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lunes, 27 de mayo de 2019

Nicolás Maduro quiere crear el Ministerio de Inteligencia Policial en Venezuela

 

Sebastiana BarráezLunes 27 de Mayo de 2019

@SebastianaSin

 

Tomado de Infobae

 

Ante la escasez de funcionarios de confianza a su alrededor y la necesidad de controlar las instituciones policiales, de seguridad e inteligencia, Nicolás Maduro parece querer desempolvar un viejo proyecto que se propuso desde poco después que tomó el poder. Es la creación de un Ministerio de Inteligencia policial, al frente del cual siempre tuvo como candidato al ahora mayor general (Ej) Iván Hernández Dala, que es jefe de la Dgcim y Jefe de la Guardia de Honor Presidencial.

Nicolás Maduro durante una de las muestras de fuerza que intentó dar tras el alzamiento del 30 de abril (Foto Infobae)
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Desde la época de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, los cuerpos de inteligencia venezolana han sido duramente cuestionados por la violación a los derechos humanos. En esa época por la sanguinaria Dirección de Seguridad Nacional y ya en democracia, en época de Rómulo Betancourt, con la tenebrosa Dirección General de Policía (DIGEPOL) que dio paso a la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención (Disip) con la que entró Hugo Chávez al poder y luego cambió a Servicio Bolivariano de Inteligencia, que se mantiene con Nicolás Maduro, pero a la que debe sumarse la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM). Ambos organismos, policial y militar, están escribiendo la peor etapa de tortura y violación a los derechos humanos en el país.

Por una parte el Servicio Bolivariano de Inteligencia dirigido nuevamente por el mayor general Gustavo González López, quien es hombre incondicional de Diosdado Cabello, empezó por ser el organismo más denunciado por la aplicación de praxis bastante reñidas con la justicia y con el respeto al debido proceso.

Maduro junto con Gustavo González López (Foto Infobae)

Se impuso en el SEBIN una terrible praxis que no respetaba ni las órdenes de los tribunales, ni las boletas de excarcelación, ni permitía las acciones del Ministerio Público ni el derecho de los abogados a las consultas regulares con sus defendidos.

Pero también en el SEBIN se aplicó la tortura física y psicológica. Ahí empezaron a aparecer los detenidos con ojos morados, heridas en los brazos, espaldas y piernas, moretones en cuerpo y rostro, etc. Los presos empezaron a pagar para tener acceso a cualquier cosa, por muy elemental que sea.

Atrás quedó lo que tanto pregonó Hugo Chávez con todo y su Constitución Bolivariana, en cuyo preámbulo incluyó “la garantía universal e indivisible de los derechos humanos” y en sus Derechos Fundamentales “la preeminencia de los derechos humanos”, Incluso tiene un Título, el número III, especialmente dedicado a ello, en cuyo artículo 19 se lee: “El Estado garantizará a toda persona, conforme al principio de progresividad y sin discriminación alguna, el goce y ejercicio irrenunciable, indivisible e interdependiente de los derechos humanos. Su respeto y garantía son obligatorios para los órganos del Poder Público de conformidad con la Constitución, los tratados sobre derechos humanos suscritos y ratificados por la República y las leyes que los desarrollen”.

En el camino se quedó la Constitución con todo y el respeto a los derechos humanos. La Revolución Bolivariana ha degenerado en aquello que tanto criticó de la Seguridad Nacional y la Digepol, para dar paso a dos entes donde se cometen las más aberrantes violaciones a los Derechos Humanos, empezando por someter a civiles a ser juzgados en tribunales militares, sin que el Ministerio Público actúe ante ello.

El Helicoide, sede del Sebin, Servicio Bolivariano de Inteligencia,en Caracas (Foto Infobae)

Así tenemos en el SEBIN las oscuras celdas del Helicoide, donde desde hace 14 años están los hermanos Guevara, condenados por el asesinato del fiscal Danilo Ánderson, en el marco de un oscuro proceso judicial que tuvo como fiscal estrella a Isaías Rodríguez, el mismo que hace unos días renunció a la embajada de Venezuela en Italia. A los Guevara no les han considerado las medidas que por derecho les corresponden.

