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miércoles, 15 de julio de 2026

Tardía, opaca e insuficiente: un informe reflejó la respuesta del gobierno interno ante el doble terremoto en Venezuela

 

Transparencia Venezuela en el Exilio sostiene que el Estado estuvo limitado por fallas previas de gobernanza, opacidad y capacidad operativa. Advierte que la mayor brecha estuvo en las primeras 72 horas, cuando se define la posibilidad de rescatar personas con vida.


Sebastiana Barráez/ miércoles 15 de julio 2026
Tomado de Infobae

Los primeros equipos internacionales fueron de El Salvador, México y República Dominicana.

Transparencia Venezuela en el Exilio presentó el informe “La insuficiente respuesta estatal: el desastre ocurrió antes del terremoto”, una evaluación técnica sobre la actuación del Estado venezolano tras el doble sismo de magnitudes 7,2 y 7,5 que golpeó el centro-norte del país el 24 de junio de 2026, con daños concentrados en Caracas y La Guaira.


El documento compara la respuesta venezolana con estándares internacionales como Insarag y Sphere, y con desastres recientes en Turquía-Siria, Japón, Haití, Chile y China. Su conclusión central es que la falla no estuvo solo en la cantidad de efectivos movilizados, sino en la velocidad del despliegue, la ausencia de rescate especializado nacional y la debilidad institucional previa.


Según el informe, Venezuela alcanzó apenas 12,6% de su pico de despliegue en las primeras 24 horas y 34,5% a las 48 horas. El máximo oficial, 31.837 efectivos, llegó solo el día 18, cuando ya había pasado la ventana crítica de 72 horas para rescatar sobrevivientes bajo los escombros.


En La Guaira, de las 19.861 personas que sobrevivieron, la mayoría lo hizo por autoevacuación o por rescates locales en las primeras 48 horas. Los equipos USAR internacionales de El Salvador, México y República Dominicana llegaron al cierre del segundo día, y el grueso del contingente extranjero se consolidó después. Para entonces, advierte la organización, la mayor parte de los rescates con vida ya había ocurrido.


La brecha también aparece en las cifras. El registro oficial reportó 856 edificaciones afectadas, mientras fuentes independientes estimaron daños mucho mayores, desde 1.054 hasta 58.870 estructuras. Las cifras de damnificados variaron de forma inestable y los reportes ciudadanos de desaparecidos oscilaron entre 46.000 y 54.000 personas, en medio de un vacío de información estatal.


El informe vincula esa insuficiencia con un deterioro institucional anterior al sismo: altos niveles de corrupción, un sistema hospitalario que operaba al 40% de su capacidad quirúrgica, una red sísmica reducida de unas 300 estaciones a solo cuatro operativas y una flota aérea pesada cuya disponibilidad efectiva no quedó demostrada.

El informe de Transparencia Internacional en el Exilio analiza lo ocurrido en las horas posteriores a los terremotos y la respuesta del Estado.

Llegó del exterior

La ayuda internacional terminó cubriendo áreas decisivas. Además de los rescatistas especializados, India desplegó un hospital de campaña con quirófanos, cuidados intensivos y oxígeno; Naciones Unidas instaló tres hospitales en La Guaira; y organizaciones extranjeras aportaron infraestructura médica de emergencia. La sociedad civil y el sector privado también asumieron tareas de remoción de escombros, acopio, asistencia y verificación de información.


Transparencia Venezuela en el Exilio advierte que el riesgo de corrupción no termina con la emergencia. La reconstrucción, aún sin costo definitivo, pero con daños estimados en más de 37.000 millones de dólares, podría concentrar mayores riesgos cuando disminuyan la atención pública y la presión internacional.


Por ello, la organización exige aplicar la Prioridad 2 del Marco de Sendai, fortalecer la gobernanza del riesgo de desastres, publicar un registro auditable de fondos y ayudas recibidas, incorporar veeduría de sociedad civil y organismos multilaterales, y establecer cláusulas de transparencia en cualquier convenio de reconstrucción.

Venezuela logró desplegar efectivos civiles y militares pero no fueron significativo los rescatistas.

