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sábado, 9 de marzo de 2024

Secuestraron y torturaron a su familia en Venezuela, regresó cuatro años después y lo acusan de preparar un atentado contra Maduro

 

El régimen de Venezuela acusa a Ányelo Julio Heredia Gervacio de formar parte de la supuesta trama conspirativa "Brazalete Blanco". Al igual que él ya han sido señalados otro tanto de activistas, disidentes y ex militares que, inclusive, han llegado a ser detenidos


Sebastiana Barráez/ domingo 10 de marzo 2024

@SebastianaB


Tomado de Infobae

El capitán Ányelo Heredia siempre mantuvo fuertes críticas contra altos funcionarios civiles y militares de Venezuela

Cuando, luego de tres años preso, el 25 de diciembre 2020, el capitán del Ejército Ányelo Julio Heredia Gervacio, huyó de la cárcel militar de Ramo Verde, empezó una pesadilla para sus padres y su hermana. Funcionarios de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim) se los llevaron, incluyendo a su sobrino de ocho años y los retuvieron durante ocho días. No hubo ningún procedimiento formal, no hubo orden de detención, ni audiencia, solo el secuestro, los golpes, las amenazas, la tortura con bolsas y agua y los insultos, como se lo contó a Infobae su hermana Anyi Heredia Gervacio


En ese momento, Julio Heredia, padre del capitán Ányelo Heredia estaba gravemente afectado de una enfermedad terminal, de la que murió dos años después, el 16 de octubre 2022. Toda la familia huyó unos meses antes del país. El capitán guardaba un profundo sentimiento contra el régimen que le torturó a la familia. El 25 de enero 2023 formalizó la denuncia de lo ocurrido con su familia, como testimonio ante la Corte Penal Internacional (CPI), cuya solicitud quedó registrada con el Nr. 14918173765670708. 


Su mamá, Saturnina Gervacio, dice entre lágrimas, que él nunca le dijo qué estaba planificando y mucho menos que pensara regresar a Venezuela. “Me duele mucho eso que dijo el general Manuel Cristopher, señalando a mi hijo de infiltrado, cuando Ányelo ha sacrificado todo por Venezuela”.

Uno de los mensajes que Heredia envió a su mamá un año antes de nuevamente ser detenido

Heredia fue detenido el 14 de diciembre 2023 en horas de la noche, en un hecho confuso, cuando al parecer intentaba pasar por una trocha, desde Colombia a territorio venezolano en compañía del teniente Ronal Ojeda Moreno, éste último logra huir y de regreso a Chile fue secuestrado, la madrugada del 21 de febrero, y posteriormente asesinado.

 

El régimen venezolano ha presentado a Heredia en el marco de una nueva conspiración, la que llamó Brazalete Blanco, y que pretendía atentar contra Nicolás Maduro y otro funcionario; el caso que involucra a varios comunicadores y abogados, así como a una treintena de militares, está en manos del juez de Terrorismo Carlos Enrique Liendo Acosta.


Heredia permaneció en desaparición forzada desde su detención el 14 de diciembre hasta que el Fiscal Tarek William Saab Halabi presentó la trama conspirativa anunciando que el capitán está bajo custodia del régimen venezolano. A casi dos meses de su detención, la familia de Heredia no ha recibido información alguna sobre él, no sabe oficialmente en qué sitio exactamente está recluido ni en qué condiciones físicas y emocionales.

El Ministerio Público no sólo acusó a Heredia sino que presentó un video del Capitán inculpándose

El capitán Heredia desde su escape de Ramo Verde se dedicó a denunciar lo que ocurría en el mundo castrense, así como a señalar con fuertes imputaciones a los más altos líderes del régimen bolivariano, entre ellos a Diosdado Cabello Rondón, a Tarek William Saab Halabi, a Nicolás Maduro Moros y a generales de la institución armada. Fue incluido en varias causas y solicitada su captura a Interpol. 


Una herida sangrante


“Bueno no la pasamos nada bien. En realidad, fue horrible y me ha traído consecuencias graves; he tenido que atravesar por cosas bastante difíciles y por eso me está atendiendo un profesional de la psiquiatría”, es lo primero que dice Anyi Heredia cuando recuerda lo que ocurrió aquel diciembre de 2020 como consecuencia de la huida del capitán Heredia de la cárcel de Ramo Verde.


“Cuando mi hermano Ányelo se fugó, mis padres estaban conmigo en Playa Grande, estado La Guaira, donde yo vivía. Era las 11:30 de la mañana cuando llegaron a detenernos. A esa hora ya me estaban tirando del cabello, mientras nos llevaron, con mucha prisa, desde el piso 7 hasta un vehículo tipo jeep de color blanco”, agrega. 


Anyi Heredia, al centro, junto a sus padres, Saturnina Gervacio y Julio Heredia, cuando la familia aún estaba unida

“Nos metieron, cubriéndonos la cara con una ropa de mi hermano que mi papá había sacado, creo que el 25 de diciembre; nos llevaron esposados y nos decían cosas. Llegamos al sitio, que supongo era una zona del este de Caracas, porque no dimos muchas vueltas; había casas de personas adineradas. Nos llevaron a una construcción de dos pisos, horrible; ahí nos tuvieron. En el piso había unos colchones individuales, sucios, orinados”.


