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viernes, 10 de abril de 2026

Detención y torturas: el perturbador relato de un padre sobre su hijo detenido por el “Caso Cadetes”


Diego José Mejías González fue excarcelado bajo amenazas y obligado a guardar silencio. Su hijo, Diego Mejías Sierra, permanece recluido en la cárcel Rodeo I


Sebastiana Barráez/ viernes 10 de abril 2026
@SebastianaB
Tomado de Infobae

Los Mejías Sierra fueron secuestrados y torturados por funcionarios del DGCIM fuertemente armados

Tras casi un año de encierro, torturas y tratos degradantes en manos de la DGCIM, en el denominado “Caso Cadetes”, Diego José Mejías González fue excarcelado bajo amenazas y obligado a guardar silencio. Su hijo, Diego Mejías Sierra, permanece recluido en la cárcel Rodeo I, tras ser excluido del proceso de amnistía otorgado al resto de los implicados en la causa. Relata a Infobae la aterradora experiencia que vivió tras los muros del penal y la lucha por la libertad de su hijo. El Rodeo I está desde anoche en una situación de alta tensión, por la protesta de reclusos extranjeros.


La madrugada del 3 de enero 2026, los reclusos del Rodeo I escucharon, durante dos horas, explosiones a lo lejos. Después llegó un silencio tenso, interrumpido por conversaciones nerviosas entre los custodios. El penal entró en alerta máxima; se reforzó la seguridad con tropas adicionales, se instalaron armas calibre .50 en los techos y la bandera fue izada a media asta. 


Las visitas y el servicio médico fueron suspendidos; se restringió la comida, se silenciaron los altavoces y comenzaron amenazas directas contra los internos. Funcionarios advertían que los usarían como rehenes políticos y ejecutados si “los gringos” intervenían.


Las visitas se reactivaron el sábado 9 de enero. Los familiares, sin miedo, les informaron lo ocurrido en la Operación Resolución Absoluta y la extracción de Nicolás Maduro y Cilia Flores de territorio venezolano. 


“Exigimos la libertad inmediata y protestamos. El 15 de enero nos amenazaron por lo que las protestas cesaron, pero siguió un periodo de profunda ansiedad y desesperación”, narra Diego González Mejías.

Padre e hijo Diego José González, estuvieron juntos durante un año hasta que Diego Mejías González salió luego de la Operación Resolución Absoluta

El 27 de enero, un custodio irrumpió con premura en la celda para colocarle las esposas y le cubrió el rostro con una capucha. Un jefe de régimen pronunció su nombre en voz alta y anunció su libertad. “Abracé a mi hijo como nunca. Lloramos inconsolablemente. Nos despedimos. Fue desgarrador dejarlo allí”, recuerda.


Los excarcelados de ese día fueron conducidos a un área donde les ordenaron desnudarse y elegir, entre montones de ropa acumulada, algunas prendas para vestirse. Les raparon el cabello y los trasladaron a un estacionamiento para fotografiarlos. Antes de la salida, el director del penal, conocido como Paterel, se despidió y los entregó a funcionarios de la DGCIM, quienes los trasladaron a la sede de Boleíta, en Caracas.


El grupo estaba integrado por 22 personas: 17 venezolanos, dos peruanos y tres hondureños. En la DGCIM, fueron sometidos a nuevos procedimientos de identificación. “Nos entrevistaron, nos volvieron a desnudar y nos tomaron fotos”, explica. Les entregaron la boleta de excarcelación y el documento del régimen de presentación cada 15 días ante tribunales de terrorismo en Caracas.


Fueron obligados a firmar un documento que debían leer en voz alta mientras eran grabados en video, declarando que no habían sido maltratados ni actuarían contra el Gobierno ni contra los funcionarios de seguridad, que no ofrecerían entrevistas ni declaraciones públicas y que no podían salir del país.


A las seis de la tarde fueron liberados, sin documentos personales, dinero ni teléfonos móviles. “Salimos con miedo, caminando rápido. Cuando logramos salir del perímetro, unas personas que la divinidad puso en nuestro camino nos prestaron sus teléfonos. Lloraron con nosotros”, recuerda.