Datos que no cuadran 

El informe de Transparencia Internacional ubica el problema antes del desastre: en la debilidad institucional. Según el documento, la falta de transparencia y la corrupción no responden a una escasez de recursos, sino a un deterioro previo. Venezuela, pese a tener las mayores reservas petroleras del mundo, aparece peor evaluada en corrupción que Haití.


Ese deterioro se reflejó en áreas críticas: el sistema hospitalario operaba apenas al 40% de su capacidad quirúrgica; la red sísmica de Funvisis, que llegó a tener unas 300 estaciones, quedó reducida a cuatro operativas; y la flota aérea de transporte pesado, adquirida por miles de millones de dólares, no mostró evidencia clara de disponibilidad real.


La respuesta inicial del Estado fue lenta, limitada y marcada por cifras inconsistentes. En las primeras 24 horas se movilizaron 4.000 funcionarios, el 12,6% del total declarado. El máximo despliegue oficial, 31.837 efectivos, llegó el día 18, cuando ya había pasado la ventana crítica de rescate de 72 horas.


Las contradicciones aparecieron desde el inicio. El 2 de julio, Delcy Rodríguez habló ante la prensa internacional de 14.000 personas desplegadas, pero también mencionó 11.000 funcionarios, una diferencia que expuso la fragilidad del registro oficial.

Un rescatista en pleno desempeño de salvar vidas.

Con sus manos

Agrega el informe que en el terreno, vecinos y voluntarios removieron escombros con sus propias manos durante las primeras 24 a 48 horas, sin maquinaria pesada y con una presencia estatal apenas visible en el periodo decisivo para salvar vidas.


El rescate urbano especializado, conocido como USAR, dependió principalmente de la asistencia internacional. La mayoría de los sobrevivientes salió por autoevacuación o rescates locales en las primeras 48 horas; después, la búsqueda quedó en manos de un contingente extranjero que alcanzó 3.600 rescatistas especializados.


No consta una capacidad USAR nacional equivalente. La propia Presidencia encargada reconoció que la ayuda provino de la comunidad internacional, mientras denuncias ciudadanas describieron edificios sin atención y vecinos extrayendo víctimas por sus medios.


La magnitud de los daños también quedó en disputa. El balance oficial de 856 edificaciones afectadas quedó por debajo de las estimaciones independientes: 1.054 edificios según Copernicus, 10.510 según modelos de Microsoft y 58.870 mediante radar de la NASA. Las cifras de damnificados, 15.866 primero y 12.841 después, contrastaron con registros ciudadanos de entre 46.000 y 54.000, sin que el Estado ofreciera datos de desaparecidos.

La distribución temporal de la ONG ilustra la ventana dorada del rescate.

Los rescates

En “La ventana dorada del rescate”, Transparencia Internacional usa el caso de La Guaira para medir la brecha del rescate especializado. De 19.861 sobrevivientes, entre 13.400 y 13.500 se autoevacuaron; otros 6.462 fueron rescatados por equipos.


El dato central es que cerca del 83% de los rescates con vida realizados por equipos ocurrió en los dos primeros días, cuando el componente internacional aún no estaba plenamente operativo y la capacidad nacional especializada era mínima.


Los primeros equipos internacionales, que fueron de El Salvador, México y República Dominicana, llegaron el 26 de junio, al cierre del segundo día. Para el 27, OCHA reportaba unos 27 equipos y más de 2.200 efectivos USAR, además de 140 perros de búsqueda.


Para entonces, la mayoría de los rescates con vida en La Guaira ya se había producido: quedaban unos 350 casos adicionales frente a 5.380 registrados en los dos días iniciales, según reconoció el gobernador José Alejandro Terán.


Los datos apuntan a una conclusión: el salvamento dependió sobre todo de la autoevacuación y del rescate local temprano, no de una capacidad USAR nacional desplegada a tiempo.


La evidencia revela dos brechas: una movilización general lenta y una capacidad de rescate especializado casi ausente durante las primeras 72 horas, suplida tarde por el esfuerzo internacional.


Venezuela logró desplegar efectivos civiles y militares, pero no aparece una cifra nacional identificable de rescatistas USAR especializados. Ese componente fue aportado casi en su totalidad desde el exterior.

La mayor organización para salvar vidas y apoyo a las víctimas en las primeras horas fue de la ciudadanía.