La otra instalación carcelaria del SEBIN está en el edificio principal en Plaza Venezuela, donde está La Tumba, una instalación diseñada para la tortura blanca, la peor para efectos psicológicos. En el Sebin están detenidos civiles y militares. Entre los más emblemáticos militares están: el general en Jefe (Ej) Raúl Isaías Baduel y el capitán (GNB) Juan Carlos Caguaripano.

El Sebin tiene años controlado por Diosdado Cabello a través del general González López, quien asumió el cargo desde marzo del 2014. Maduro logró arrebatarle ese control por poco tiempo, cuando a finales de octubre nombra al general Manuel Cristopher Figuera, en el marco de las fuertes denuncias por la muerte del concejal Fernando Albán, de quien aún quedan dudas de si se lanzó o fue lanzado del piso 10 del edificio de Plaza Venezuela.

Luego de descubrir que el general Cristopher fuese uno de los cabecillas en la manifestación militar del 30 de abril en apoyo a Juan Guiadó y la liberación de Leopoldo López, Maduro se apresuró a devolver el Sebin a González López, quien regresó con todo el grupo de comisarios que habían sido destituidos por Cristopher Figuera.

Foto de (Felipe Romero)

El cuarto de los locos

Así llaman los detenidos en la sede principal de la DGCIM, a una celda angosta y lúgubre, donde son llevados los militares castigados. “Se le llama el cuarto de los locos, porque quienes son llevados, salen de ahí como si estuvieran locos”, revela un militar que sufrió esa tortura. En ese centro militar se empezó a aplicar una modalidad cruel y violenta desde la llegada del coronel (Ej) Rafael Antonio Franco Quintero, quien encontró apoyo en el mayor (GNB) Alexander Gramcko Arteaga, director de Asuntos Especiales de la DGCIM.

Franco hizo de los tenebrosos sótanos de la Dgcim una especie de campo de concentración, imponiendo normas atroces para anular la voluntad de los detenidos, someterlos, controlarlos y destruirles autoestima.

Franco fue sustituido por el coronel Hannover Esteban Guerrero Mijares, quien inicialmente eliminó algunas de las praxis aberrantes impuestas por Franco y abrió tímidamente el compás de respeto a los derechos humanos  de los detenidos, pero eso duró poco tiempo.

Hace meses que Guerrero Mijares no les permite a los detenidos tener llamadas telefónicas, de manera que aquellos con familiares en el interior del país tienen meses sin comunicarse, porque es difícil trasladarse, por la falta de transporte y porque ni siquiera tienen la seguridad de que se les permita las visitas.

(Felipe Romero)

A una anciana de más de 80 años, madre del capitán de navío Luis Humberto De La Sotta Quiroga, no le han permitido ver a su hijo desde hace semanas, porque el coronel Guerrero Mijares tienen el insólito argumento de que hasta que Juan Guaidó no se rinda, su hijo seguirá castigado. Al militar se le olvida el respeto a la dama y a los años. Deja a la anciana durante horas esperando, para finalmente negarle la visita. Tiene varias semanas que no lo ve ningún familiar ni los abogados.

Otro ejemplo es el del mayor Abraham Américo Suarez Ramos, quien hace semanas intentó suicidarse y fue llevado al Hospital Militar de Caracas, de donde lo sacaron, contra la orden médica, y recluido otra vez en los sótanos de la Dgcim, en medio de un cuadro severo de depresión. La familia no fue notificada formalmente, no se lo permitieron ver hasta que regresó a la Dgcim. Hace unos días nuevamente intentó suicidarse, pero esta vez no fue llevado al Hospital. “Aquí lo curamos, se le hicieron las curas en las heridas, pero está más o menos”, fue lo que un custodio le dijo al familiar de otro detenido que preguntó por el mayor.