El 23 de febrero, mientras los cadetes detenidos recuperaban su libertad, el joven Diego José quedó recluido en el Rodeo I. Fue entonces cuando su padre inició una campaña pública para exigir su liberación. Su madre, Mireya Sierra, al igual que otros familiares de presos políticos, se apostó frente a la cárcel en señal de protesta. “A mi hijo y a mí nos negaron la Amnistía”, denuncia Mejías González.

La madre, madre de Diego, se aposto desde hace meses al frente al Rodeo pidiendo libertad para su hijo

El inicio de la pesadilla

Hace una década, el deterioro político y social del país, marcado por la ideologización, el control estatal, la represión y la destrucción de sectores clave como el educativo, impacta de forma directa en la vida de Diego Mejías Sierra (23 años). 


Así lo relata, en la conversación con Infobae, su padre, Diego José Mejías González (54), aseverando que su hijo fue testigo de la emigración de primos y amigos, el colapso del sistema educativo, persecución de compañeros cercanos, encarcelamientos e incluso muertes.


Esos sentimientos de frustración y descontento llevaron al joven a expresarse en redes sociales, donde entró en contacto con Jesús Pulgar, un cadete de 20 años. A partir de ese intercambio, junto a otros jóvenes, comenzaron a crear escenarios imaginarios en los que fantaseaban con un eventual derrocamiento del gobierno.


Según Mejías González, Pulgar logró sumar a varios cadetes más a ese grupo. Entre 2023 y 2024, mantenían conversaciones a través de Telegram y videojuegos en línea. Sin embargo, el hijo de Mejías se distanció del grupo al iniciar una relación sentimental. “Dejó atrás todo lo que estaba haciendo con los cadetes. Jesús Pulgar sí continuó”, afirma.


El caso dio un giro decisivo el 4 de febrero de 2025, cuando uno de los estudiantes de la Academia Militar denunció al grupo después de que la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) hallara información comprometedora en su teléfono móvil. A partir de ese hallazgo, las autoridades lograron identificar y detener a dos cadetes.


Los jóvenes fueron trasladados inicialmente a una casa de seguridad, que son centro de torturas, adscrita a la Dirección de Asuntos Especiales (DAE) de la DGCIM, bajo la responsabilidad del coronel (GNB) Alexander Enrique Granko Arteaga. La vivienda, ubicada en Chuao, había sido incautada previamente a José Ignacio Moreno Suárez, abogado de la empresa Gold Reserve, detenido el 4 de junio de 2023 y recluido en la cárcel Rodeo I, acusado de “conspiración con gobierno extranjero”.

El coronel (GNB) Alexander Enrique Granko Arteaga, jefe de la DAE, DGCIM

De acuerdo con el testimonio del padre, los primeros detenidos fueron diez cadetes y un menor de edad. “Al adolescente se lo llevan solo por mirar, por pura maldad”, sostiene. Asegura que todos fueron sometidos a torturas hasta que el 7 de febrero de 2025 fueron trasladados a la sede central de la DGCIM en Boleíta, Caracas.


Hasta ese momento, ni Diego Mejías González ni su hijo sabían que la operación estaba en marcha. El 9 de febrero, un domingo, la familia realizaba su rutina habitual cuando se dirigieron a visitar a una tía en Maracay, estado Aragua, sin saber que desde hacía dos días eran seguidos por una camioneta con cinco funcionarios del DAE, quienes los interceptaron.


“Había una confusión porque mi hijo y yo nos llamamos igual y la línea telefónica está a mi nombre, igual que la de otros familiares”, explica. Cuatro agentes descendieron del vehículo portando armas largas. El jefe de la comisión informó que debían llevarse al joven Diego, alegando que su teléfono estaba vinculado a un caso de extorsión contra un alto funcionario del gobierno. A petición del padre, permitieron que los acompañara.


Tras dirigirse al apartamento familiar, un funcionario indicó a la esposa de Mejías González que preparara un bolso. “Dijeron que al día siguiente iríamos a la fiscalía y que el martes seguro nos soltaban”, recuerda.


No fue así. Al abordar la camioneta de la DGCIM, Mejías González asegura que los agentes golpeaban a su hijo. “Ahí empezó el infierno”, dice, porque ambos fueron esposados con amarres de plástico, encapuchados y trasladados desde el estado Carabobo hasta la casa de seguridad en Chuao, Caracas.