Confiesa que ella fue la más maltratada, y que su mamá, Saturnina Gervacio, la oía gritar, porque “nos pusieron en habitaciones distintas. A mi mamá le daban cachetadas y mi papá, que estaba enfermo, con cáncer de pulmón, veía todo. Estaban esposados en una escalera”.


“Me maltrataron de tal forma, que me colocaron primero las esposas con las manos hacia adelante, luego con las manos hacia atrás y para que apretaran más y así me causara más daño, les colocaron cinta de embalar, de color marrón, con el fin de que hiciera más presión sobre mis manos; se me inflamaron las muñecas”.


“Me apretaron muy fuerte con el suéter de mi hermano, que me colocaron en mi cabeza; luego me pusieron una bolsa en la cabeza y, colocándome boca arriba, me echaban agua en la boca. Como quizá se dieron cuenta de que podía respirar un poquito me colocaban boca abajo y luego boca arriba, mientras me hacían preguntas”.


Ellos creían que yo podía dar información, porque me presionaban con mis dos niños pequeños. A mi hijo de ocho años lo trasladaron en una moto y yo infiero que a él quizá lo tenían en el mismo sitio donde estábamos nosotros, pero en la planta baja, aunque a mí me decían que estaba en Margarita (una isla al norte de Venezuela)”.


“Todos los días nos hacían preguntas, nos pasaron a un cuartico. El primer día, que nos llevaron a ese lugar, se acercaron como 20 hombres y me gritaban prostituta, pero con groserías, amenazándome con introducirme, por el ano, un palo de madera, que tenían cerca, pero gracias a Dios no llegaron a eso”. 


“Me mostraron una foto de mi hijo amenazándome con cortarle un dedo si yo no hablaba, lo que gracias a Dios no llegó a ocurrir y no me le hicieron nada a mi niño. Todavía a las 11 de la noche venía el hombre del DGCIM, uno moreno, muy alto que me decía muchas groserías”.  


Recuerda que les permitieron bañarse, pero tenían que colocarse la misma vestimenta, porque no les dieron mudas de ropa. “Nos daban las tres comidas, pero nunca pudimos cepillarnos los dientes. Dormíamos en las colchonetas individuales que estaban muy sucias y feas”.


El acuerdo fue silencio


Anyi se estremece aun al recordar que fueron ocho días de terror, dolor y tortura. “Estuvimos ahí desde el 26 de diciembre hasta el 3 de enero que nos liberaron como a las 6 de la tarde. Eso fue luego de negociar para que no habláramos con nadie, ni siquiera con vecinos de lo que nos habían hecho, porque sino nos volverían a detener. Se quedaron con la cédula de identidad de nosotros y prometieron regresarlas, pero no lo hicieron”, dice. 

Funcionarios de la DGCIM torturaron a la familia Heredia en una casa base en Caracas


“Cuando salimos de ahí, el niño estaba horrible, con un pijama viejito, porque nunca le cambiaron la ropa, aunque nos decían durante esos días que sí le cambiaban la ropita. Todos permanecimos con la misma ropa durante todos esos días. El niño contó que lo tenían en una tipo oficinita, donde había un aparato de televisión, donde solo sintonizaban el canal Venevisión”.


Lo que más agradece Anyi Heredia, en medio de todo el horror vivido, es que “Dios puso la gracia en mi hijo y mantuvo al niño tranquilo, no se puso a llorar. A la niña la dejaron con una vecina adolescente de 14 años y luego la familia de mi esposo fue a buscarla; en esa época yo aun estaba amamantando a la niña que tenía 15 meses de nacida”.


Los funcionarios, por fin, los dejaron en Puerto Viejo. “Ellos nos mantenían boca abajo y daban muchas vueltas en el vehículo para hacernos creer que estábamos en el estado Miranda, pero no, estábamos en el este de Caracas. Nos lanzaron las bolsas con la ropa del niño y la de nosotros. Nos lanzaron las bolsas con la ropa del niño y la de nosotros y nos dejaron ir”.

Han pasado los años y Anyi sufre los efectos de la tortura. “Yo trabajaba de docente en Venezuela, pero después que fuimos liberados, cada vez que salía de mi trabajo y veía policías o cualquier funcionario gubernamental que tuviera que ver con la seguridad, yo salía corriendo porque temía que me volvieran a agarrar. Mis padres, mis niños, todos estábamos tan asustados que no queríamos abrirle a nadie la puerta del apartamento”.


Secuestraron y torturaron a su familia en Venezuela, regresó cuatro años después y lo acusan de preparar un atentado contra Maduro - Infobae

domingo, 31 de diciembre de 2023

El conmovedor testimonio de una mujer que luchó por la libertad de su hermano preso político: “Lo mejor que hice fue denunciar”

 

Molly De La Sotta, hermana del capitán de Navío Luis Humberto De La Sotta Quiroga, quien fue preso político del régimen venezolano, habló con Infobae


Sebastiana Barráez/ domingo 31 de diciembre 2023

@SebastianaB


Tomado de Infobae


Luis Humberto y Molly De La Sotta Quiroga el abrazo en libertad

“Cuando estas lejos de tu familia, cada noche al acostarte, haces un recuento silencioso de tus seres queridos: saber que están bien te hace dormir tranquilo. Después de esa noche, del 18 de mayo 2018, nunca más dormí tranquila”, dice Molly De La Sotta, hermana del capitán de Navío Luis Humberto De La Sotta Quiroga, quien fue preso político del régimen venezolano, quien estuvo largo tiempo en los sótanos inmundos de la DGCIM y luego en la cárcel de ese organismo en Fuerte Tiuna. Ella se dedicó a denunciar en todo organismo, funcionario y en cualquier país, lo que sucedía con su hermano como reflejo de lo que ocurre con los presos políticos en Venezuela. Cuenta que el día que lo abrazó en libertad sintió que su lucha valió la pena.