En los centros de tortura, tanto el SEBIN como la Dgcim, hay hacinamiento. Maduro se propone crear un Ministerio que se encargue del control policial y de inteligencia, quizá deba llamarlo el Ministerio de la tortura.

https://www.infobae.com/america/venezuela/2019/05/27/nicolas-maduro-quiere-crear-el-ministerio-de-inteligencia-policial-en-venezuela/

 

miércoles, 8 de mayo de 2019

Un general que se levantó el 30 de abril está preso en la misma celda donde enviaba a oficiales torturados por no apoyar a Maduro

 


Sebastiana BarráezMiércoles 8 de Mayo de 2019

@SebastianaSin

 

Tomado de Infobae


El General de Brigada (GNB) Ramón Agustín Balza Liota, quien fue detenido por el inicio de la fase final de la Operación Libertad el 30A, ahora está detenido en los sótanos de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM), el mismo lugar donde él fue uno de los autores, junto con el coronel Rafael Franco Quintero, de ordenar expedientes e informes falsos contra militares opuestos al Gobierno.

Soldados en las afueras de la base aérea de La Carlota en Caracas, Venezuela, el martes 30 de abril de 2019 (AP Photo/Ariana Cubillos)

El general Balza se habría involucrado en la acción militar del 30A, por su relación con el general Manuel Cristopher Figuera, quien fue subjefe de la DGCIM antes de dirigir el Servicio Bolivariano de Inteligencia (SEBIN).

Un caso emblemático de las acciones del general Balza fue el ocurrido con el general de División (GNB) Alejandro Pérez Gámez, quien era el Director de los Servicios para el Mantenimiento del Orden Interno -Jefe de Operaciones- de la Guardia Nacional Bolivariana y, por ende, miembro del Alto Mando Ampliado de ese componente, cuando ocurrieron los hechos de los drones, el 4 de agosto 2018, como un atentado contra el entonces presidente de la República Nicolás Maduro.

Al día siguiente, el 5 de agosto 2018, un grupo de funcionarios de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DIGCIM), lo detuvieron y fue imputado por los delitos de homicidio intencional calificado en grado de frustración en la persona del Presidente de la República, homicidio intencional calificado ejecutado con alevosía y por motivos fútiles en grado de frustración perpetrado contra varios miembros de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, traición a la patria, lanzamiento de artefacto explosivo en reuniones públicas, financiamiento al terrorismo y asociación.

Un soldado en la base aérea “La Carlota” (REUTERS/Manaure Quintero

Ese alto oficial no solo fue detenido, sino que además fue torturado y recientemente vuelto a torturar luego que un coronel a quien detienen dijo que el general estaba involucrado en acciones terroristas contra el Gobierno.

La única prueba contra el general Gámez es un acta policial del 5 de agosto de 2018, suscrita por la teniente Gabriela Alas, funcionaria de la Dirección Especial de Investigaciones Penales y Criminalísticas de la Dirección General de Contrainteligencia Militar.

Ella cumplió órdenes del Coronel Rafael Franco Quintero y del general Balza Liota, quien entonces era el Director Especial de Investigaciones Penales y Criminalísticas, y dice que a través de un trabajo operativo de Contrainteligencia, supieron, no explica cómo ni quiénes, que en el intento del Magnicidio, con la activación de aeronaves no tripuladas (Drones) cargados con explosivos tipo C-4, “se logró conocer la presunta vinculación” del GD Pérez Gámez.

La teniente Alas se basa en rumores, no introduce ningún elemento de convicción, muchos alguna prueba, pero señala al alto oficial partícipe del acto criminal y lo involucra “con miembros de la organización que materializara el acto terrorista, suministrando este información estratégica de modo, tiempo y lugar sobre la realización del Octogésimo Primer (81) Aniversario del componente Guardia Nacional Bolivariana, donde asistiría el Comandante en Jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana y Presidente Constitucional de la Republica Bolivariana de Venezuela, así como integrantes del alto mando militar y representantes de los Poderes Públicos, con la finalidad de materializar el atentado terrorista acaecido durante la celebración el componente militar”.