Durante casi cuatro días, permanecieron recluidos en un sótano frío e iluminado, con las manos atadas y la cabeza cubierta. “A veces me dejaban sentarme en una silla; a mi hijo no”, denuncia. Solo les permitieron un día quitarse las capuchas y los amarres durante diez minutos para bañarse. Recibían restos de comida y poca agua, y no les permitían dormir.

Diego José Mejías Sierra

Según el testimonio, el joven era sacado cada hora para ser interrogado bajo tortura. “Era espantoso lo que yo sentía cada vez que se lo llevaban”, relata el padre, quien asegura que obligaron a su hijo a firmar documentos bajo amenaza de mutilar a Mejías González; el joven fue obligado a grabar un video afirmando que planeaba un atentado contra Jorge Rodríguez.


El Rodeo I

La tarde del 12 de febrero, padre e hijo fueron trasladados a la sede principal de la DGCIM, para reunirlos con los cadetes detenidos; una hora después lo enviaron a orden del Servicio Especial de Máxima Seguridad (SESMAS) y trasladados a la cárcel Rodeo I, un penal que Diego Mejías González describe como un “campo de concentración”.


El Rodeo forma parte de un complejo penitenciario integrado por tres edificios, marcado por un historial de violencia. En 2006, una masacre dejó 86 presos fallecidos y cerca de 200 heridos. Un año después se registraron otros 51 muertos y 101 heridos. En 2011, nuevos motines provocaron la muerte de al menos 30 reclusos.


Bajo el Gobierno de Nicolás Maduro, Rodeo I fue remodelado y reconvertido en una prisión de máxima seguridad, inaugurada el 18 de febrero de 2024 y adscrita al Ministerio del Servicio Penitenciario, entonces encabezado por la vicealmirante Celsa Sirley Bautista Ontiveros. El centro ha albergado desde entonces a presos militares y civiles, venezolanos y extranjeros.


Mejías González relata que, a su llegada, fueron recibidos por el director del penal, conocido como “Tiburón”, en referencia al teniente coronel (GNB) Carlos Enrique Rincones Serven. “Todos los funcionarios vestidos de negro y con pasamontañas. Nos desnudaron y nos obligaron a ponernos un uniforme azul claro, sucio”, recuerda. Durante la revisión médica, asegura que por primera vez en su vida presentó niveles elevados de tensión arterial.

La remodelación de la cárcel del Rodeo I implicó ser convertida en una prisión de máxima seguridad

Tras el registro digital, fueron conducidos esposados, encapuchados y sentados en el suelo, rodeados de custodios armados con bastones, para una reunión con el director y el subdirector del penal. Allí les advirtieron que, al tratarse de una cárcel de máxima seguridad, las normas y los castigos eran “estrictos”. También les informaron que las celdas eran para dos personas y que serían identificados como PDL (personas privadas de libertad).


Insólitas condiciones

Padre e hijo fueron autorizados a compartir una celda de 3,80 metros por 1,80 metros, de color gris, con piso, paredes y techo rústicos. El espacio contaba con una pequeña ventana enrejada al frente y una puerta metálica blindada. En el centro de la puerta había una abertura de unos 25 por 15 centímetros, por donde les entregaban la comida en recipientes plásticos.

Parte de los cadetes liberados se abrazan emocionados fuera de la cárcel Rodeo I

El interior lo describe como un cajón con estructura de litera. Entre la cama y la pared, había un espacio de aproximadamente un metro cuadrado donde se encontraba la letrina. Sobre ella, un tubo con una llave de cierre rápido servía como único punto de agua: allí debían asearse, bañarse, orinar, lavar los utensilios y la ropa. “Los malos olores eran permanentes, las 24 horas del día”, asegura.


Las celdas no tenían luz eléctrica. La única iluminación provenía del pasillo, que permanecía encendida de día y de noche. Relata la presencia constante de mosquitos, temperaturas extremas, humo procedente de la quema de desechos cercanos y colchonetas usadas, rotas, sucias y malolientes, sin sábanas, cobijas ni almohadas.

La cárcel del Rodeo I fue remodelada bajo el redimen de Nicolás Maduro y el ministerio de la VA Celsa Sirley Bautista Ontiveros

El régimen de dotación era mínimo: un uniforme durante seis meses, dos bóxers, un par de chanclas, un cepillo de dientes y un vaso plástico que se renovaba cada cuatro meses para beber agua, jugo o café. “La cucharilla plástica para comer nunca la cambiaron”, afirma. Cada uno disponía de un botellón de agua de cinco litros, recargado a diario y reemplazado tras ocho meses.