Asistencia médica

La sustitución internacional también alcanzó la fase médica, dice el informe de Transparencia Venezuela en el Exilio. La Operación Amistad de la India trasladó en dos aviones C-17 un hospital de campaña con quirófanos, cuidados intensivos, generación de oxígeno y capacidad para atender hasta 200 pacientes, junto con 41 efectivos y más de 35 toneladas de suministros.


“Que esa capacidad quirúrgica y crítica llegara desde un país situado a 14.000 kilómetros ilustra, también en salud, la dependencia externa observada en el rescate”.


En La Guaira, Naciones Unidas instaló tres hospitales de campaña. Estados Unidos montó otro centro de emergencias, operado por Samaritan’s Purse, con dos quirófanos, 56 camas, cuidados intensivos, farmacia y laboratorio.


La diferencia es clave: movilizar tropas y civiles para seguridad, logística o remoción de escombros no equivale a disponer de equipos USAR clasificados, con formación, perros y tecnología para localizar sobrevivientes bajo estructuras colapsadas.


Venezuela mostró lo primero y careció de lo segundo. “El rescate especializado internacional empezó a llegar después de las 48 horas y se consolidó entre los días 4 y 6, cuando la mayoría de los rescates con vida ya había ocurrido”.


La dependencia fue admitida por el propio Estado: al noveno día, la presidenta interina reconoció que la ayuda había llegado de la comunidad internacional y de El Salvador.


El mayor aporte de un solo país provino de Estados Unidos, que comprometió más de 300 millones de dólares e incluyó cuatro equipos USAR Tipo I, más de 300 rescatistas y 23 perros.


El sector privado y la sociedad civil también cubrieron carencias estatales. Ante la falta de maquinaria pesada, las cámaras Venezolana de la Construcción y Petrolera, con apoyo de CAF, enviaron excavadoras, retroexcavadoras, topadoras, palas y grúas hacia La Guaira desde más de 460 kilómetros. “El sector privado de Venezuela reemplaza la carencia del Estado”, dijo la prensa.

El mayor aporte de un solo país provino de Estados Unidos.

La ciudadanía respondió

Ante el desabastecimiento de insumos medicinales de 37%, la respuesta del Estado fue insuficiente, dice el informe. Plataformas independientes para organizar la ayuda partieron de la ciudadanía, como terremoto.hazlohoy.org que coordinó cientos de voluntarios y más de un centenar de solicitudes de asistencia activas. “Directorios como centrosdeacopiove.com mapearon los centros de acopio, para canalizar donaciones de medicinas, agua y alimentos”. 


Destaca Transparencia que la densidad de esa autoorganización quedó registrada en directorios ciudadanos: “la plataforma TerremotoVE llegó a contabilizar 127 iniciativas ciudadanas de información, que incluye localización y reporte de desaparecidos, reporte de daños estructurales de edificaciones, verificación de datos, entre otras”.


También el directorio de emergencia de la app Yummy listó 153 puntos de acopio, atención médica y ayuda comunitaria en Caracas, Aragua y La Guaira, lo cual contrasta con los 3 centros de acopio oficiales informados por la presidenta interina en rueda de prensa del 2 de julio.


“La ayuda se pedía y se conseguía por redes sociales y mensajería, no a través de un canal estatal: el Estado no la garantizó”, afirma Transparencia en el Exilio.


domingo, 5 de julio de 2026

¿Proteger vidas o blindar el poder? El debate sobre la actuación militar ante contextos de desastre en Venezuela


El doble terremoto del 24 de junio no solo dejó una emergencia humanitaria de gran escala en el país. Para el investigador Rodrigo Mijares también abrió una discusión política sobre la visibilidad, las prioridades y los límites de la participación militar en contextos de desastre, especialmente cuando las fuerzas armadas funcionan como sostén de un régimen altamente centralizado. 


Sebastiana Barráez/ domingo 5 de julio 2026
Tomado de Infobae

El debate sobre la actuación militar ante el desastre. (REUTERS/Maxwell Briceño).