Hay cientos de presos políticos militares y civiles en Venezuela

“En este camino, conocí a personas extraordinarias que me ayudaron a levantarme las veces que pensé que no podía más, a veces una palabra de aliento, un “lo estás haciendo bien” basta. Me siento muy afortunada, pues en medio de esta pesadilla conocí la bondad, esa virtud tan difícil de encontrar. Conocer gente realmente buena en medio del inframundo de las violaciones de los DDHH, me hizo volver a creer en el ser humano y me ha hecho mejor persona”, confiesa la hermana de Humberto De La Sotta.

Molly, quien es politóloga, pasó a ser una defensora de los derechos de los presos políticos, incluso reclamándole a Bachelet el incumplimiento de la promesa que hizo a los familiares de militares presos políticos, pues considera que la entonces Alta Comisionada de DDHH de la ONU nada hizo por las víctimas, limitándose a lavarle la cara al régimen. Con cierta amargura dice que lo peor es que esa comisión de la ONU sigue en Venezuela, “haciendo cursos de derechos humanos a los cómplices de los torturadores”.

El coronel Hannover Esteban Guerrero Mijares, a la derecha, frente al jefe de la DGCIM, MG Iván Hernández Dala.

“Una buena amiga periodista me enseñó a enfrentar mis miedos, ante la TV, la Radio y cuanta red social me encontraba, hasta me aconsejó cómo debía presentarme, el tono de mi denuncia y el contenido principal: me dio las herramientas necesarias para confiar en mí y eso voy a agradecérselo toda la vida, porque mientras muchos me tiraban piedras para que me callara, ella le dio fuerza a mi voz para que se escuchara bien alto”.

En el 2014, Molly de La Sotta y su esposo emigraron a Estados Unidos. “Prácticamente salí huyendo de tanta falta de respeto a la condición humana, a la vida, al trabajo, al estudio, a las leyes en general y todo eso terminó alcanzándome con el caso de mi hermano, Luis Humberto”.

Ella se hace una pregunta que sin saberlo la respondió en su lucha diaria por la defensa de los derechos humanos de su hermano. “¿Cómo superas la decepción que sientes cuando tocas la puerta equivocada de ONGs, organismos Internacionales, políticos y hasta abogados, y descubres que son personas o Instituciones que aprendieron a vivir del negocio de las violaciones de los derechos humanos y no harán nada para que ese negocio se les termine?”.

La entonces Alta Comisionada de DDHH, Michelle Bachelet, en un encuentro con Nicolás Maduro en Miraflores

¿Cómo era su vida hasta ese 18 de mayo 2018 cuando su hermano fue detenido?

Habíamos logrado la distribución exclusiva para la venta de un producto de reparación de pisos en los Estados Unidos y aprendí a vender por Amazon. Tuve que dejar mi trabajo a un lado luego de la detención arbitraria de Luis Humberto, mis ideas comerciales se acabaron, al igual que otras actividades de venta que tenía. En mi cabeza solo había espacio para encontrar la forma de liberar a Luis. Necesitaba estudiar la situación, determinar a los responsables, analizar los recursos que tenía para defenderlo, un plan, una estrategia.  En ese momento, no tenía idea de que me enfrentaría a todo un sistema criminal de persecución y tortura enfocado a destruir esa parte de las Fuerzas Armadas que aún defendía la Constitución.

Luis de La Sotta en uniforme de los Comandos fue tomada por su mamá horas antes que fuera detenido en Turiamo 2

¿Cómo fue ese momento en que se entera de la detención y qué sucedió en las horas posteriores?

Recuerdo claramente ese viernes 18 de mayo: el 20 de mayo eran las elecciones presidenciales. Mi mamá estaba de vacaciones en Valencia (ciudad a dos horas y media de Caracas), porque apenas la semana anterior había pasado el día de la madre con Luis y su familia. Ese fin de semana Luis estaría acuartelado por las elecciones y ella lo acompañó a Turiamo (donde se encuentra la Base Naval “TN Tomás Vega” y la casa vacacional del presidente de la República). 

¿Cómo supo que había sido detenido?

Ya estaba acostada cuando me llamó mi cuñada para decirme que el familiar de un militar, que trabajaba en Turiamo, le dijo que a Luis lo habían ido a buscar unos hombres armados de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) y se lo habían llevado en un helicóptero, pero nadie sabía a dónde. Mi cuñada estaba muy nerviosa pues Luis no había llamado y su celular estaba apagado. Sentí como si el piso se abriera y me llevara a un mundo completamente distinto, un mundo oscuro, lleno de incertidumbre y angustia. Más allá de dónde estaba y quiénes lo tenían, mi gran pregunta era ¿para qué? ¿Quién se tomaba tantas molestias de enviar esa logística para llevárselo?  ¿era algo personal o parte de algo más grande?  Y la pregunta que me daba vueltas en la cabeza, ¿qué podía hacer yo para proteger a Luis, a su familia? ¿Soportaría mi mamá tanto dolor?