Recibieron además una toalla, un jabón y pequeños sobres de crema dental y desodorante. El afeitado solo fue permitido después de tres meses. “Me tomó nueve meses aprender a afeitarme sin espejo y sin cortarme”, cuenta. El corte de cabello, al ras, se realizaba cada quince días.


El suministro de agua se limitaba a 15 minutos por celda. Cada piso albergaba 24 celdas, todas vigiladas por cámaras con micrófonos. De lunes a jueves, durante hora y media, se transmitía música cristiana evangélica, y el culto religioso era obligatorio todos los días. Además, a alto volumen, se difundían las cadenas presidenciales de Nicolás Maduro, el programa Con el Mazo Dando de Diosdado Cabello y música alusiva al socialismo y al comunismo.


Una inyección para todo

La primera comida que recibieron en la cárcel de El Rodeo I les provocó un cuadro severo de diarrea y vómitos que se prolongó durante tres días. Ante la emergencia, fueron trasladados al área denominada “servicio médico”, cuya atención estuvo a cargo de custodios encapuchados y sin identificación visible. “No llevan registros ni historias médicas. Los medicamentos son traídos de la India y aplican siempre la misma inyección para cualquier dolor, sin explicar qué es”.

Teniente Coronel Carlos Enrique Rincones Serven, alias Tiburón, quien era el Director del Rodeo I

Durante la detención, padre e hijo fueron despojados de todas sus pertenencias personales, entre ellas los lentes bifocales de Diego Mejías González. “Mi hijo me leía y me cortaba las uñas, igual que yo hice cuando él era niño”, cuenta. Ese tiempo forzado de convivencia, asegura, también abrió un espacio de diálogo inédito entre ambos. “Hablé mucho con él. Al final me escuchó de verdad. Es muy inteligente y valioso”, afirma.


Tras 80 días de encierro, el entonces director del penal le entregó unos lentes cosméticos para lectura. Diez días después, comenzaron a permitirles salir dos veces por semana a un patio reducido, de apenas 18 por 12 metros. Allí pudieron interactuar brevemente con otros reclusos, venezolanos y extranjeros, que compartían relatos sobre cómo habían llegado a esa prisión de máxima seguridad.

Activistas de derechos humanos y familiares siguen reclamando la libertad de los presos políticos

A mediados de marzo de 2025 se realizó la presentación judicial de todos los implicados en el denominado “caso de los cadetes”: once estudiantes de la Academia Militar y los civiles Diego Mejías González y su hijo. El expediente quedó en manos de Carlos Enrique Liendo Acosta, juez segundo de Control contra la Corrupción y el Terrorismo. El fiscal Farik Karin Mora Salcedo “montó un caso de película”, elaborado por un capitán de la DGCIM, en el que se afirmó que todos los acusados tenían orden de detención desde el 4 de febrero. Les imputaron seis delitos.

El juez Carlos Enrique Liendo Acosta y el fiscal Farik Karin Mora Salcedo

En mayo y junio, la situación sanitaria dentro del penal se deterioró gravemente. Se registraron brotes masivos de gripe, casos de dengue hemorrágico y diagnósticos de tuberculosis. “Todas las semanas había intentos de suicidio”, relata Mejías González, quien también denuncia castigos especialmente severos en el piso 4 del bloque B: 22 celdas casi completamente selladas, con una única rendija por donde entraba la luz solar.


En ese nivel, asegura, los internos permanecían sin colchonetas, casi desnudos, solo con un bóxer, esposados y sin utensilios para comer. El acceso al agua, tanto para el aseo personal como para beber, estaba restringido. “Si protestaban, los castigaban con golpes de bastón, descargas eléctricas y gas lacrimógeno directamente en el rostro”.


La crisis sanitaria derivó en la destitución del director del penal, el teniente coronel (GNB) Carlos Enrique Rincones Serven “Tiburón”. Antes de abandonar el cargo, relata, ordenó sacar a todos los presos encapuchados y rodeados por custodios armados. “Nos amenazó. A los del piso 2 los golpearon y a los del piso 4 los castigaron porque, a través de grabaciones de las visitas, descubrieron que habían filtrado información sobre los enfermos”.