Militares con una cinta azul en el brazo cerca de la Base Aérea “La Carlota”, 
en Caracas, Venezuela, el 30 de abril de 2019 (REUTERS/Manaure Quintero)

Ella resalta que los autores materiales e intelectuales contaban con información clasificada relacionada con la programación y ejecución del evento, que según ella la aportó el oficial. Y sólo basado en eso, sin seriedad, sin registro fiel de la recopilación de datos e información,  ni de hora, testigos, fechas, nada, ella le pide a la representación fiscal que solicite la privativa de libertad contra el general Gámez.

La defensa del general le solicitó al Tribunal que se oficiara a la Dirección de Contrainteligencia Militar (DGDIM), para que compareciera el Coronel Rafael Franco Quintero, Director Especial de Investigaciones Penales y Criminalísticas, y la TTE Gabriela Alas, para que aclarar el contenido de la escueta acta, para que expliquen quien aportó la información de que el general estuviera relacionado con miembros de la organización que ejecutó el acto de los drones.

Es así como  los funcionarios de la DGCIM presentaron el “resultado” de una investigación basada en supuestas informaciones de contrainteligencia, que contemplaron los nombres de los autores materiales, sitio de entrenamiento en Colombia, personas que mantuvieron conversaciones desde Colombia y Estados Unidos enlaces en Venezuela, pero en realidad no serían más que lo que encontraron en los teléfonos celulares y la tablet incautados a los autores materiales.

Hoy el general Balza Liota está ocupando las celdas de la Dgcim, en los sótanos de su sede en Boleita en Caracas, la misma instalación desde la cual ordenó expedientes contra algunos oficiales, porque además del caso del general Pérez Gámez hicieron algo similar con el caso del general (GNB) Héctor Hernández Da Costa, quien es uno de los mejores oficiales que ha tenido la institución militar.

https://www.infobae.com/america/venezuela/2019/05/08/un-general-que-se-levanto-el-30-de-abril-esta-preso-en-la-misma-celda-donde-enviaba-a-oficiales-torturados-por-no-apoyar-a-nicolas-maduro/

domingo, 21 de abril de 2019

Testimonio del horror: habla un torturado en una cárcel militar chavista

Artículo exclusivo para INFOBAE

Sebastiana Barráez

@SebastianaSin

Infobae conversó con un oficial del ejército que estuvo preso 45 días en la Dirección General de Contrainteligencia Militar de Caracas

En los sótanos de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) en Caracas, han estado y están detenidos los oficiales, considerados de mayor riesgo  político y militar por el Gobierno de Nicolás Maduro, a excepto del General en Jefe (Ej) Raúl Isaías Baduel y el capitán (GNB) Juan Carlos Caguaripano. Infobae conversó con un oficial que permaneció en esas celdas hasta hace unos meses, cuando el Coronel Rafael Antonio Franco Quintero era el Director de Investigaciones de la DGCIM.


Sólo estuvo 45 días en el año 2017, pero durante ese tiempo detenido, este alto oficial, que ascendió de primero hasta los más altos grados en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), vio y vivió hechos aterradores. Hemos resguardado su nombre para protegerlo a él y a su familia.







"Los muchachos que conozco de la Marina y están allí presos son oficiales ejemplares, de primera, todos de la Infantería de Marina, de Operaciones Especiales", afirma.





El costo para las familias es muy alto. "Solamente tres horas de visita a la semana en el DGIM. Para que tenga una idea, por ejemplo en la cárcel de Ramo Verde el régimen es abierto, tienen hasta cantina, cocinas, la visita se puede recibir en la propia celda, tienen televisores y creo que unos dos o tres días de visita desde la mañana hasta la tarde".












