control judicial conocido. La acusación involucra a funcionarios militares, administradores designados y particulares, mientras las propiedades permanecían bajo custodia oficial. 


Sebastiana Barráez/ miércoles 1 de julio 2026
Tomado de Infobae

Francisco Javier Oropeza Álvarez, ex alcalde y ex diputado, se encuentra en el exilio.

A solo cuatro días de los terremotos registrados el 24 de junio de 2026, una de las tragedias más graves de las últimas décadas en Venezuela, un nuevo episodio coloca en el centro de la controversia a propiedades vinculadas al exalcalde opositor Francisco Javier Oropeza Álvarez. Un lote de animales confiscado en la Agropecuaria Bariquigua fue sacado de una finca del municipio Torres. Al día siguiente, en la sede de El Diario de Lara, en Barquisimeto, también de su propiedad, aparecieron avisos de la Gran Misión Venezuela Mujer, un programa estatal.

El Teniente Coronel Roidember Rodríguez Pérez era el comandante del GAES 12 de Lara del CONAS.

En conversación con Infobae, Oropeza Álvarez, oriundo de Carora, se pregunta con qué orden se asignaron bienes de su propiedad a un programa de la revolución bolivariana. Y más llama la atención que eso ocurra mientras el país está de luto, profundamente conmovido y con la expectativa que se siga rescatando a las personas tapiadas en Caracas y La Guaira, así como otras zonas del país.

En el acta del CONAS se especifica que la orden para asegurar El Caroreño fue presidencial.


Oropeza ha sido diputado en dos oportunidades y ganó por segunda vez la alcaldía del municipio Pedro León Torres, estado Lara, en el 2021. Es presidente de Agropecuaria Bariquigua, C.A., empresa registrada el 22 de abril de 1994 y propietaria de las fincas Bariquigua y Copacoa. También preside los medios impresos El Caroreño y El Diario de Lara, fundados en 2001 y 2006, respectivamente.


Por su apoyo a la líder de la Oposición María Corina Machado, Oropeza fue perseguido por el Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin), creando excusas para detenerlo hasque verse obligado a salir al exilio después de las elecciones presidenciales de 2024. Desde entonces, sostiene que sus propiedades quedaron en “resguardo” de la Guardia Nacional Bolivariana, pero que, en lugar de preservarse, fueron saqueadas y desmanteladas. Entre los bienes sustraídos menciona rotativas, maquinaria, equipos agrícolas y ganado de alto valor genético.

Honorio Gutiérrez, alias El Moñoño, presidente del matadero Municipal de Carora.

El inicio del aseguramiento

De acuerdo con el relato de Oropeza, no existía medida judicial ni orden conocida del Ministerio Público cuando, el 7 de agosto de 2024, funcionarios del Grupo Antiextorsión y Secuestro (GAES), adscrito al Comando Nacional Antiextorsión y Secuestro (Conas), llegaron a “asegurar” el edificio sede del diario El Caroreño.


En el acta de aseguramiento del Conas, según la denuncia, los funcionarios señalaron que actuaban “cumpliendo instrucciones y lineamiento presidencial” y argumentaron que en el lugar se habría consumado el delito de tráfico ilícito de sustancias estupefacientes y psicotrópicas. El inmueble fue recibido por el capitán Dionny José Uzcátegui Cabello, luego del procedimiento encabezado por el capitán Bernardo Chía Avella y los sargentos Luis Nadal Pérez, Pastor Arrieche Gutiérrez y Yanki Soto.


Al día siguiente, 8 de agosto de 2024, Uzcátegui Cabello acudió a las fincas Copacoa y Bariquigua, donde se encontró con una comisión de la Guardia Nacional Bolivariana al mando del primer teniente Albenis González Rivero, también se menciona al SM3 Fernando Bastida Cuevas. En conjunto, procedieron a “asegurar” las fincas Copacoa y Bariquigua de Agropecuaria Bariquigua.

Teniente Christopher Duque Camargo del CONAS Lara.

Custodia y sustracción

En las fincas, los funcionarios encontraron una casa de dos pisos con mobiliario y electrodomésticos, además de bicicletas, motos, bomba de agua, planta eléctrica, tractores, empacadoras, embutidora, abonadoras de fertilizante, vagones, zorras de carga, cortadores, trompo de batir concreto, tractomula, pala niveladora, rastrillos y romana, entre otros equipos.