Tras su salida, Rincones Serven fue sustituido por un funcionario conocido como “Paterel”, quien autorizó las visitas por orden de la DGCIM. El 30 de julio la familia González recibió por primera vez la notificación oficial de visita para el 2 de agosto, confirmando que padre e hijo seguían con vida.


Las visitas se realizan los sábados, durante un máximo de 20 minutos, a través de un acrílico, una malla de acero y un teléfono, bajo la vigilancia permanente de cámaras y custodios posicionados a ambos lados. El cumplimiento de normas estrictas es obligatorio. Cualquier falta implica la suspensión inmediata del contacto.


https://www.infobae.com/venezuela/2026/04/10/detencion-y-torturas-el-perturbador-relato-de-un-padre-sobre-su-hijo-detenido-por-el-caso-cadetes/

lunes, 9 de marzo de 2026

Un bebé y su madre son liberados de una cárcel militar en Venezuela; su padre permanece entre rejas

 

Los padres del bebé son presos políticos y militares activos, quienes fueron detenidos el 13 de abril 2025


Sebastiana Barráez/ lunes 9 de marzo 2026

@SebastianaB

Tomado de Infobae


La Sgt. (Ej.) Milagros Katherin Molina Ceballos y su bebé de cuatro meses fueron excarcelados hace cuatro días

El 6 de marzo de 2026, un bebé de apenas cuatro meses abandonó la cárcel militar de Ramo Verde en Venezuela, acompañado de su madre, la sargento Milagros Molina, quien fue excarcelada tras permanecer casi un año en prisión. El padre del niño, el Mayor (Ej.) César Alejandro Girón Contreras, continúa privado de libertad, en el marco de una investigación contra el militar desertor Julio Ramírez, casado con la hermana de Molina.


Para el momento en que Infobae visibiliza el caso, en junio 2025, la sargento Milagros Katherin Molina Ceballos estaba embarazada, pero el juez no le permitió ninguna medida sustitutiva de libertad, por lo que el bebé, después de su nacimiento, en octubre 2025, también permaneció en la prisión militar. 

(http://www.sebastianasinsecretos.com/2025/06/la-direccion-de-contrainteligencia-de.html)


Los padres del bebé son presos políticos y militares activos, quienes fueron detenidos el 13 de abril 2025 cuando, a las 3 de la madrugada, un grupo de funcionarios de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim), fuertemente armados, llegaron a la casa de la pareja en Santa Rita, Maracay, Aragua, cortaron el cerco eléctrico y tumbaron la puerta.


A la sargento Milagros Molina, quien estaba embarazada, la lanzan al piso y luego la esposan, así como al Mayor (Ej.) César Alejandro Girón Contreras, adscrito a Policía Militar, siendo trasladados, hasta la sede de la DGCIM en Boleíta, Caracas, donde se les interrogó acerca del sargento desertor Ramírez; era la segunda vez que eran detenidos con ese argumento


La respuesta de la pareja, que tiene además un hijo de cinco años, es que no entendían por qué les hacían las mismas preguntas de hacía meses atrás. Los funcionarios respondieron que desconocían que ellos ya habían estado en la Dgcim, pero agregaron que investigaban al sargento Julio Ramírez por publicaciones en Facebook y que ellos eran otro grupo de funcionarios de inteligencia y que esta vez “no se iban a equivocar”

Funcionarios frente a las instalaciones de la sede central de la Dgcim en Boleita, Caracas

Posteriormente, ambos pasaron 38 días en desaparición forzada antes de ser presentados, el 21 de mayo 2025, ante el Juez Militar Segundo de Control en Caracas, coronel Carlos Alirio Jaramillo, imputados por el fiscal Sexto, Mayor Rojas Figueredo, por Traición a la Patria, Instigación a la Rebelión, Desobediencia y Contra la Seguridad de la Fuerza Armada.


Sin prueba alguna

La alta cúpula de la Fuerza Armada no interviene ante la tortura y violación de derechos humanos contra sus subalternos

Tras once meses sin audiencia preliminar, el juez, coronel Carlos Alirio Jaramillo alias “El Justiciero”, como lo llaman los abogados porque “recibe todos los casos sin pruebas para que los convierta en culpables”, aún no ha encontrado los soportes suficientes para avanzar en el caso. 