-En la Dgcim se tortura incluso a las familias,  porque tienen que recorrer largas distancias, pagar hoteles, transporte para tres horas de visitas que en oportunidades las cancelan sin previo aviso.  Allí vi gente venir de Margarita con sus hijos pequeños, o de la región andina, personas muy humildes y no poder visitar a su familiar sin que se les haya avisado con tiempo. Es todo muy cruel, mucho más de lo que la propia imaginación puede recrear.


-¿Usted estuvo en tiempos del Coronel Franco Quintero?



-Si, ese Coronel, en mi opinión, es un psicópata. Nunca imaginé que una persona así pudiese, no solo ser parte de la FANB, sino considerarse humano. Su paso por la Dgcim fue terrible.







-¿Por qué él en particular?







-Porque él fue quien cambió toda la rutina y condiciones de encarcelamiento a condiciones infrahumanas..







-Descríbame ese lugar, cuando estuvo ahí.







-Las celdas son herméticas, las puertas son de lámina de hierro, no de barrotes. Con una ventana pequeña que también permanece cerrada 24 horas; el encierro es absoluto, no se puede ver hacia afuera de la celda. No tienen baño y las necesidades, salvo cuando se lo permiten, se hacen en bolsa plástica las sólidas y en potes de plástico las líquidas. Prohibió los libros, inclusive las biblias, prohibió suplementos alimenticios, nada que no fuese agua, quitó el teléfono del pasillo y creó la norma de los tres minutos una vez al día.







 Las celdas son herméticas, las puertas son de lámina de hierro, con una ventana pequeña que permanece cerrada las 24 horas. El encierro es absoluto. No hay baño. Las necesidades hay que hacerlas en una bolsa o potes plásticos





-¿Recuerda algún caso cruel?







-En una de las celdas habían cuatro jóvenes reos llaneros que tenían meses allí sin que sus familias supiesen si estaban vivos. Sus condiciones eran peores, ni siquiera se les permitía bañarse sino cada una o dos semanas, con la misma braga y ropa interior por no tener ningún familiar que se las llevase; usaban cuando se les permitía, la pasta y cepillos de dientes que les dábamos. Igual sucedía con el papel higiénico. No tenían ningún tipo de utensilio de higiene y su aspecto y conducta, dadas las severas condiciones, era como en las películas de guerra, que no levantan la cabeza y caminan arrastrando los pies; un grado de sumisión extremo provocado por este tipo de tortura blanca brutal, yo nunca había vivido o visto algo así.







-Los familiares los describen como si estuvieran en campos de concentración. Eso mejoró un poquito cuando llegó el coronel Hannover Esteban Guerrero Mijares, pero parece que ahora es implacable.







-Un sargento, cuando nos traía la comida, que era extremadamente reducida. Por ejemplo en la mañana una arepa pequeña y dos cucharadas de arvejas, a esos jóvenes llaneros, en vez de darles las cuatro, le daban dos.  A diferencia de otras cárceles donde se permiten los alimentos, allí está prohibido. El confinamiento es absoluto, sin libros, sin teléfonos y lo único para ingerir que se puede recibir es agua.







-Con la llegada del coronel Guerrero Mijares, les empezaron a permitir que los familiares les llevaran alimentos, lo cual hizo que recuperaran algo de peso, pero volvieron a impedirlo. ¿Será que les gusta aplicar la tortura?







-No lo sé, pero le comento algo. Después que salí en libertad, a los 45 días gracias a Dios, el Ministro Padrino López me mandó a llamar a su despacho y personalmente me  pidió disculpas y aceptó que yo tuviese diferencias de criterio de manera muy amable. Sin embargo, me preguntó si había visto su entrevista con José Vicente del domingo anterior, lo que significa que él creía que yo tenía TV en la cárcel. Lo que no sabía es que cuando me llamaron tenía tres días sin bañarme y en absoluto aislamiento, lo cual no pude decirle en esa reunión porque mi órgano de investigación designado era mi propio órgano de reclusión, es decir, mientras tuviese cautelares estaba en sus manos.






-¿Cuando les permitían llamar, tenían privacidad?