Oropeza afirma que, desde esos inmuebles “asegurados”, funcionarios habrían sustraído bienes muebles y semovientes sin autorización ni control judicial. Señala además que, tras el traslado del capitán Uzcátegui Cabello, el mando del Conas Carora quedó en manos del teniente Christopher Duque Camargo, a quien atribuye responsabilidad sobre los bienes que permanecían en las propiedades.


“Tenemos conocimiento de que en un vehículo tipo grúa plataforma, placa AO1A03Y, fueron sacados la planta eléctrica, equipos de computación, impresoras, mobiliarios y otros enseres de nuestra empresa, y llevados a las instalaciones del Conas Carora, con lo que dotaron esas instalaciones por orden del teniente Duque Camargo”, dice Oropeza Álvarez en conversación con Infobae.


Ese mismo 8 de agosto de 2024, según el denunciante, se ejecutó un procedimiento similar en la sede de El Diario de Lara, ubicada en Barquisimeto.

Coronel (GNB) José Francisco Calzadilla Cabriales, alias El Picure.

Graves actuaciones militares 

A cargo de las fincas quedaron el teniente coronel Roidember Rodríguez Pérez, comandante del GAES 12 Lara; el coronel Omar Gustavo Meléndez Herrera, comandante del Destacamento N° 122 de la GNB de Carora; los tenientes González Rivero y Arriechi; y los sargentos Franklin Aníbal Castillo, David Pastrán García, Goyo, Escalona y Chacón.


Bajo responsabilidad de esos funcionarios, sostiene Oropeza, fueron sustraídos bienes como bombas y cables sumergibles para pozos, equipos de ordeño, implementos agrícolas, aires acondicionados, televisores, bicicletas, bombas de inyección de tractores, plantas eléctricas, motos, mangueras, alambre, 300 cestas rojas, 10 monturas de caballo, motobombas de agua, medicamentos veterinarios, mobiliario, equipos de oficina, una nevera, miles de litros de gasoil y equipos de nivelación láser.


El exalcalde también denunció la desaparición de 30 caballos cuarto de milla y el sacrificio de 50 reses bovinas en el matadero municipal de Carora. Afirmó, además, que el sargento Franklin Aníbal Castillo habría vendido becerros a Gilberto José Chuello Porteles.


Oropeza le dice a Infobae que identifica “como últimos responsables de resguardar las instalaciones a los sargentos Lindo Dorante y Segundo Rojas”. Sobre ellos, afirma que Dorante habría sido “cómplice de varios robos”, mientras que Rojas, según su versión, “fue un hombre honesto” y tendría pruebas sobre los hechos ocurridos dentro de las propiedades.

Coronel Omar Gustavo Meléndez Herrera era el Comandante del Destacamento N° 122 de la GNB de Carora.

Extracción de ganado 

En noviembre de 2024, Eugenio Enrique Juárez Herrera, veterinario en reproducción animal de Agropecuaria Bariquigua, asumió la administración de la empresa por decisión del coronel Meléndez Herrera, según Oropeza. El 11 de marzo de 2025, Juárez y Meléndez habrían escogido 40 mautes sin hierro en la finca Copacoa, hecho que, según la denuncia, quedó registrado en video. Tres días después, otros 40 mautes habrían sido sacados en transportes vinculados a Alexis Mendoza, conocido como “El Chispeado”, y a Carlos Álvarez, propietario de Alimentación Carora.


Oropeza sostiene que esos semovientes, valorados en 50.000 dólares, fueron trasladados a la finca La Alianza, en el sector Pico e Gallo, parroquia El Blanco, municipio Torres, propiedad de Alfredo Salvador Rodríguez Benítez y Alí Gerardo Torrealba Torres.


También afirma que Juárez Herrera habría amenazado a trabajadores con detenerlos si se comunicaban con los dueños de Agropecuaria Bariquigua. En enero de 2026, según la misma versión, Alfredo Salvador Rodríguez Benítez y el veterinario David Bladimir Camacaro Juárez, primos de Eugenio Juárez, sacaron de La Alianza un lote de 25 de los animales de la agropecuaria de Oropeza.