Mientras la sargento Molina y su hijo recuperan la libertad, el Mayor Girón Contreras sigue esperando una resolución en el Centro de Procesados Militares de Ramo Verde.


Durante el proceso, bajo expediente Nr. TM2C-219-2025, les fue negado el derecho a la defensa privada y se les asignó un defensor público que les resumió el caso con la frase “es una orden meterlos presos”.


Cuando el 13 de abril, la Dgcim detuvo a la pareja en su casa, también fueron detenidas dos vecinas de la urbanización, sin ninguna orden judicial les allanaron sus casas, acusándolas de ocultar armas de fuego, y aunque no les encontraron nada, las mantuvieron detenidas durante diez días de la sede de Contrainteligencia Militar en Caracas. 

Al Mayor (Ej.) César Alejandro Girón Contreras lo mantienen detenido por los mensajes en Facebook que su cuñado publicó desde el exterior

Ambos militares fueron trasladados al Centro de Procesados Militares (Cenapromil) de Ramo Verde; ella, al anexo femenino y el oficial al anexo de hombres. Las solicitudes para que Molina pudiera continuar su embarazo en casa fueron desestimadas por el juez Jaramillo.


Molina fue trasladada antes del parto al Hospital Militar de Caracas, donde dio a luz el 17 de octubre 2025 al niño a quien llamaron en alusión a “Dios con nosotros”; dos días después, madre e hijo regresaron a la prisión de Ramo Verde, donde permanecieron hasta la reciente excarcelación, el 6 de marzo 2026, por una medida sustitutiva de presentación.


La familia de la sargento Molina están unos en Chile y otros en EEUU, pero no pueden entrar al país, porque están amenazados de ser detenidos. El niño mayor de César Girón y Milagros ya tiene seis añitos, y estuvo al cuidado de la abuela.


La audiencia preliminar que estaba pautada para febrero fue suspendida porque la Ley de Amnistía iba a tratar los casos de militares, pero eso no ha ocurrido con la celeridad esperada y no les dan libertad plena. 


La primera detención

La Ley de Amnistía se resiste a la liberación de presos políticos militares

A finales de septiembre 2024, el mayor activo del Ejército César Alejandro Girón Contreras, oriundo de Táchira, y su pareja, la sargento Milagros Katherin Molina Ceballos, fueron víctimas de desaparición forzada en los sótanos de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim) en Caracas. 


Al oficial lo detienen el 30 de septiembre 2024, cuando se encontraba en su trabajo, en la Escuela Logística de Fuerte Tiuna, Caracas; a la sargento en una unidad militar de Maracay, estado Aragua, donde le habían pedido presentarse. 


Son trasladados a la sede principal de la DGCIM en Boleíta, Caracas. Durante su retención, ambos sufrieron torturas físicas y psicológicas. El régimen venezolano empleó contra la pareja el método “sippenhaft”, una práctica de castigo colectivo utilizada por los nazis, aplicándola en este caso contra familia del sargento desertor del Ejército Julio Ramírez, que había desertado y residía en Chile junto a su esposa, hermana de la sargento Molina Ceballos.


Los funcionarios no encontraron ningún tipo de pruebas, ni evidencia alguna contra la pareja de militares, solo una fotografía familiar, tomada el 24 de diciembre 2020, donde está la sargento Milagros Molina con toda su familia y ahí aparece el sargento que después desertó Julio Ramírez con su esposa, hermana de Milagros Molina


Tras tres meses en desaparición, el 27 de diciembre 2024, les dijeron que no les habían conseguido ningún tipo de vinculación con Julio Ramírez y el 28 de diciembre 2024, ambos militares fueron liberados, no sin antes firmar un documento en el que constaba que habían sido detenidos el día anterior para una averiguación y que sus derechos habían sido respetados. 


Es decir, la investigación en la DGCIM duró 89 días, sin presentarlos ante ningún fiscal y mucho menos ante un tribunal militar u ordinario; el mayor fue enviado a la cárcel del Rodeo I y la sargento permaneció en la Dgcim de Boleíta. 