-No, que va. Hacíamos una fila para llamar por teléfono y eran solo tres minutos desde que comienzas a marcar, caiga o no caiga la llamada. Cuando hacíamos la fila, no podíamos hablar entre nosotros.  En ese famoso pasillo hay una celda de castigo de un poco más de un metro cuadrado cubierta, piso y paredes, de colchoneta podrida, donde el reo solo puede sentarse en el piso. La hediondez es tan grande que cuando usted pasa frente a esa celda el mal olor llega a la parte exterior; allí colocaban a los castigados, en ocasiones hasta dos. La celda no posee iluminación, es oscura 24 horas al día, y normalmente los colocan con capucha y esposados con las manos atrás; comían del plato como perros. Algunos tenían la flexibilidad de pasar los brazos por debajo de las piernas hacia adelante y así podían burlar un poco esta barbarie. Yo, ante el temor de ser castigado, trataba de practicar en la celda el paso de los brazos hacia adelante y nunca lo logré.  Rogaba a Dios no caer allí, moriría, creo que no lo resistiría, se lo confieso.







-¿Qué pasa ahí en las noches?







-A las nueve de la noche apagan las luces de manera centralizada y la oscuridad, por ser un sótano, es absoluta. Usted abre y cierra los ojos y no hay diferencia. Así había que cuadrar muy bien la posición de la bolsa para necesidades, el pote para orinar, el papel, agua para beber, etcétera, en posiciones aprendidas, porque la luz la volvían a colocar a la hora del desayuno.  La cama era de concreto con una colchoneta encima. No hay sillas ni repisas ni nada adicional en la celda. Algunos compañeros, quienes de alguna manera tenían receta médica para ello, se mantenían allí a base de pastillas para dormir.  Paradójicamente le puedo decir que le doy gracias a Dios por esa experiencia.







 A las nueve de la noche apagan las luces de manera centralizada y la oscuridad, por ser un sótano, es absoluta. Usted abre y cierra los ojos y no hay diferencia





-Usted es un alto oficial, que hizo carrera durante décadas en la institución armada. ¿Qué fue lo que más le impactó de lo que vio en la Dgcim?







-Allí vi a jóvenes recién capturados de las protestas, normalmente los más importantes; los tenían semanas en el pasillo, manteniendo en su cabeza la capucha negra y esposados 24 horas al día, excepto para comer o higiene. Y le digo que sentía una gran admiración por esos jóvenes que no cedían a todo este cruel trato y presión. Por alguna extraña razón el Coronel (Franco Quintero) solo a mí me permitió a la mitad de mi estadía (tal vez una concesión ordenada por algún superior que me conocía) llevar tres libros y mi esposa me llevó mis libros preferidos: La Biblia, el  Conde de Montecristo y Don Quijote.







-¿Puede describirme el área?







-El área es totalmente cerrada en el sótano con dos puertas para entrar al pasillo. Allí, un viejo aire acondicionado recoge el aire del baño y lo lleva a las celdas por ductos, en un eterno circuito cerrado sin tomas de aire del exterior.  Puede imaginarse el efecto del aire viciado, combinado con los malos olores y tener que respirar así en una celda cerrada, incomunicado y sin poder hablar con nadie día a día. En algunas oportunidades nos daban permiso para salir al pasillo y podíamos hablar y de repente volvíamos a la condición anterior. Estaba previsto, una vez a la semana, subirnos media hora a tomar sol, lo cual durante mis 45 días sólo se hizo una vez.  Las visitas son solo de dos personas que tienen que sentarse separadamente de las otras familias y no se puede hablar ni saludar entre familias.





-¿Alguna razón para ello?







-No la dicen. Al terminar la visita éramos desnudados uno a uno en el baño, teniendo que flexionar las piernas en posición de cuclillas para verificar que no tenemos algo en el ano. Faltando unos 15 días para mi libertad que sólo supe el día que salí cuando me mandaron a bañar, colocaron un teniente en mi celda y para que usted tenga una idea, en oportunidades yo lo tenía que tranquilizar y decirle que respirara poco a poco por el efecto del aire viciado. El aislamiento para ellos es una forma adicional de tortura.