La denuncia agrega que, en agosto de 2025, Juárez Herrera seleccionó animales Senepol puros y, presuntamente en complicidad con Juan Miguel González, sacó 154 ejemplares en camiones de este último. Los animales habrían sido trasladados a una finca del coronel de la GNB José Francisco Calzadilla Cabriales, alias “El Picure”, en el estado Monagas.


Posteriormente, según Oropeza, fueron extraídos otros 25 animales entre toretes y mautes sin hierro, a los que se les habría colocado el hierro fresco de otro propietario antes de embarcarlos en un camión de “El Chispeado” con destino a una finca en Moroturo, cerca de la alcabala de Santa Inés, en la parroquia Urdaneta.


Oropeza también denunció, en la conversación con Infobae, el sacrificio de 50 reses entre vacas y novillos en el matadero municipal de Carora, presuntamente por orden del veterinario Eugenio Juárez y sin guías de movilización. Según su relato, los animales fueron recibidos sin documentación reglamentaria y sanitaria.


El balance presentado por el exalcalde eleva a 391 los semovientes sacados en camiones, sin contar otros animales trasladados sin transporte. A esa cifra suma el presunto robo de 500 ovejas y 400 cabras, atribuido a órdenes de Eugenio Juárez y a custodios de la GNB.

Sargento Chacón, y el sargento Dorante.

Valor histórico y genético

La Hacienda Copacoa, recuerda Oropeza, pertenece a una tradición familiar de más de 200 años y está vinculada al origen de la raza Carora. Según el denunciante, fue fundada por su bisabuelo materno, Ramón Herrera Oropeza, y alcanzó un valor genético reconocido por el Estado venezolano: en 1989 fue decretada como patrón racial y en 1992 declarada Patrimonio Nacional de Venezuela.


Oropeza sostiene que maquinarias e implementos agrícolas de su propiedad fueron utilizados en la parcela Vallo y acusa a los hermanos Luis y Jairo Ramírez de beneficiarse de ese uso. Según su versión, los equipos sufrieron daños irreparables.


Oropeza afirma que en El Caroreño fue arrancada y retirada una rotativa marca Goss Community, junto con equipos de preprensa, computadoras Apple de última tecnología, mobiliario, repuestos, insumos, tintas, papel prensa, plantas eléctricas, equipos domésticos, motos eléctricas, vehículos y prendas personales de su esposa e hijas.


En El Diario de Lara, ubicado en Barquisimeto, Oropeza atribuye la operación al teniente coronel Roidember Rodríguez Pérez, comandante del GAES 12 Lara. Según su denuncia, allí fueron desmantelados el sistema eléctrico de la rotativa Goss Urbanite, equipos de prensa, insumos, tintas, papel, computadoras Apple, mobiliario, montacargas, motores eléctricos y otros enseres.


“Ha habido una asociación de civiles y militares para delinquir y cometer hechos irregulares con bienes de propiedad particular de Agropecuaria Bariquigua”, afirma Oropeza. Hasta ahora, su denuncia se presenta como una acusación pública que apunta a la necesidad de una investigación formal sobre el destino de los bienes, el manejo de las propiedades bajo custodia y la eventual responsabilidad de funcionarios y particulares señalados.



domingo, 28 de junio de 2026

Venezuela ante los escombros: dos oficiales analizan la tragedia que expuso el colapso institucional y moral


El vicealmirante Jesús Enrique Briceño García y el general de brigada Guaicaipuro Lameda Montero coinciden en que los terremotos del 24 de junio no solo dejaron destrucción material: también evidenciaron la fragilidad de un Estado marcado por la opacidad, la improvisación y el deterioro de sus instituciones, asi como una profunda crisis de confianza en la Fuerza Armada. 


Sebastiana Barráez/ domingo 28 de junio 2026
Tomado de Infobae

Los terremotos del 24 de junio en Venezuela expusieron el colapso institucional y la crisis de confianza en la Fuerza Armada, según dos oficiales retirados. (AP/Fernando Vergara).

Los terremotos que sacudieron a Venezuela el 24 de junio abrieron una nueva grieta en el debate público nacional, dentro y fuera de la Fuerza Armada. Para dos oficiales retirados de alto rango, la tragedia no solo mostró los daños provocados por la naturaleza, sino también las consecuencias de años de debilitamiento institucional, politización y pérdida de capacidades del Estado.