Ningún familiar fue informado y tampoco les permitieron comunicación alguna con ellos ni con abogados de confianza, hasta que los liberaron y la pareja, aún desconcertada, sin comprender del todo lo sucedido, debió presentarse al Ejército, donde fueron asignados a seguir trabajando en unidades militares de la zona central del país.


Menos de cuatro meses después, se produjo una segunda detención, con Milagros Molina embarazada. Desde entonces, el mayor Girón y su pareja permanecieron privados de libertad, esta vez con su bebé, nacido en prisión y bajo amenaza que se los quitarían si llegaban a decir algo de lo que estaba sucediendo. El oficial César Girón tiene dos hijas adolescentes de su anterior pareja


https://www.infobae.com/venezuela/2026/03/09/un-bebe-y-su-madre-fueron-liberados-de-una-carcel-militar-en-venezuela-su-padre-permanece-entre-rejas/




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jueves, 6 de noviembre de 2025

Murió Yenny Barrios, la paciente oncológica acusada de terrorismo luego del 28J cuyo único hijo también está detenido


La mujer perdió la batalla contra un linfoma no Hodgkin sin ver a su hijo, también preso


Sebastiana Barráez/ jueves 6 de noviembre 2025

@SebastianaB

Tomado de Infobae

Yenny Barrios padecía un linfoma no Hodgkin y sus riñones habían colapsado y era obligada a ir a Caracas a cumplir la medida de presentación cada mes

Entre los casi dos mil presos políticos postelectorales a los comicios presidenciales del 28 de julio 2024, estaba Yenny Lucía Barrios, quien unas semanas después de ser operada fue detenida en septiembre 2024. El fiscal Anderson Carmona la acusó de terrorismo, por la denuncia que hizo el dirigente del PSUV, José Alexander Gil Álvarez (48). Barrios perdió ayer la batalla contra un linfoma no Hodgkin sin ver a su único hijo, también preso.


La paciente oncológica estaba en condición crítica, más aún porque luego de su detención, el 9 de septiembre 2024, le suspendieron las quimioterapias y estuvo 93 días tras las rejas, siendo excarcelada, el 11 de diciembre 2024, con medida de presentación que la obligaba a viajar, todos los meses, unas seis horas, desde Lara hasta Caracas a firmar ante el Tribunal; su defensa no logró que le permitieran firmar en Carora o en la capital del estado Lara.


Barrios lidiaba con su enfermedad, pero también con encontrarse sola en el hospital, donde había sido recluida, porque su único hijo, Diego Sierralta Barrios, fue detenido el 22 de enero 2025, acusado por publicar en redes que cambiaba un medicamento por otro que requería Yenny; Diego está detenido en la sede de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) de Pata e’Palo, Barquisimeto, estado Lara.

Diego Sierralta y Yenny Barrios no se volvieron a ver desde que él fue detenido en enero de 2025

Cuando Yenny fallece es parte del expediente donde a ella y a otras personas el Fiscal Penal Octavo, Anderson Carmona, las imputa por los delitos de terrorismo e instigación al odio. Carmona luego de solicitar la detención del grupo de opositores e imputarlos, se fue de Lara con su esposa e hijos y solicita asilo en Alemania donde se encuentra actualmente.


La denuncia contra Barrios y un grupo de opositores la hizo el teniente de la Milicia Nacional Bolivariana, José Alexander Gil Álvarez, quien a su vez es el director del Instituto de Previsión y Asistencia Social del Ministerio de Educación (Ipasme), dirigente del PSUV y conductor de un programa en la emisora Venceremos ubicada en la sede del PSUV en Carora, municipio Torres del estado Lara.


Numerosas ONGs hicieron pronunciamientos públicos solicitando que Diego Sierralta Barrios fuera dejado en libertad para que le hiciera acompañamiento a su mamá, cuyos riñones habían colapsado, pero las autoridades no consideraron las peticiones.

El fiscal Penal Octavo Anderson Carmona imputó a Yenny Barrios y a otros opositores. Luego se fue a Alemania, donde está solicitando asilo

Se deterioró

A Yenny Barrios la detienen porque aparece en la declaración que José Alexander Gil Álvarez, dirigente del PSUV y vecino de los denunciados, hizo luego de las protestas que hubo en diversas partes del país después que el CNE desconociera el triunfo del candidato que postuló la Oposición, Edmundo González Urrutia


Barrios solo tenía tres semanas de haber sido operada, cuando fue detenida, en un delicado proceso postoperatorio, que agravó su condición estando tras las rejas. 