¿Qué hizo entonces?

Decidí  buscar por internet la palabra clave: DGCIM,  y un escalofrío comenzó a invadirme; mientras más leía, más miedo sentía. Pasé toda la noche buscando información por las redes; llamé a mi cuñada en la madrugada  y le pedí que se fuera de la casa con los niños, porque probablemente irían por ellos. Y así fue, salieron en la madrugada y nunca pudieron regresar.

¿Alguna vez se imaginó que se convertiría en defensora de derechos humanos de presos políticos?

Nunca imaginé que me tocaría transformar el mundo etéreo de la defensa de los Derechos humanos en mi realidad y la de mi familia. Le enseñé a mis hijos que nuestros derechos terminan donde comienzan los de los demás. Si hiciéramos una encuesta, entre profesionales diversos, y preguntáramos: ¿la libertad de expresión y el voto son derechos fundamentales o derechos humanos? Tal vez algunos dirían rápidamente, son derechos fundamentales consagrados en nuestra Constitución. Lo cierto es que la libertad de expresión es un derecho humano fundamental porque así lo establece el Art. 19 de la carta Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, y la diferencia entre uno y otro, es que los derechos fundamentales se defienden dentro del país donde vives según sus leyes y normas, y los derechos Humanos se defienden en el ámbito Internacional. Yo ignoraba la diferencia y mucho menos dónde debía librar la batalla por la libertad de mi hermano.

La madre de los De La Sotta resistió con estoicismo y participó en cuanta protesta había por la libertad de los presos políticos

Se vio obligada a aprenderlo

Lo que sucede es que, para mí, como la mayoría del ciudadano común, el mundo de la defensa de los Derechos Humanos era algo etéreo, sabes que existe pero no sabes dónde. Así que traté de entenderlo e hice cursos en línea sobre el Sistema Universal de los DDHH y las Instancias que los protegen. Cuando hice mi primera llamada a la Oficina de la Alta Comisionada Michelle Bachelet, quien asumió el cargo en septiembre del 2018, hablé con una funcionaria para exponer el caso de mi hermano. Después de dos horas de interrogatorio, la funcionaria sin ningún disimulo me dijo: “Le recomiendo que se busque un abogado de Derechos Humanos, le puedo recomendar uno en Estados Unidos”.

¿Qué?

Si, ahí comencé a entender por qué me había costado tanto saber dónde estaban. Sin embargo seguí insistiendo con la ONU y encontré a un Oficial que estaba comprometido con la situación de Venezuela, por ello debo hacer un reconocimiento a Carlos De La Torre, quien fue parte de la primera Comisión de Bachelet en el 2019 y luego fue expulsado de Venezuela, supongo que por hacer su trabajo; fue quien me orientó sobre la página de la ONU, los recursos que tenía, como la Carta al Relator contra la Tortura, y me apoyó como Organización (FPPM) a orientarme en como debía  iniciar el procedimiento ante el Grupo de Trabajo de detenciones arbitrarias de la ONU.

Durante estos 5 años y 4 meses, ¿cuándo sintió que era inútil la lucha que libraba por la libertad de su hermano Luis Humberto?

Esta lucha es muy dura, porque es desigual. Mientras los criminales tienen dinero y tiempo para perseguir y torturar, tú estás en el día a día, viendo cómo resuelves el mantenimiento de tu familiar prisionero, hacerle llegar comida, medicinas, ropa, colchón, porque a los presos políticos no les dan ni agua. Hay que enviarle libros, cartas que previamente leerán los esbirros, o cualquier cosa para que se entretenga y no se vuelva loco, encerrado en esas celdas inmundas. En nuestro caso, también tuvimos que trasladar a mi mamá desde Maracaibo a Caracas, para que pudiera ver a Luis, y eso conllevó una logística completa. Al mismo tiempo tienes que ocuparte de administrar tu tiempo para trabajar, atender a tu esposo, hijos y dar la batalla en redes sociales, prensa, TV, reuniones, etc. Por otro lado, debes luchar en contra de tu propio miedo.

¿Cómo es eso?

Porque te infunden la idea de que tus denuncias le pueden costar la vida a tu familiar. Los custodios, el Director de Investigaciones e incluso un juez le dijeron a mi hermano que yo dejara de denunciar y eso solo indicaba que estaba haciendo lo correcto. Cada vez que mi madre regresaba, de una visita, evento o reunión, me preguntaba adolorida “¿hijita…hasta cuándo?”. Me dolía no tener respuesta, pero su dolor se convirtió en el mío y lo transformé en energía para luchar cada uno de los más de 1900 días que Luis estuvo preso. Hay una frase hermosa que dice: “la Fe no hace las cosas más fáciles, hace las cosas posibles”. Mi madre hoy tiene 86 años y le toco librar la batalla más dura; ella es un ejemplo de que el amor incondicional existe y lo resiste todo.

¿Cuál es la lucha más difícil?