El general de brigada del Ejército Guaicaipuro Lameda Montero afirmó que el país atraviesa “uno de los momentos más dolorosos de su historia reciente”, marcado por la sensación de desprotección de una población que, según sostuvo, llega a percibir como agresora a la misma institución llamada a resguardarla.


A su juicio, Venezuela enfrenta el drama de una Fuerza Armada que “perdió la razón que justificaba su existencia” al apartarse del propósito republicano para el cual fue creada. Lameda recordó que el uniforme militar no es una simple prenda, sino la representación visible de un juramento: colocar el deber por encima de la conveniencia, el honor por encima del interés personal y la República por encima de la propia seguridad.

Dos terremotos devastaron a zonas como La Guaira.

“La Fuerza Armada existe porque la República la necesita”, señaló. Agregó que su misión no es proteger gobiernos, ideologías ni proyectos personales, sino garantizar la soberanía nacional, defender la integridad territorial, proteger a los ciudadanos y responder con disciplina en los momentos más difíciles del país.


El oficial retirado sostuvo que, cuando una institución pierde su propósito, también comienza a perder su “alma”. En ese contexto, aludió a denuncias documentadas durante años por organismos internacionales, investigaciones periodísticas, tribunales y centros de análisis sobre corrupción, violaciones de derechos humanos, uso político de la institución militar y presuntos vínculos de mandos con estructuras asociadas al terrorismo, el narcotráfico, la sustracción de riqueza nacional y la legitimación de capitales.


Aunque aclaró que corresponde a la justicia determinar responsabilidades individuales, Lameda insistió en una consecuencia institucional que considera imposible de ignorar: la pérdida de autoridad moral del mando militar.


“Cuando el mando militar pierde la autoridad moral, la institución deja de proteger a la Nación y comienza a actuar en función de intereses distintos de aquellos que juró defender”, expresó.

General de brigada del Ejército y expresidente de PDVSA Guaicaipuro Lameda Montero.

Para el general, los acontecimientos recientes evidenciaron tanto la incapacidad de una institución “profundamente politizada” como el deterioro de la confianza ciudadana en quienes estaban llamados a defender la soberanía y proteger a la población.


Lameda Montero, quien fuera presidente de Petróleos de Venezuela (PDVSA) entre el 2000 y 2002, también cuestionó la respuesta institucional ante la emergencia. Señaló que, cuando miles de venezolanos requieren rescate, transporte, logística, comunicaciones, ingeniería militar u hospitales de campaña, la actuación percibida por los afectados ha estado lejos de lo que exige la magnitud de la crisis.


Desde esa perspectiva, planteó una pregunta central: “¿Para qué existe una Fuerza Armada que no logra responder plenamente cuando la patria la necesita con mayor urgencia?”.

Estamos ante Estado sin músculo técnico para enfrentar una emergencia de gran escala.

El general sostuvo que ninguna institución pública existe para garantizar su propia permanencia, sino para cumplir una misión. Cuando deja de hacerlo, añadió, la sociedad tiene derecho a preguntarse si esa institución sigue mereciendo la confianza depositada en ella.


En su reflexión, Lameda subrayó que ser militar no depende únicamente de vestir un uniforme ni de ostentar un grado. A su juicio, lo que define verdaderamente al profesional de las armas es un código de conducta y un compromiso ético que dan sentido al juramento, al mando, al sacrificio y al uso legítimo de las armas.


Debate impostergable

Al apelar a la legislación militar venezolana, recordó que el valor, la buena fe, la rectitud y el decoro constituyen virtudes esenciales del profesional de las armas. “No puede ser militar quien carezca de dignidad, pundonor y rectitud”, afirmó.

Es legítimo e impostergable debatir el futuro de la Fuerza Armada.

El oficial aclaró que su cuestionamiento no pretende juzgar a todos los hombres y mujeres que hoy visten uniforme. Dijo reconocer a quienes han servido con honor, a quienes han sufrido en silencio la degradación institucional y a quienes fueron desplazados por mantenerse fieles a su juramento.


Su crítica, precisó, está dirigida a quienes desde el mando permitieron o protagonizaron que el uniforme y el grado dejaran de representar el código moral que les daba sentido, desviando así a la institución de su propósito original.


Frente a ese escenario, Lameda consideró necesario abrir un debate “legítimo e impostergable” sobre el futuro de la Fuerza Armada venezolana.


