Un coronel retirado comparó el escenario posterior al 3 de enero de 2026 con el de Japón tras 1945 y sostuvo que el pías entro en una fase de reconstrucción institucional bajo revisión externa
Sebastiana Barráez/ viernes 3 de abril 2026
@SebastianaB
Tomado de Infobae
El coronel retirado del Ejército venezolano Antonio María Guevara Fernández sostiene que la Operación Resolución Absoluta, ejecutada hace tres meses, el 3 de enero de 2026, “más que un relevo de mando simboliza el reconocimiento de que el Estado-nación venezolano había perdido su capacidad de autocorrección y abre una etapa de “transición tutelada”, comparable a la de Japón tras 1945.
Guevara lo expuso en una reciente conferencia en la École Centrale Lyon, en el campus universitario de Écully (Francia). En su presentación, calificó la intervención como una operación “de precisión” ejecutada por fuerzas estadounidenses y precedida por un cerco aeronaval, que culminó con la extracción de Nicolás Maduro y su esposa para enfrentar cargos de narcoterrorismo, marcando el inicio de lo que llamó la “octava nacionalidad”.
Según su análisis, Venezuela entraría en un proceso de reconstrucción institucional bajo supervisión de una potencia externa, con una “dualidad operativa”: mientras la vicepresidenta, Delcy Eloína Rodríguez Gómez, asumiría funciones ejecutivas para sostener la operatividad mínima del Estado, la dirección estratégica recaería en un protectorado estadounidense, personificado en el presidente Donald Trump.
El militar en retiro señaló que, aunque “algunos sectores de la sociedad están suspirando por la conversión en el estado de la unión número 51”, desde una perspectiva estratégica esta “octava nacionalidad” sería “la admisión de un fracaso sistémico”. Asegura que no se trata simplemente de una pérdida de soberanía, “sino de la intervención quirúrgica sobre un ‘Estado fallido’ para restaurar el imperio de la ley”, dijo.
A su juicio, el protectorado estadounidense, “ante la incapacidad del sector opositor de convertirse en opción”, se presentaría como garantía de que el territorio no volvería a convertirse en un vacío institucional explotado por grupos criminales, y como vía para encauzar un proceso electoral considerado legítimo, orientado al cambio político y a la consolidación de la democracia y el Estado de derecho.
Estado forajido
El coronel Guevara Fernández dice que “el siglo XIX comenzó con un colapso institucional en la metrópoli que forzó un cambio de identidad impuesto. La Abdicación de Bayona, en 1808, marcó un punto de quiebre: al ceder los derechos de la corona a Napoleón Bonaparte, la provincia de Venezuela habría quedado, de hecho y de derecho, bajo una “quinta nacionalidad”, definida como francesa”.
Recuerda cómo las élites locales, utilizaron la defensa de los derechos de Fernando VII para iniciar el proceso insurgente el 19 de abril de 1810, que desembocó en la Declaración de Independencia el 5 de julio de 1811.
La batalla de Carabobo es el fin de una década de guerra, que culminó en 1821 y así el país, sostiene Guevara, transitó por una “sexta nacionalidad”, la grancolombiana, 1819. Da paso a una “séptima nacionalidad”, la Venezuela independiente, 1830. “Pese a la victoria militar, el reconocimiento diplomático de España no llegó sino hasta 1845, evidenciando la fragilidad de la nueva soberanía”.
Durante buena parte del siglo XIX, Venezuela se mantuvo como una sociedad rural “dominada por el caudillismo y gobiernos militares”. La ausencia de instituciones sólidas alimentó un ciclo de guerras civiles e inestabilidad que solo empezaría a romperse con la aparición de un nuevo motor económico en 1914, cuando el modelo agrario comenzó a transformarse en un “Estado petrolero”.
Considera el coronel Guevara Fernández que el hallazgo de hidrocarburos en 1914, “alteró el ADN sociológico” del país. Y así, la renta petrolera permitió construir un Estado moderno, pero también habría facilitado una autocracia rentista.
“Tras el periodo de estabilidad democrática de 1958 a 1998, la llegada de la Revolución Bolivariana, bajo el mando del teniente coronel Hugo Chávez y posteriormente a la muerte de este, de Nicolás Maduro radicalizó el uso del recurso, convirtiendo el petróleo en un arma geopolítica de desestabilización hemisférica para exportar globalmente el socialismo del siglo XXI”.
Afirma el oficial retirado que además es Especialista en Operaciones e Inteligencia (OPSIC) que, con la revolución bolivariana en el poder, “Venezuela sufrió una degradación institucional hasta convertirse en un ‘Estado forajido’ o conglomerado criminal, donde las funciones estatales fueron suplantadas por nexos con el narcotráfico, la corrupción, el terrorismo internacional y graves violaciones a los derechos humanos”.
El santuario
Sostiene Antonio Guevara que el régimen bolivariano se alejó de los valores geopolíticos occidentales, la democracia liberal y el Estado de derecho, a través de alianzas con un eje autocrático (Cuba, Nicaragua, Irán, China, Rusia y Corea del Norte), además de vínculos con el ELN y las FARC en la frontera con Colombia.
“Los expedientes por crímenes de lesa humanidad y represión a la oposición democrática considerada como el enemigo interno, el narcotráfico, la corrupción y el lavado de activos convirtieron a Venezuela en un foco de inestabilidad regional que provoca una diáspora de 8 millones de venezolanos alrededor del mundo y generando graves problemas de migración a los países vecinos”.
No deja de estar en el análisis el impacto del desconocimiento del mandato popular, el 28 de julio 2024, “que dieron como ganador en las elecciones presidenciales al señor Edmundo González Urrutia” lo que precipitaron al país a un aislamiento total.
Aunado a eso “el uso del territorio, como santuario para actores del terrorismo internacional”, el país pasó a ser visto como “amenaza directa para la seguridad nacional de Estados Unidos”, lo que habría justificado las operaciones de exclusión y cerco iniciadas en agosto 2025 y culminadas con la incursión militar y la extracción de Nicolás Maduro y Cilia Flores para enfrentar cargos por narcoterrorismo en una cárcel federal en Nueva York.
Riqueza y destino político
A lo largo de 528 años, sostiene el coronel, la trayectoria de Venezuela mostraría que su soberanía ha estado condicionada por quién busca controlar sus recursos naturales. Especias, oro y petróleo, los tres grandes motores económicos, habrían dictado los términos de la relación del país con el mundo.
Por ello afirma que “la recurrencia de la intervención externa, desde la cesión a los Welser en el siglo XVI hasta el protectorado norteamericano que se inicia el 3 de enero de 2026, subraya una vulnerabilidad histórica vinculada a la renta de la tierra”. Los Welser fue una familia de banqueros alemanes, que encabezó Bartolomé Welser “El Viejo”, y que entre 1525 y 1546 patrocinaron grandes expediciones en Venezuela.
El oficial en retiro insiste en una vulnerabilidad histórica asociada a la renta de la tierra. “El desafío sociológico para la Venezuela post-2026 es romper esta inercia de cinco siglos. Construir una identidad que no dependa del tutelaje extranjero ni de la explotación primaria requiere una reforma estructural del pacto social”, asevera.
Solo con una evaluación y un reconocimiento de las “ocho nacionalidades”, argumenta Guevara, y con cambios orientados a superar el modelo rentista, Venezuela podría aspirar a una soberanía sustentada en instituciones sólidas y no exclusivamente en la riqueza del subsuelo. “Mientras eso no ocurra, todas las órdenes proceden desde Washington”.