El terremoto suele medir la resistencia de los edificios. Pero, en países políticamente tensos, también mide la resistencia de las instituciones. Venezuela lo comprobó tras los dos sismos de magnitud 7,2 y 7,5 registrados el 24 de junio de 2026, una emergencia que obligó a declarar el estado de emergencia nacional y que dejó al descubierto una pregunta central: ¿la respuesta del Estado estuvo orientada, ante todo, a salvar vidas o a preservar el control político?


El profesor e investigador Rodrigo Mijares, articulista de los Papeles del Crem, magíster en Gestión de Logística del Instituto Politécnico de las Fuerzas Armadas de Venezuela, profesor titular de la Universidad Simón Bolívar e investigador invitado del Centro de Investigación y Educación en Derechos Humanos de la Universidad de Ottawa, plantea que la discusión central no se limita al número de efectivos desplegados, sino al tipo de Estado que se hizo visible cuando la ciudadanía necesitaba protección, coordinación y presencia inmediata.

El profesor e investigador Rodrigo Mijares interviene en una presentación académica, con auriculares y vestimenta formal.

La tragedia venezolana, sostiene el investigador, permite formular una hipótesis incómoda: en sistemas donde las fuerzas armadas son pilar central del poder político, la gestión de desastres puede quedar condicionada por la preservación del régimen. Y cuando esa sospecha aparece en medio del dolor, también se convierte en parte de la catástrofe.


Por ello, el investigador ubica el debate en una dimensión institucional: en sistemas políticos altamente centralizados, la respuesta ante una catástrofe puede quedar condicionada por la preservación del régimen antes que por la protección directa del ciudadano.


Los reportes humanitarios difundidos en los días posteriores describieron una crisis humanitaria de gran magnitud: miles de personas afectadas, evacuaciones masivas, hospitales dañados, escuelas comprometidas, viviendas destruidas y equipos nacionales e internacionales desplegados en labores de rescate, atención sanitaria, distribución de agua y alojamiento temporal. En ese escenario, el papel de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana quedó sometido a una lectura que trasciende la logística y entra de lleno en el terreno político.

Las primeras acciones de apoyo y rescate fueron de civiles que se movilizaron desde otras partes del país.

En una catástrofe, la primera respuesta del Estado no solo salva vidas: también revela prioridades. Esa es la lectura que propone el profesor e investigador Rodrigo Mijares al analizar la actuación institucional posterior a los  terremotos que sacudieron Venezuela el 24 de junio de 2026, una emergencia que obligó a decretar el estado de emergencia nacional y expuso, una vez más, la fragilidad de los sistemas de respuesta ante desastres.


Para Mijares, la pregunta de fondo no es únicamente cuántos militares fueron movilizados, sino “qué tipo de Estado se proyectó cuando la sociedad más necesitaba percibirlo como protector”. 


En su criterio, el juicio histórico de una tragedia no queda determinado solo por la magnitud del desastre, sino por la forma en que el poder responde cuando la vida humana está en juego.


Esa respuesta, advierte, incide inevitablemente en la percepción pública sobre quién pudo ser salvado y no recibió apoyo inmediato. “Eso, sencillamente, duele y mucho”, dice Mijares.


Observable o no demostrado

El terremoto doble del 24 de junio, reportado por medios internacionales como dos sismos de gran magnitud ocurridos con segundos de diferencia, provocó daños severos, colapsos estructurales, suspensión de servicios y cierre de infraestructuras clave, entre ellas el aeropuerto de Maiquetía. En los primeros días, distintos reportes señalaron labores de rescate encabezadas por bomberos, Protección Civil, voluntarios, comunidades organizadas y equipos internacionales.

Civiles ante militares en los sitios de rescate.

Mijares subraya una distinción clave para evitar conclusiones apresuradas: hay hechos observables y hay hipótesis políticas. Entre los primeros figuran la declaración de emergencia, la presencia de organismos civiles, bomberos, Protección Civil, voluntarios, comunidades organizadas y delegaciones extranjeras en tareas de rescate y asistencia.


Lo que no está demostrado, advierte, es una decisión deliberada de restringir la participación militar en las labores de rescate. Pero la ausencia de una prueba concluyente no cancela el análisis político. En una emergencia, la ciudadanía no solo evalúa qué hizo el Estado, sino cómo lo hizo, qué mostró, qué ocultó y qué imagen proyectó cuando la vida humana dependía de una respuesta inmediata.