 Al terminar la visita, éramos desnudados uno a uno en el baño, teniendo que flexionar las piernas en posición de cuclillas para verificar que no tenemos algo en el ano





-¿Por qué?







-Imagínese cómo será eso,que yo le decía a mi esposa que prefiero estar hacinado a sólo, porque es terrible ver cómo pasan los días y usted sólo puede pensar o rezar.







-¿Cómo fue su detención?







-Me detuvieron diciéndome en mi casa que era una entrevista. Y el trato no solo fue inhumano, sino que me metieron en una pequeña oficina de dos por dos con una silla rota, sin ventilación, cuatro lámparas potentes y pintada de marrón paredes y techo.  Ya allí comienza la tortura. Allí pasé desde las cinco de la tarde hasta la una de la mañana, sin comer, sin tomar agua y sin explicaciones. A la una de la madrugada, cuando llegó la orden de aprehensión, me pasaron a la celda, por supuesto sin agua y sin haber comido.  Y aún así, puedo confesar que me considero afortunado.







-¿Afortunado?







-Si. Allí tenía dos meses un General, un palo de hombre, solo por ser amigo del General Baduel y siendo 10 años mayor que yo, bajo y de contextura delgada, había rebajado 20 kilos y no se le permitía de manera humanitaria que su familia le llevase algún suplemento. Esas personas me dieron la fuerza para resistir y en la soledad de la celda, rezar. No me imagino a alguien que no crea en Dios, sobrevivir en un sitio así. Para que algunos compañeros se distrajeran les escribía en papel fragmentos de la Biblia de los que levantan la moral y se los pasaba, cuando podía, por debajo de la puerta.







-Sé que no hay la mínima consideración para la atención médica. Quedó demostrado con el caso de Nelson Martínez, ministro y presidente de Pdvsa.







-No se pueden tener pastillas ni medicina en la celda. Si le duele la cabeza o ante cualquier otro problema, solo tendrá la medicina si se lo permite el custodio de guardia y se toman de sus pertenencias que son guardadas en otro lugar.  Al cerrar las celdas en la noche no entra nadie hasta el otro día, no hay manera de ser atendido en caso de cualquier emergencia, incendio u otra cosa.







-¿Cómo eran los custodios?







-La mayoría son formados en Cuba, de acuerdo a sus propios comentarios.  Cuando abren la puerta para dar de comer, no la abren totalmente, sólo lo suficiente para pasarle el tuper de plástico con la comida, mientras un funcionario lo graba con una cámara como para dejar constancia que comió. Ahí se come con cubiertos plásticos que limpiamos con servilleta al terminar y los colocamos de nuevo en una bolsita con nuestro nombre. Cuando se les olvidaba los cubiertos, en vez de regresar los 20 metros donde se depositan, simplemente nos ponían a comer con las manos.  Cuando cierran la puerta que posee dos grandes bisagras lo hacen con fuerza, yo no entendía por qué y después entendí que, hasta esa insignificancia, formaba parte de toda esta tortura blanca.






-¿Usted lo sentía así?







-Si, es brutal el efecto psicológico de ver cerrar de nuevo la puerta hasta la próxima comida, o hasta el día siguiente con un fuerte golpe. No saber si es de día o de noche, no saber qué hora es, ya que no permiten relojes; escuchar sólo el ruido del aire que a veces  se apagaba y el sofocamiento aumentaba. No soy vengativo pero de verdad le digo que estas personas han hecho mucho mal.







 Es brutal el efecto psicológico de ver cerrar de nuevo la puerta hasta la próxima comida, o hasta el día siguiente, con un fuerte golpe. No saber si es de día o de noche, no saber qué hora es









Exckusivo para Infobae. Aquí:

https://www.infobae.com/america/venezuela/2019/04/21/testimonio-del-horror-habla-un-torturado-en-una-carcel-militar-chavista-2/

 

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