La que libras buscando justicia, cuando al fin alcanzas a tocar la puerta que creías correcta, pero resulta que esa puerta era imaginaria. ¿Cómo superas la decepción que sientes cuando tocas la puerta equivocada de ONGs, organismos Internacionales, políticos y hasta abogados, y descubres que son personas o Instituciones que aprendieron a vivir del negocio de las violaciones de los derechos humanos y no harán nada para que ese negocio se les termine? Es como estudiar para un examen, y te raspan porque no le pagaste al profesor. Entonces la decepción se convierte en frustración y eso sí puede llevar a rendirte y quedarte con la idea de que todos son iguales y que tu lucha no vale la pena porque el único doliente eres tú, y tu familiar preso, desaparecido o muerto. Y ese es el error, como todo en la vida, aprende y sigue. El encontrar puertas falsas no significa que no existan las puertas correctas. Cuando te equivocas, aprecias mejor el panorama e identificas, a quienes comparten los mismos valores, y practican la defensa de los derechos humanos, creen en la democracia, la libertad y la justicia y te harán sentir que no estás solo.

¿Qué la llevó a crear la Ong Familiares de Presos Políticos Militares?

Mi primera reunión internacional, fue con el Secretario General de la OEA, doctor Luis Almagro, en julio 2018, cuando viajé a Washington para denunciar el caso de mi hermano. Me aconsejó que visibilizara el caso de Luis, pero lo más importante era que me organizara para canalizar esas denuncias ante los Organismos Internacionales, para que lograra ser escuchada, pues el caso de mi hermano no era aislado. Publicar el tweet de mi denuncia junto al Secretario General, fue muy difícil, pero seguí su consejo y fue lo mejor que hice.

Luis Almagro, como secretario general de la OEA ha sido un apoyo a la denuncia sobre violación de DDHH en Venezuela

Usted pasó de ser una desconocida en el tema de los derechos humanos a ser una referencia: aparecía en ruedas de prensa, en programas de televisión, radio, redes sociales, periódicos y portales de noticias, en reuniones con miembros de la ONU, de la OEA, llegaba a lugares donde se reunía la oposición con el Gobierno venezolano en México. ¿De dónde sacó tanta fortaleza?

De la confianza de que estaba haciendo lo correcto, por la causa correcta. Mi esposo ha sido un gran apoyo, ha estado conmigo incondicionalmente todos estos años apoyando mi lucha, siempre me dice lo orgulloso que está de mí y esto ha permitido que siga adelante. Al inicio, yo buscaba intermediarios para que hablaran por mí, el desconocimiento y la incertidumbre llegan a hacerte dudar sobre tu capacidad de enfrentar una entrevista. Acudí a un personaje en Miami que se manejaba bien en los medios, para que me apoyara en una entrevista con Jaime Bayly o Fernando del Rincón, para denunciar que mi hermano estaba siendo torturado y me dijo que yo no estaba preparada para una entrevista con esos personajes, y prácticamente con nadie de la TV. Entonces me pregunté ¿qué necesitaba yo para hablar en TV o en cualquier parte? Pues mi voz y mi verdad y para eso no necesito tener preparación, era la vida de mi hermano y necesitaba protegerlo. Tiempo después conseguí que Jaime Bayly y también Fernando del Rincón me entrevistaran. Defendiendo mi verdad he llegado a enfrentarme con la mismísima Bachelet a quien le reclamé el incumplimiento de la promesa hecha a los familiares de militares de protegerlos y liberarlos.

¿Eso ocurrió dónde?

En una reunión en Caracas, casi llorando, nos dijo que entendía nuestra situación porque su padre había muerto en custodia de la dictadura de Pinochet; ella nunca hizo nada por las víctimas, más que lavarle la cara al Régimen. Lo peor es que esa Comisión aún sigue en Venezuela, haciendo cursos de derechos humanos a los cómplices de los torturadores. Cada año pasa un informe al Consejo de Derechos Humanos más complaciente que el anterior.  

¿Alguna vez dudó que su hermano saliera en libertad?

Si, claro. Dudé de que saliera en libertad, incluso que saliera vivo. En la época de la pandemia, lo aislaron casi 5 meses. Durante ese año mi mamá solo lo vio 9 veces. En julio del 2020, llamó a mi mamá para decirle que le llevara urgentes medicinas para el Covid19. Solicitamos ante el Ministerio Público que un Fiscal ingresara a la DGCIM y así fue nombrado Dusay Dueñas, quien le respondió a mi mamá que había llamado a la DGCIM y le habían confirmado que había Covid y por lo tanto no podía entrar. Lo peor es que denuncié y la ONG Foro Penal trató de desmentirme diciendo que no podían negar o afirmar el hecho, y esa fue la noticia que prevaleció. Imagínate como nos sentimos todos los que teníamos familiares enfermos en esos sótanos inmundos. Sin embargo, logré el apoyo de varios periodistas. En marzo del 2021, a Luis lo trasladaron de urgencia a una clínica privada porque estaba orinando sangre; aprovechamos para mandarle a hacer la prueba de serología que indica si tuviste Covid19 y salió positiva. Él cuenta, ahora que pudimos conversar, que cuando le dieron los síntomas los llevaron a otra área donde los aislaron y no les  daban  medicinas y los afortunados que tenían familiares que les llevaran la medicina, se automedicaban. No tuvieron atención médica y se vio muy mal. Sin embargo, ese año, la Alta Comisionada Bachelet felicitó la manera como los Organismos de Inteligencia aplicaron el protocolo del Covid19.

¿Puede contarnos un testimonio del hecho que más le ha impactado positiva y negativamente durante esta lucha por la libertad de su hermano?