La teoría detrás de la crisis

Desde la teoría de las relaciones cívico-militares, Mijares vincula el caso venezolano con autores como Samuel Huntington, Morris Janowitz, Samuel Edward Finer, Alfred Stepan, Peter Feaver y Rebecca Schiff, quienes han estudiado la relación entre fuerzas armadas, poder político, control civil y legitimidad. En conjunto, explica, esas aproximaciones coinciden en que los militares no son simples operadores técnicos: son instituciones profundamente insertas en la estructura política del Estado.

El general Kevin J. Jarrard de Estados Unidos coordina operaciones de búsqueda y rescate en Venezuela tras los terremotos.

Samuel Huntington puso el acento en el control civil y el profesionalismo militar; Morris Janowitz destacó la adaptación del ejército a funciones sociales; Samuel Finer y Alfred Stepan analizaron el papel de los militares como actores políticos; Peter Feaver propuso el modelo principal-agente para estudiar la supervisión civil; Rebecca Schiff habló de la concordancia entre sociedad, fuerzas armadas y gobierno; y Steven Levitsky y Lucan Way explicaron cómo los regímenes autoritarios competitivos pueden convertir a los militares en soporte estructural del poder.


La comparación histórica, añade el profesor Mijares, permite observar un patrón. En crisis extremas, desde la Rusia de 1917 hasta experiencias latinoamericanas estudiadas por Stepan, la preservación del poder puede incidir en la forma en que se movilizan los recursos coercitivos del Estado. El punto no es trasladar mecánicamente esos casos a Venezuela, sino advertir que, bajo presión, los regímenes revelan qué consideran prioritario proteger.


El Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030, adoptado en el ámbito de Naciones Unidas, establece que los Estados tienen la responsabilidad principal de reducir el riesgo, fortalecer la preparación y responder de manera coordinada para proteger vidas, medios de subsistencia e infraestructura crítica. Bajo ese estándar, la emergencia venezolana abre una discusión inevitable sobre coordinación, transparencia, rendición de cuentas y presencia institucional en el terreno.

Mujeres militares conversan cerca de un edificio derrumbado por los terremotos en La Guaira.

Para el articulista de Los Papeles del Crem, la pregunta decisiva no es solo cuántos militares fueron movilizados, sino qué tipo de Estado apareció ante la sociedad cuando la sociedad más necesitaba verlo como protector. En el juicio histórico de una catástrofe, lo que perdura no es únicamente la magnitud del desastre, sino la forma en que el poder respondió cuando la vida humana estaba en juego.


La catástrofe, entonces, no solo dejó daños materiales y humanos. También abrió una pregunta política de largo alcance: en el momento más crítico, ¿el ciudadano vio a un Estado protector o a un poder preocupado por sostenerse? Para Mijares, esa respuesta marcará la memoria pública de la tragedia tanto como el propio terremoto.


https://www.infobae.com/venezuela/2026/07/05/proteger-vidas-o-blindar-el-poder-el-debate-sobre-la-actuacion-militar-ante-contextos-de-desastre-en-venezuela/


domingo, 2 de marzo de 2025

Dos hombres llevan siete años desaparecidos tras ser secuestrados por militares venezolanos en el estado Apure: el rol clave de un general

 

José Vera Cumare, jefe de la Brigada Caribe, logró que se hiciera silencio sobre el caso y hasta fue ascendido para dirigir la Zona Operativa de Defensa Integral (ZODI) de esa región fronteriza


Sebastiana Barráez/ domingo 2 de marzo 2025

@SebastianaB


Tomado de Infobae

La Fuerza Armada tampoco le dio respuesta a la mujer que finalmente huyó con sus hijos de Venezuela

Una mujer presentó denuncia formal, por desaparición de dos hombres, en diciembre 2017, ante organismos venezolanos y el Consulado de Colombia en Guasdualito, contra el entonces jefe de la Brigada Caribe, G/B Robinson José Vera, el capitán (Ej.) William José Vivas Chacón y quince miembros de la Tropa Profesional de 9209 Compañía de francotiradores, Adscritos a la 92 Brigada Caribes. Los dos hombres que se llevaron nunca aparecieron, Dayana Díaz huyó y el General Vera Cumare logró que se hiciera silencio sobre el caso y lo ascendiera a jefe de la ZODI Apure.