Cuando por fin la excarcelan la obligan a ir cada mes a Caracas a presentarse ante el tribunal; sus abogados solicitaron que lo hiciera ante una oficina en Lara, pero se lo negaron. 


Era su hijo, Diego Sierralta, quien luchaba por conseguirle los medicamentos, darle acompañamiento y atenderla,  pero cuando Yenny necesitaba un medicamento y su hijo publica que tiene uno que cambia por otro que ella necesitaba, fue detenido y con ello se agrava la situación de Barrios. 

La casa del PSUV Carora fue quemada como otras sedes del PSUV en varios estados del país

Gil denuncia

La denuncia la hizo José Alexander Gil Álvarez, 48 años, docente, director del Instituto de Previsión y Asistencia Social del Ministerio de Educación (Ipasme), teniente de la Milicia y conductor de un programa en la emisora Venceremos que está en la sede del PSUV en Carora.


Declaró que el 29 de julio 2024, es decir al día siguiente de las elecciones del 28J, varias personas llegaron a la sede del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), en Carora, municipio Torres del estado Lara y que “rayaron las paredes y arrancaron los afiches de Nicolás Maduro”. 


De inmediato el PSUV ordenó que el 30 de julio se pintaran las paredes y se “embelleciera el lugar” por lo que se convocó a una reunión para las 4 de la tarde, pero que media hora antes llegan mensajes a un grupo de WhatsApp que tienen los dirigentes del PSUV, indicando que estaban rodeados por manifestantes que los amenazaban. 


Para ese momento el Consejo Nacional Electoral (CNE) ya había desconocido el triunfo de Edmundo González Urrutia como presidente electo dando ganador a Nicolás Maduro, lo que provocó airadas protestas en todo el país.


Gil refiere que dejó el trabajo y se fue a ver lo que sucedía, observando unos 150 motorizados monitoreando la calle Coromoto y que la situación empeoró porque los manifestantes comenzaron a quemar las instalaciones del PSUV en Carora.

José Alexander Gil Álvarez, Teniente de Milicia, director del IpasMe y conductor de un programa en Radio Venceremos fue quien denunció a Yenny Barrios

Acusó a la “derecha fascista de tener un plan macabro” contra su partido y que por ello resultaron lesionados Dennys Pereira, Raúl Castejón, Nirian Segueri, Marcial Rodríguez, Francisco Ocanto, Octavio Pérez, Alí Montes De Oca, José Gregorio Tua, Douglas Mosquera y Eliazar Chirinos, quienes fueron atendidos en el Hospital Pastor Oropeza de Carora. No hubo heridos de gravedad.


Relató que como agresores “aunque la mayoría estaban encapuchados”, identificó a Guillermo José Quintero Piña de quien dijo aparece en un video de la noche anterior quitando el afiche de Maduro. Y responsabilizó como autores intelectuales al entonces alcalde Francisco Javier Oropeza y a Jesús Guillermo Gómez. 


La prueba que tiene de ello es que en un grupo de WhatsApp llamado El Diario El Caroreño, “incitaban al odio a las personas” porque en un comentario dijeron “para tener paz, deberán publicar los resultados electorales".


A otras personas que señaló como responsable “de actos vandálicos” contra la sede del PSUV, menciona a los trabajadores de los tribunales Elibeth Navas y su pareja Gerson Gil, además menciona a Isabel Pinto y a Yenny Barrios de quien dio su dirección y teléfono “calle Contreras con Ramón Pompilio”.


Los menciona como responsables porque “han publicado información contra el Gobierno Nacional, incitando al odio y a la violencia, a través de las Redes Sociales". 


De la casa del PSUV dijo que robaron motos, una planta eléctrica, kits trabuco conuquero, juguetes, franelas, gorras, sillas de plásticos, una laptop, 10 computadoras, 4 aires acondicionados, y quemaron consolas de radios, trasmisor, micrófonos, audífonos, cornetas y cámaras de trasmisión.


https://www.infobae.com/venezuela/2025/11/06/murio-yenny-barrios-la-paciente-oncologica-acusada-de-terrorismo-luego-del-28j-cuyo-unico-hijo-tambien-esta-detenido/


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