Cuando ingreso la Comisión de la Alta Comisionada a la DGCIM, entrevistó a mi hermano, quien denunció las torturas y el maltrato recibido durante su contagio del Covid19. Lo entrevistaron en la Oficina del Director de Investigaciones Penales Criminalísticas; en ese momento estaba el General Carlos Terán Hurtado. No cuidaron la confiabilidad y todo estaba siendo grabado; como represalia, lo mantuvieron en la celda con la luz prendida día y noche y pocos días después del informe de la Misión de Determinación de los Hechos, donde Luis fue presentado como el caso #13 ante el Consejo de Derechos Humanos, lo metieron en la celda de tortura llamada por ellos el Ataúd Vertical, un  lugar nauseabundo, oscuro, donde solo puedes mantenerte de pie y que por lo general te meten 24 horas. Gracias a que unas personas que de la DGCIM fueron trasladadas al Tribunal, obtuve la información; imagínese la angustia y desesperación de pensar que mi hermano estaba metido en ese lugar. Pensé que no resistiría porque es hipertenso, y comencé a denunciar y exigir fe de vida. Lo dejaron 12 horas y no 24. Y el General Terán Hurtado le dijo que llamara a su familia y dejáramos de denunciar porque él estaba bien. Si bien es cierto que mi hermano sufrió represalias por las denuncias en la ONU, también es cierto que las denuncias lo salvaron.

¿Qué pasa con esas oficinas?

El protocolo de estas oficinas me decepciono. Me dijeron que denunciara en el Comité de Represalias y debía llenar una larga planilla y enviarla antes de abril del año siguiente. Esto se publicaría dentro de un año. en septiembre del 2021, en el informe del Secretario General de la ONU donde se pediría protección para mi hermano, es decir, torturaron a Luis por ser testigo de la ONU y debíamos esperar un año para que ellos pidieran protección. Igual hice el procedimiento, en todos estos años no ha habido planilla que no llene. Sin embargo, este evento, sirvió para que sacaran a Luis del sótano infrahumano  y lo trasladara a DGCIM Fuerte Tiuna, donde lo esperaba  una celda sucia, con ratas y zancudos pero con una ventana donde, después de 2 años y medio, pudo ver la luna y las estrellas.

Aunque la libertad de su hermano no fue una concesión del régimen venezolano, sino el cumplimiento de una condena, ¿qué le dice usted a todos esos miles de familiares y amigos que tienen a su ser querido aun tras las rejas por causas políticas?

Denuncien, solos o en grupo, saquen un video y de manera respetuosa exijan el cumplimiento de sus derechos, ellos solos los tienen a ustedes, el mejor defensor de derechos humanos de su familiar es usted, padre, madre hermana, hermano, esposa, esposo, hijo, hija. Denuncien por las redes, con nombres y apellidos, al custodio, al Juez, al fiscal, a todos los cómplices de crímenes de lesa humanidad, recuerden que si las victimas hubiésemos hecho silencio, hoy Venezuela no estaría siendo investigada por crímenes de lesa humanidad y la detención arbitraria y la tortura son unos de los 4 delitos investigados. Pero lo más importante es que denuncien ante el Ministerio Publico, en la oficina de la atención a la víctima, pidan un fiscal y guarden esa copia, igual en la Defensoría del Pueblo, y en el Tribunal que les toque. Registren todo en un papel desde el primer día, hagan una cronología. No necesitan un abogado para ir a estos organismos. Después de denunciar a nivel nacional, háganlo a nivel internacional, muchos de los formatos en los organismos internacionales los consiguen en internet, saque las fotos de esos documentos y envíelos al link de la Corte Penal Internacional, a la Oficina de la ONU, a Amnistía Internacional, a la OEA. Demuéstrele a su familiar que no está solo; lo peor no es la prisión, sino sentir que han sido olvidados y que pierdan la esperanza. Mientras usted alce su voz y toque las puertas correctas, la fuerza de la verdad caerá por su propio peso.

¿Cómo fue esa última vez que vio a su hermano en la DGCIM?

Confieso que mi mayor temor, siempre, fue que alguno de los dos no resistiera y llevarme la imagen de esa última vez que lo vi, en aquellos primeros días de enero 2019, en el área de visita llamada La Pecera en el sótano de la DGCIM; estaba demacrado, con la cabeza rapada, que le hacían ver más grandes los ojos desesperados, vestía una braga verde inmunda. Le revisé las manos y sentí las cicatrices en sus muñecas, sentí su desesperanza y angustia. Entonces lo abracé y sentí su cuerpo delgado. Le pregunté qué estaba pasando y me contó, en voz baja, que 110 personas estaban hacinadas en un sótano, con un solo baño y una sola ducha, evacuando en bolsas plásticas y con luz prendida día y noche, durmiendo en el piso. Tenía meses así, sin ver la luz del sol, sin salir al patio, ni respirar aire natural. Para ese momento el Director de Investigaciones era el torturador Hannover Esteban Guerrero Mijares. Le pregunte: ¿quieres que haga silencio, o que cuente la verdad de lo que pasa en este sótano? Y él me miro con esperanza al preguntarme ¿estarías dispuesta? Y le dije: por supuesto que sí, aunque sabes que ya no podré regresar a verte; hicimos un pacto que duró casi 5 años.

¿Y el reencuentro?