A su juicio, la discusión no debe limitarse a si determinados mandos pueden continuar representando a la institución. El verdadero dilema, dijo, es si la Fuerza Armada puede ser recuperada mediante una profunda depuración ética, profesional y jurídica, o si el daño exige un proceso de refundación desde sus cimientos.


“La Fuerza Armada no se reconstruirá comprando nuevos equipos, cambiando uniformes o designando nuevos comandantes”, sostuvo. “Se reconstruirá restaurando el código moral que convierte a una persona armada en un militar al servicio de la Nación”.

En la FAN se impuso la obediencia política, la falta de profesionalismo y la pérdida del orgullo de pertenencia.

El general concluyó que la decisión sobre el futuro de la institución no pertenece exclusivamente a los militares ni al gobierno, sino a la nación que requiere protección. “Venezuela necesita una Fuerza Armada. Pero, antes que eso, necesita volver a tener militares al mando”, afirmó.


Como cierre de su planteamiento, Lameda anunció que reproduce el Código de Honor con el que comienza la formación de un profesional del Ejército venezolano, con el propósito de que cada ciudadano cuente con un criterio propio para valorar la conducta de quienes visten uniforme.


“No fue solo el sismo”

El vicealmirante Jesús Enrique Briceño García coincidió en que los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 no encontraron a un país preparado, sino a una nación previamente erosionada por la destrucción de sus instituciones. En su análisis, durante años el liderazgo profesional fue desplazado por jefaturas improvisadas, criterios políticos y decisiones tomadas al margen del mérito, la experiencia y la vocación de servicio.

El vicealmirante Jesús Enrique Briceño García licenciado en Ciencias Navales y doctor en Administración.

Para el oficial egresado de la Armada, buena parte de los cuadros formados durante décadas de democracia fueron apartados de forma sistemática. En su lugar, sostuvo, se impuso una estructura marcada por la obediencia política, la falta de profesionalismo y la pérdida del orgullo de pertenencia. El resultado fue un Estado sin músculo técnico para enfrentar una emergencia de gran escala.


Briceño García afirmó que, tras el impacto del 3 de enero de 2026, se intentó instalar en el discurso público la idea de una reinstitucionalización. Pero advirtió que reconstruir el Estado no consiste únicamente en cambiar leyes, sustituir autoridades o anunciar reformas: implica comprender cómo funcionan las organizaciones eficientes y aplicar procesos de transformación con base técnica, planificación estratégica y equipos profesionales.


Según el vicealmirante, quien fuera Comandante de la Armada, durante años se ocultaron debilidades, se maquillaron cifras y se privilegió la politización por encima de la formación de capacidades reales. No hubo, dijo, una política sostenida para desarrollar carreras, seleccionar a los mejores, formar equipos o preparar instituciones para escenarios críticos. “La prioridad fue controlar, no servir”, resumió.


A su juicio, la magnitud de la tragedia obliga a mirar más allá del fenómeno natural. Muchas pérdidas, sostuvo, pudieron evitarse si los ministerios y organismos responsables hubiesen aplicado con rigor normas de construcción antisísmica, controles técnicos y políticas de prevención desde hace décadas.

La politización de la institución armada.

Briceño García señaló que, si las instituciones de seguridad ciudadana -desde la Defensa Civil y los cuerpos policiales hasta las Fuerzas Armadas- hubiesen estado conducidas por líderes preparados, la reacción del 24 de junio habría sido distinta. La emergencia exigía personal entrenado, equipos adecuados y una coordinación proporcional al doblete sísmico que golpeó al país.


El oficial advirtió que aún existe una ventana crítica para rescatar a miles de desaparecidos. En medio de los edificios colapsados y de las zonas más afectadas, sostuvo, Venezuela necesita especialistas, voluntarios formados y equipos capaces de actuar con método, disciplina y humanidad. Quienes tengan conocimiento en Defensa Civil, rescate, ingeniería, salud, logística y reconstrucción están llamados a integrarse a una tarea que ya no admite demoras.


Para Briceño García, la desgracia venezolana no puede explicarse solo por la violencia de la naturaleza. También es consecuencia de años de deterioro institucional. Por eso, concluyó, la reconstrucción del país exige algo más que levantar estructuras: requiere recuperar un Estado eficiente, disciplinado, despolitizado, democrático y orientado al progreso.


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