El 2 de diciembre 2017, cerca de las nueve de la mañana militares, al mando del general Vera Cumare, detienen a Cesar Eduardo Sánchez y a Jeison Pardo León, con la Orden de Allanamiento, N° 599, del 2 de diciembre 2017, solicitada por la Fiscalía Militar 52 de Guasdualito a cargo del primer teniente José Gregorio Rangel, ante el Tribunal Militar 14 de Control. 


Nunca más se volvió a saber de ellos, la Fiscalía dijo que no había investigación y el juez declaró improcedente el Amparo Constitucional. Todo lo ocultó el manto del poder, aunado a que uno de los desaparecidos había pertenecido a un grupo de la guerrilla colombiana.


Dayana Daniela Díaz Piñero estaba en la casa el día que el grupo de Caribes se lleva a los dos hombres, pues era la concubina del obrero César Eduardo Sánchez, venezolano con quien convivía en el barrio La Primavera de Guasdualito, municipio Páez del estado Apure; en la vivienda, alquilada por habitaciones, también vivía el colombiano residente venezolano Jeison Pardo León.

Dayana Díaz denunció en 2017 la desaparición de su pareja y un inquilino tras un operativo militar en Guasdualito

Lo único que Dayana Díaz asumió cuando se llevaron a los dos hombres de su casa es que serían trasladados hasta la 92 Brigada Caribes, que está ubicada en la carretera Nacional vía Guasdualito San Cristóbal El Amparo, Frente al Aeropuerto de Guasdualito, donde antes operó el Teatro de Operaciones N° 1.


Como es costumbre, desde hace años, con muchos detenidos, Sánchez y Pardo fueron incomunicados, no daban información en ninguna parte sobre ellos, por lo que Dayana Díaz denuncia la posible Desaparición Forzada de su pareja y el otro hombre.


Los responsables serían el jefe de la Brigada Caribe, G/B Robinson José Vera, el capitán (Ej.) William José Vivas Chacón y quince miembros de la Tropa Profesional Adscritos a la 9209 Compañía de Francotiradores, Adscritos a la 92 Brigada Caribes Pertenecientes a la Zona de Defensa Integral N° 311 (ZODI) del estado Apure.


Dayana Díaz introduce un Amparo Constitucional para que se restablezca el derecho de los detenidos, pero el 9 de diciembre 2017, el abogado David Quintero Flores, juez de Control de Primera Instancia de Guasdualito en Apure, le notifica a Dayana Daniela Díaz Piñero, pareja del desaparecido César Eduardo Sánchez, que es improcedente la solicitud que ha hecho, porque el Ministerio Público le dijo, según oficio Nr. 04-DDC-F3-2392-2017 que ahí no cursa ninguna investigación sobre los tres desaparecidos.

El juez respondió que no hay investigación en Fiscalía

“En información recibida por parte del GD Robinson José Vera Cumare, comandante de la 92 Brigada Caribe con sede en Guasdualito, quien manifestó, a través del oficio N. 3439 del 9 de diciembre 2017, que en allanamiento realizado el 2 de diciembre 2017, la vivienda se encontraba deshabitada por lo que no hubo detención alguna de personas”.


En el oficio al que hace mención el juez, el general Vera Cumare dice que cuando se hizo el allanamiento la vivienda “se encontraba deshabitada, pudiendo incautar un bolso negro y en su interior cuatro armas de fuego y varios folletos pertenecientes a grupos generadores de violencia”.


Agrega el juez que Vera Cumare dijo que “no hubo detención de personas”, además que, en la comunicación emitida el 8 de diciembre 2017, según oficio N°. N°04 DDC-F3-2392-2017, suscrito por Julia María Quintero de Acevedo, Fiscal Provisorio Tercero de Apure, “informa que en ese despacho Fiscal no cursa ninguna investigación relacionada con Cesar Eduardo Sánchez. Y Jeisson Pardo León”.