Mi hermano salió del infierno el 29 de septiembre del 2023. No pude verlo enseguida por razones obvias. Me tocó reencontrarme con él semanas después, casualmente el día del cumpleaños de mi esposo; por última vez le estaba haciendo una concesión de su tiempo conmigo a mi hermano. Me dijo que verme feliz, era su mejor regalo, y con el corazón estrujado me llevó al aeropuerto. Horas más tarde, un hombre alto, erguido, y canoso, estaba sonriendo mientras me bajaba del taxi, y así, en cámara lenta, mi hermano me dio el abrazo más cálido que he sentido en mi vida, entonces, sentí que todo valió la pena. Mi hermano estaba vivo, y sonriendo para mí.

¿Se acabó su lucha en defensa de los derechos humanos y contra la tortura?

Se acabará cuando haya justicia y reparación por los delitos que se cometieron en contra de mi hermano.

El conmovedor testimonio de una mujer que luchó por la libertad de su hermano preso político: “Lo mejor que hice fue denunciar” - Infobae

martes, 2 de agosto de 2022

Con testigos que se presentaron a través de llamadas telefónicas, condenaron a tres personas acusándolas de planificar un atentado contra Maduro


La Dirección General de Contrainteligencia Militar se creó la historia de un atentado contra el presidente, por el que están presos un mesonero y una azafata del Palacio de Miraflores, así como un capitán que prestaba servicio en un batallón del Ejército en la frontera



Sebastiana Barráez/ martes 2 de agosto 2022

@SebastianaB




Tomado de Infobae 

Nicolás Maduro en un acto vistiendo uniforme militar

Con el residuo de un explosivo y 17 mil 800 dólares ($17.800), que iba a ser dividido entre 4 personas, la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim) se creó la historia de un atentado contra Nicolás Maduro, por el que están presos un mesonero y una azafata del Palacio de Miraflores, así como un capitán que prestaba servicio en un batallón del Ejército en la frontera. El Tribunal los juzgó por delitos de Terrorismo, Tráfico Ilícito de Explosivos y Asociación. Lo grave es que el “residuo de explosivo” que lo usan en las minas de oro, fue catalogado como “explosivo” y el fiscal argumentó que querían crear conmoción en Caracas asesinando a Nicolás Maduro.

Después que el capitán (Ej) Alfredo Saba Peña Díaz reconoció en el Tribunal al teniente Leando Castillo, como uno de los funcionarios de Dgcim que lo torturó, y así se lo hizo saber al Tribunal, no se presentaron otros funcionarios a declarar y de manera insólita la juez Grendy Alejandra Duque Carvajal (37 años) permitió que supuestos testigos declararan a través de llamadas telefónicas defectuosas, a quienes solo se oía una voz que no se sabía si era o no la persona que se identificaba como tal.

Así ocurrió cuando la juez pidió llamar al testigo que supuestamente era Gregorio Espinoza, agente de la Dgcim, a quien nadie le vio el rostro, solo se escuchó una voz, a través de una llamada telefónica y cuya corneta de sonido estaba defectuosa. Hay coincidencia entre quienes estuvieron en el Tribunal que el supuesto Espinoza no respondía con seguridad, pero lo único que sí dejó claro es que la detención fue ilegal porque no hubo testigos, porque los testigos fueron los mismos funcionarios de Dgcim.

Había otro testigo que también iba a presentarse por llamada telefónica, pero que supuestamente se encontraba fuera del país y que finalmente ni por nombre ni por llamada se supo quién era.

En todo el proceso hubo tortura física y psicológica, también violaciones al debido proceso, denegación de justicia. Si bien es cierto que el capitán Peña Díaz estaba adscrito a una unidad militar en Táchira, también lo es que en ninguno de los sitios en los que prestó servicio se perdió, extravió o robaron explosivo alguno. El material en discusión fue un residuo de explosivo y aun así el Tribunal mantuvo que era un explosivo. Y así lo condenaron a 16 años y nueve meses de prisión.

El capitán del Ejército Alfredo Saba Peña fue condenado a casi 17 años de prisión

De la mina a Miraflores
La Fiscalía acusa a los tres detenidos por Tráfico Ilícito de Explosivo cuando en realidad como dijo uno de los abogados, quedó constancia de “una sustancia de explosivo que era material residual”, es decir un desecho; la experticia declaró que era un “explosivo secundario”, lo que significa que no tiene capacidad para calificarse de explosivo.

El otro delito, el de Terrorismo, resulta más ridículo aún, porque no existe el grupo de personas, ni el objetivo al cual apuntaban, mucho menos la utilización de la violencia ni el lugar. La explicación es simple, el objetivo no era Nicolás Maduro, mucho menos el Palacio de Miraflores y a nadie se le ocurriría utilizar un explosivo usado para cometer tal acto.

Y en el caso de la Asociación para Delinquir al final solo dejaron detenidos al cocinero y a la azafata del Palacio de Miraflores, así como a la expareja de ella el capitán Díaz Peña, adscrito a una unidad militar en Táchira. Si Dani José Castillo García y Jennifer Carolina Osuna Márquez, como mesonero y azafata de Nicolás Maduro tuvieran intenciones de atentar contra el mandatario, ¿para qué irse a buscar un residuo de explosivo, cuando tenían acceso directo a él en el Palacio de Miraflores? 

La pregunta es ¿entonces para qué el cocinero, la azafata y el capitán usarían ese residuo de explosivo? Está muy claro desde el principio que el residuo de ese tipo de explosivo usado sí sirve en la minería. Dos personas que no aparecen en el expediente de los tres condenados, y que eran quienes iban a comprar ese explosivo residual, se dedican a la explotación del oro en las minas del estado Bolívar. Esa es la explicación de por qué esos dos individuos ofrecían comprar el producto y se lo comentan al mesonero, que a su vez se lo comenta a la azafata por tener relación con militares y ella le propone a su expareja vender el residuo del explosivo.