El General Vera Cuma aseguró que la vivienda estaba vacía aun cuando la detención de los dos hombres se hizo frente a la mujer de uno de ellos y vecinos de La Primavera

El 16 de diciembre 2017, lo único que pudo hacer Dayana Daniela Díaz Piñero fue acudir al cónsul de Colombia en El Amparo y plasmar la denuncia, enfatizando que ella es de nacionalidad colombiana residente en Venezuela y por eso pide ayuda.


No es el único

Cuando han transcurrido más de 7 años, vecinos de Guasdualito le dijeron a Infobae que no es el único caso de ese tipo en que aparece involucrado el general Vera Cumare. “Le tenían mucho miedo, porque él no solo era el jefe de los Caribes, sino que además su familia en la zona también son un radar de información”.



General Robinson José Vera Cumare era el jefe de los Caribes y luego ascendió a jefe de la ZODI Apure

La mujer de César Sánchez le dijo al consulado colombiano, durante esos días en que los dos hombres estaban desaparecidos, que ante la incertidumbre, “el 7 de diciembre 2017, procedí a interponer ante el Tribunal de Primera Instancia de Control de Garantías de Guasdualito, formal solicitud de Habeas Corpus, declarado improcedente alegando que la Fiscalía y el comandante de la 92 Brigada Caribe habían informado que ahí no se encontraban Investigados dichos ciudadanos”.


La mujer contradice la versión del GB Robinson José Vera Cumare, sobre la casa vacía cuando realizaron el allanamiento el 2 de diciembre 2017, “siendo totalmente falso pues para el momento de las detenciones de los dos ciudadanos yo me encontraba en la casa cuando se presentó la comisión, los sacaron y se los llevaron junto a una camioneta que se encontraba guardada en la casa donde vivimos alquilados”.


En la casa del barrio La Primavera de Guasdualito, no solo vivía Dayana Daniela Díaz Piñero, su pareja César Eduardo Sánchez y Jeison Pardo León, también los bebés hijos de la pareja, dos niños que para ese momento uno de ellos tenía menos de dos meses de nacido y el otro de un año y seis meses. 


En la denuncia que hizo ante el Consulado, Dayana Díaz relata que “eran las 9 de la mañana cuando se presentó la comisión Militar en nuestra residencia, entraron y mostraron una Orden para revisar la casa donde vivimos alquilados en una habitación mis dos hijos, mi concubino y yo, ya que el otro ciudadano ocupa otra de las habitaciones de la casa”, que es una vivienda con habitaciones en alquiler.


Los militares, ya dentro de la casa. “agarraron a mi concubino a golpes, lo sacaron y lo montaron en un carro color beige y al otro ciudadano lo arrastraron y lo sacaron de la casa y lo montaron en una camioneta”, a ella los funcionarios le dijeron que no se preocupara ya que “de acuerdo con lo explanado por un Presunto Fiscal del ministerio Público que me pasaron por teléfono me dijeron que se me iban a respetar los derechos míos y los de los detenidos”.


“En ese momento uno de los militares que andaba de civil me dijo ‘no se preocupe, soy de Inteligencia Militar y a los ciudadanos nos lo vamos a llevar por averiguaciones que estamos haciendo y debido a que se encontraron presuntamente dos armas dentro del vehículo que se encontraba en la casa”.


“Luego de la detención y revisión de la casa, salieron y se fueron. Eso fue presenciado por todos los vecinos del sector La Primavera, porque fue a plena luz del día, desconociendo cual es el paradero de los dos detenidos pues hasta la presente fecha, me ha sido imposible saber, ya que he acudido a la Fiscalía Militar 52 y al Tribunal Militar 14 de esta localidad de Guasdualito, y se me ha informado que esos Órganos Judiciales no los tienen en calidad de Detenidos”.


Finalmente, la complicidad entre el Ministerio Público ordinario y militar, el Tribunal Militar y el tribunal de primera instancia en Guasdualito, con la Fuerza Armada Nacional venezolano César Eduardo Sánchez y del colombiano Jeison Pardo León. La concubina de Sánchez se encontró con el muro de la injusticia y huyó de Apure.


https://www.infobae.com/venezuela/2025/03/02/dos-hombres-llevan-siete-anos-desaparecidos-tras-ser-secuestrados-por-militares-venezolanos-en-el-estado-apure-el-rol-clave-de-un-general/







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