Dany José Castillo García, el mesonero del Palacio de Miraflores

Ahí empezó
Cuando por primera vez fueron llevados ante el Tribunal correspondió al juez José Macsimino Márquez García determinar que el mesonero Castillo García, el capitán Peña Díaz y la azafata Osuna Márquez iban a juicio por los delitos de terrorismo en grado de frustración, coautor en el tráfico ilícito de armas o explosivos y asociación. Los tres fueron enfáticos en oponerse a admitir los hechos. El procedimiento que empezó, el 19 de diciembre 2020, por el acta de la DGCIM, pasaba a segunda fase.

Ese 19 de diciembre es detenido Dani José Castillo García en la avenida Urdaneta de Caracas, cerca del Palacio de Miraflores, cuando iba caminando, según la DGCIM con un kilo y 20 gramos de explosivo C4 (dividido en 9 trozos), 11 detonadores no eléctricos, dos detonadores engargolados y una mecha de seguridad de un metro 62.

La azafata Jennifer Carolina Osuna Márquez trabajaba en el Palacio de Miraflores

El 21 de octubre 2021, día del juicio, en el tribunal de la juez Grendy Alejandra Duque Carvajal, empezó con irregularidades e interrupciones, anunciando el primer nubarrón para las familias, cuando no les permitieron pasar, aunque el juicio “era público”, lo peor es que así siguió sucediendo los siguientes meses hasta enero, hubo interrupción y se reinició en febrero 2022, pero en las mismas condiciones.

Posponían las audiencias para dentro de 15 días, las diferían o las boletas de traslado no llegaban, los testigos de la acusación no se presentaban y en varias ocasiones no llegó el traslado.  Y como si no fuera bastante, la Juez solicitó reposo médico de tres semanas, por una lesión en el pie, y a finales de marzo otra vez continuaron las citas; en abril unas fueron diferidas, en otras no llegó la boleta de traslado y en mayo y junio muchas no se realizaron.

Y así llegó el miércoles 20 de julio 2022; era la penúltima cita del juicio. Ese día se esperaba por la declaración de dos funcionarios de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim) que fungían como testigos y a quienes llamarían vía telefónica, porque no podían asistir al tribunal.

En la sala se encontraba el aguacil, el secretario Keiner Nieto, el Fiscal Jorge Rojas, también Sonia Gómez quien es defensora pública del capitán Alfredo Peña; Milka Becerra defensor del mesonero Dani José Castillo García y Roger Rosas Espinoza abogado privado de la azafata Jennifer Carolina Osuna Márquez.

Los funcionarios de la DGCIM torturan y no quieren suscribir actas ni dar la cara en los tribunales

El capitán Peña
La madre del capitán Alfredo Saba Peña le dice a Infobae que el día del juicio “fue muy extraño, nos bajaron a una sala del piso 4 para decirnos que podíamos pasar, que el juicio era público y había muchos funcionarios policiales”.

“El fiscal Rojas hizo un show de mentiras, soberbia, descaro, verdaderamente cada palabra de ese Fiscal causaba sorpresa. Imagínese que finalizó diciendo que mi hijo quería poner el explosivo cerca del Palacio de Miraflores para crear conmoción y matar al Presidente. Ese Fiscal debe creer que uno es tonto, porque a mi hijo lo detuvieron en el Táchira (a mil kilómetros de Miraflores); ¿será que mi hijo tenía un misil para lanzarlo del Táchira a Miraflores?”.

Destaca que al capitán lo detienen sin orden de aprehensión, “solo una capucha negra en la cabeza, sin ninguna consideración por parte del General de su Batallón José Gregorio Martínez Campos, quien debió dar la cara por uno de sus oficiales. ¿Cómo es posible que abandone a sus oficiales así?”.

General José Gregorio Martínez Campos

“En la audiencia preliminar se dice que el material no era explosivo sino un componente viejo y oxidado que no servía. Trajeron a una persona al juicio y dijo que era 100% operativo y lo peor es que dice que el Sebin había desaparecido ese material porque no tenían donde guardarlo”.

No se imagina cómo me siento. En mi país, la República Bolivariana de Venezuela, se condena a 16 años y 9 meses a mi hijo, como si fuera peor que un asesino”.

“Mi hijo presenta problemas de salud por todas las clases de tortura que recibió del teniente Leandro Castillo. No me han dado repuesta para trasladar a mi hijo a hacerse los exámenes de laboratorio y el chequeo con el cardiólogo”.

El capitán Peña Díaz identificó a Leandro Castillo como uno de sus torturadores: ese día tuvo tanta indignación que en la noche sufrió lo que sería un pre-infarto. “La Juez debió abrir una averiguación de ese funcionario y no lo hizo. Dios mío que está pasando en mi país”.

Un hecho insólito es que hay pruebas, como la constancia de las novedades de ese día, de que el capitán Peña se encontraba en su trabajo en el batallón en San Cristóbal, Táchira, cuando fue detenido. “El funcionario de la DGCIM que se lo llevó, no es el mismo que aparece en el acta policial”, finaliza diciendo la señora Díaz.

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